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Autor: Roberto Ibáñez Cutanda (Alumno de la asignatura “Análisis Económico y Finanzas”, 4º de Grado en Economía, FCEE, UCLM)

Desde verano de 2015 se implantó en España un período de prueba de la nueva tarifa eléctrica, con aplicación definitiva en octubre. Una tarifa llamada Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC) que afecta a millones de usuarios, de forma que la facturación realizada estará en función del consumo de electricidad en determinadas horas del día, dejando atrás la facturación fijada mediante subasta y estimada por REE (Red Eléctrica Española).

Este nuevo sistema de facturación, respaldado y permitido por el uso de contadores inteligentes de nueva aplicación (de alquiler en la mayoría de los casos, con su coste correspondiente ante la instalación y uso del mismo) supone una nueva planificación en el uso de la electricidad, con mayor enfoque y afectación a los hogares españoles, cuyo consumo deberá atenerse no sólo a un precio diferente por hora, sino también a distintos tipos de tarifas permitidas, donde se encuentran la general, de discriminación horaria y de coche eléctrico (2.0A, 2.0DHA, 2.0DHS respectivamente).

Estas tarifas hacen que los hogares prioritariamente tengan distintos precios del consumo de electricidad dependiendo de rangos de horas, salvo en parte de la tarifa general (no siendo constante su precio, tal y como pueda parecer en comparación con las demás tarifas). Estos precios los podemos consultar directamente en REE y se resumen básicamente en un alza durante las primeras horas de la noche y el mediodía, así como los días laborables en comparación con los fines de semana.

Además de la aplicación de esta nueva política de precios hay que añadir también que la factura eléctrica correspondiente no aparecerá desglosada mediante el consumo realizado por horas, sino que se resumirá en el consumo producido, evitando así un enorme listado de consumos y texto farragoso que supondrá costes innecesarios para la empresa oferente (por supuesto), argumentando que no facilitaría ni la compresión de los usuarios sobre su consumo, ni la eficiencia en el proceso de facturación.

Lo que no cabe duda es que, para el caso de las familias, la determinación del precio por horas conlleva un mayor gasto en las horas de mayor uso y consumo doméstico habituales, que seguirá siendo independiente de la necesidad del uso eléctrico, y no permitirá por tanto necesariamente un mayor ahorro para las familias, tal y como argumentan los propios analistas del mercado eléctrico que añaden que “nadie se pondrá a cocinar de madrugada”.

Una vez más, por tanto, ha vuelto a ocurrir el cambio en el mercado eléctrico, al que ya estamos acostumbrados. Sin embargo, seguimos sin conocer con total profundidad la estructura y el funcionamiento del mercado eléctrico español y sus técnicas de precios, en un panorama todavía no muy favorable y con severas dudas en materia de energía, donde todavía no se contempla una decisión clara ni para la ampliación del tiempo de actividad en la central de Garoña, ni del cementerio en Villar de Cañas, respecto a energía nuclear, por ejemplo.

Las energías renovables han sido una fuente energética con gran inversión realizada durante los años de bonanza y expansión económica anteriores a la crisis de 2008 (en concreto solar y eólica). Esto permitió colocar a España en posiciones favorables respecto a, no solo la inversión, sino también la investigación y el desarrollo de estas energías. Este panorama no está tan claro hoy día, puesto que el descenso del precio del petróleo está dejando al margen la posible rentabilidad y viabilidad de las nuevas energías. Por un lado, esta situación favorece el consumo continuado del crudo, cuya duración del precio actual será cuestión de tiempo. Por otro lado, se ve desfavorecida la apuesta hacia el completo autoabastecimiento otorgado por energías renovables como la eólica, hidráulica, solar, geotérmica e incluso de biomasa, donde su consumo así como su producción, siguen siendo a día de hoy reducidos en comparación con el ya reconocido petróleo o incluso el gas natural.

Es indudable que esta situación no se puede prolongar en el tiempo, ya que debemos optar por la investigación y el desarrollo de nuevas formas y procesos energéticos. Estos, sin duda, permitirán un beneficio tanto por el lado de la reducción de costes (de producción, al igual que de consumo), como a nivel de protección del medioambiente.