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Autora: Lorea Sepúlveda Jiménez (Estudiante de 5º curso del título de Doble Grado en Economía y Derecho, FCEE, UCLM)

 

El pasado mes de junio, Facebook anunciaba su propósito de lanzar en 2020 a Libra, su propia criptomoneda. Han pasado ya diez años desde el nacimiento de Bitcoin, y tras él han aparecido otras muchas divisas virtuales, cuyo uso ha ido expandiéndose lentamente. Sin embargo, el interrogante sigue siendo el mismo: ¿son las criptomonedas el dinero del futuro?

Si atendemos a la naturaleza jurídica del dinero legal, las monedas virtuales sirven, al igual que éste, para realizar intercambios comerciales, siempre y cuando se acepten como moneda de pago; pueden ser utilizadas como depósito valor, o incluso, fijarse como unidad de cuenta y como unidad de pago diferido. A simple vista, parece que las monedas virtuales cumplen con las funciones del dinero legal, independientemente de que su uso sea o no aconsejable por su fuerte volatilidad. Sin embargo, no hay que olvidar que el dinero fiduciario ha de ser sancionado y emitido conforme al orden jurídico de un Estado que le confiere curso legal. Por tanto, la principal diferencia del dinero virtual radica en la inexistencia de una autoridad monetaria que lo dote de respaldo legal.

Llegados a este punto, cabe plantearse que, lo que en realidad proponía Bitcoin es un nuevo paradigma económico en toda regla. Es decir, lo que está detrás de él no es sino el tradicional debate entre intervencionismo vs. liberalización y desregulación. Y esto es así porque Bitcoin cuenta con una novedad fundamental: ser un sistema descentralizado.

Como diría Keynes, la idea de que más de un ente pudiese emitir dinero podría conducir a que la moneda se devaluara, al tratarse de dinero sin aval oficial. Sin embargo, las monedas virtuales traen consigo una característica revolucionaria: la descentralización de la confianza. Gracias a la tecnología Blockchain no es necesario que una entidad avale la moneda para que ésta tenga valor, sino que la confianza de la misma descansa en el trabajo que “los mineros” y usuarios del sistema realizan al “minarlo” (emitirlo). Blockchain permite que no exista ningún intermediario ni supervisor monetario, sino que es el propio sistema el que, en la forma en que fue concebido, hace posible que Bitcoin funcione de manera autónoma y descentralizada.

Desde la perspectiva más liberal, el oro siempre ha sido considerado “dinero fuerte”, ya que su oferta es finita y, por tanto, el dinero en circulación tiene un límite. Ello significa que la oferta de oro no puede ser controlada de manera centralizada, sino que depende de las reglas del mercado. Da igual en qué parte del mundo nos encontremos, con el oro podemos calcular la evolución de cualquier precio, como si de una única moneda se tratara. No obstante, en 1971 el orden económico internacional abandonó el sistema patrón-oro y pasó al dinero fiat, desapareciendo esa concepción del oro como “dinero fuerte”.

Sin embargo, parte de la opinión liberal cree que las criptomonedas vuelven a descentralizar el dinero, puesto que incorporan algunas ventajas propias del oro, como la limitación de la oferta monetaria (es fija, en el caso de Bitcoin solo existen 21 millones de divisas) o la universalidad de los precios, pero también añade otros factores acordes a las necesidades del siglo XXI, como la digitalización.

Es cierto que Bitcoin se asemeja al oro por ser difícil de crear, al requerir un elevado coste de energía para poder “minarlo” y poseer un algoritmo que se vuelve cada vez más complejo de descifrar tras cada “minado”. Sin embargo, tras su aparición surgieron en el mercado otras muchas monedas virtuales como PeerCoin, Ripple, Litecoin, Dogecoin…, y ahora, Libra. Lo que lleva irremediablemente a plantearnos: ¿qué sucedería con la oferta monetaria al barajar la posibilidad de que existan infinidad de monedas virtuales? ¿La oferta seguiría siendo fija? ¿Debería intervenir el Estado en su limitación y control?

Tras conocerse que Facebook planea lanzar Libra el próximo año no tardaron en aparecer críticas por parte de los reguladores. En palabras de Yves Mersch, Vicepresidente del Consejo de Supervisión del BCE, “dependiendo del nivel de aceptación y de la cantidad de euros que se usen para respaldarla, Libra podría reducir el control del BCE sobre el euro, alterar los mecanismos de transmisión de política monetaria y socavar el rol internacional de la divisa única». Pero, además, Libra presenta unas características muy distintas a las de Bitcoin. En primer lugar, su valor estará respaldado por una cesta de activos subyacentes, es decir, que contará con un fondo compuesto por depósitos bancarios y deuda soberana de varios países que fijarán su valor y reducirá la volatilidad, característica que la hace idónea para intercambios diarios. Por otra parte, Libra no parece ser una criptomoneda autónoma, pues estará bajo el control de Libra Association, una corporación de la que ya forman parte 28 grandes compañías como Visa, MasterCard, Vodafone, Spotify, PayPal o Uber. El propio Yves Mersch sostiene que “es algo parecido a un cártel” y que, a diferencia de los bancos centrales, los «conglomerados de entidades corporativas solo rinden cuentas a sus accionistas y miembros». Con todo ello, parece que Libra, más que descentralizar la confianza, la concentra en un ente privado que, hace no mucho debía dar explicaciones en el Parlamento Europeo y el Senado estadounidense por la gestión de los datos personales de millones de personas.

Hoy por hoy, las criptomonedas no son la moneda usual de cambio y dudo mucho que lo lleguen a ser algún día si no eliminan sus desventajas, como, por ejemplo, su utilización en negocios al margen de la ley y como herramienta útil para evadir impuestos. Esta situación reaviva aún más el debate en favor de una posición más intervencionista que regule las actividades delictivas realizadas por medio de criptomonedas. A pesar de ello, existe un lado positivo, pues permiten que los inmigrantes envíen remesas a sus países de origen sin soportar elevadas comisiones o que los fondos de emergencia de las ONG circulen en cuestión de minutos. Es más, han surgido criptodivisas como Faircoin, que aspiran, por la forma en la que están programadas (su algoritmo no es competitivo como el de Bitcoin, sino cooperativo), a convertirse en una herramienta clave para el fomento de la economía social y solidaria, constituyendo una alternativa real al sistema económico actual.

Bibliografía

Bracero, F. (23 de junio de 2019) Así funciona Libra, la criptomoneda de Facebook. Recuperado de lavanguardia.com.

El Confidencial (2 de septiembre de 2019) El BCE alerta contra la Libra de Faceboook: “Su ecosistema es parecido a un cártel”. Recuperado de elconfidencial.com.

Pérez Marco, R. (18 de diciembre de 2018). La era del bitcoin y la tecnología Blockchain. Recuperado de elpais.com.

Sánchez de la Cruz, D. (7 de octubre de 2018). Saifedean Ammous: “El bitcoin es una moneda alternativa superior al patrón oro”. Recuperado de libremercado.com.