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Autor: Álvaro Buendía Pinar (Estudiante de 5º Curso de Doble Grado en Economía y Derecho, FCEE, UCLM)

Mario Draghi abandona la presidencia del BCE después de ocho años al frente de una de las instituciones más importantes de la Eurozona.

Lo más reseñable de su mandato fue el discurso que ofreció en Londres el 26 de julio de 2012, una época en que las primas de riesgo de países como Grecia, Italia, Portugal y España estaban en máximos históricos (la prima de riesgo española estaba en torno a los 500 puntos básicos). En dicho discurso, Mario Draghi o “Súper Mario” como algunos le apodan, anunció que “el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente”. Tras estas palabras, las bolsas de los países de la Zona Euro subieron con fuerza y las primas de riesgo se relajaron.

A partir de ese momento, el BCE inició una política monetaria expansiva recomprando deuda de los Estados miembro de la Zona Euro, conocido como QE (Quantitative Easing) con el objetivo de salvar el euro y, al mismo tiempo, reactivar la economía y mantener el objetivo de inflación, pues el fantasma de la deflación oteaba en Europa. Mario Draghi ha bajado los tipos de interés al 0%, ha recomprado gran parte de la deuda soberana de los Estados, y ha creado nuevos instrumentos de política monetaria como el LTRO (barra libre de liquidez), el TLRO y el TLROII (préstamos condicionados a largo plazo concedidos a un tipo de interés muy reducido). También, ha subido los tipos de interés negativos sobre las “facilidades marginales de depósitos” al -0.5%. Son políticas monetarias expansivas encaminadas a reactivar la economía, esquivar la deflación y garantizar una seguridad a los Estados de la Zona Euro.

Estas medidas salvaron el euro, pero puede tener costes futuros muy importantes, pues existe una burbuja de deuda pública en los países de la Eurozona (superior al 100% del PIB en países como Grecia o Italia) y una burbuja en la renta fija, donde por primera vez en la historia, los bonos a 10 años ofrecen una rentabilidad negativa en algunos países como Alemania (-0.35%) o Francia (-0.055%). Este hecho ha de ser objeto de análisis, pues nunca ha sucedido en la historia, la renta fija siempre había ofrecido una rentabilidad positiva, y debido a la abundancia de dinero “gratis” por parte del BCE han traspasado una barrera inédita que no tiene explicación alguna, debido a que un título de renta fija nunca puede tener una rentabilidad negativa, ya que una empresa o un particular están prestando dinero a 10 años a un Estado para recibir menos de la cantidad prestada con el riesgo de que exista inflación y el poder adquisitivo del prestamista (o inversor en renta fija) sea todavía menor. Las rentabilidades de las letras del tesoro y los bonos a 2 y 5 años son todavía más negativas debido al menor plazo para la devolución.

Los bonos con rentabilidades negativas pueden generar que se incrementen los pasivos de los Estados, endeudándose de una manera excesiva. Según el Diario El Economista, hay 16 billones de euros invertidos en bonos/letras/obligaciones que ofrecen rentabilidades negativas. El excesivo endeudamiento también provoca déficits, pues la política fiscal no es competencia del BCE, sino de los Estados miembro. Como dice el economista Daniel Lacalle: “Los Bancos Centrales no imprimen crecimiento”. Esta afirmación podría indicar que nos encontramos en una situación de trampa de liquidez, es decir, que un aumento de la masa monetaria no reactiva la economía, por lo que los individuos, empresas y bancos prefieren mantener la liquidez, a pesar de que los tipos estén al 0% y los bonos ofrezcan rendimientos negativos, a invertir el dinero (o prestarlo en el caso de las entidades financieras), con lo cual, las políticas monetarias expansivas no tienen ningún efecto en la economía real.

Al margen de todo ello, el BCE tiene como objetivo conseguir un nivel de inflación del 2% para garantizar un crecimiento económico adecuado. Al mismo tiempo, si hay inflación se reduce la deuda soberana de los países en términos reales, pues la inflación beneficia a los deudores, ya que el dinero pierde valor a largo plazo. Sin embargo, hay un riesgo intrínseco que hay que valorar en las políticas monetarias expansivas y en los tipos de interés al 0%, pues puede ocurrir que en el futuro ocurran procesos inflacionistas descontrolados debido al incremento incesante de la cantidad de dinero en circulación. La hiperinflación es uno de los peores fenómenos que existen en la economía, ya que los ciudadanos pierden poder adquisitivo, la moneda se deprecia y los acreedores salen perjudicados como ocurrió en Alemania en los años 20 del siglo pasado, en Argentina en los años 90, y actualmente, en Venezuela y Argentina.

En definitiva, el BCE ha salvado el euro a costa de una política monetaria expansiva sin precedentes que en el futuro puede tener fatales consecuencias económicas si no podemos controlar la inflación, o si la deuda de los Estados no se puede pagar debido a los inmensos pasivos que acumulan algunos países. Como dice el doctor en economía Juan Ramón Rallo, “el problema de tal laxitud crediticia, claro está, es que impulsa una esclerotización, o ‘zombificación’, de la economía de la Eurozona. Por un lado, las empresas menos rentables y que deberían modificar radicalmente sus planes de negocio sobreviven gracias a la respiración asistida de una refinanciación excesivamente asequible. Por otro, pasarán a desarrollarse nuevos proyectos productivos de bajos rendimientos al calor de esta financiación ultralaxa. Sacrificar el largo plazo para intentar fomentar un rebote a corto plazo”. Es decir, la economía de la Zona Euro funciona por la política monetaria llevada a cabo, pero los países y las empresas se han vuelto dependientes de la misma.