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Autor: Antonio Moreno Arroyo (Alumno de la asignatura “Dirección Financiera”, 4º de Grado en Economía, FCEE, UCLM)

El estancamiento o la desaceleración de la economía china es un hecho. El milagro económico de China parece haber llegado a su fin. En 2007 la tasa de crecimiento de su PIB era de un 14,2%, pero desde entonces no ha parado de descender hasta situarse en 2014 creciendo al 7,2%.

Sin duda la economía del gigante asiático sigue creciendo a tasas muy destacables, pero lo que es más sorprendente es lo que está impulsando el crecimiento: consumo más que inversión, los servicios contribuyendo más que las manufacturas y la demanda interna sosteniendo el crecimiento en vez de las exportaciones, debido al aumento de renta per cápita que China ha vivido en los últimos años. Pero la ralentización de la economía china resulta una amenaza para la recuperación mundial. Con el inicio de la crisis financiera en Europa y EEUU en 2008, el gobierno chino se puso manos a la obra y, preparó un enorme paquete de medidas estímulo a la economía de 586 mil millones de dólares.

Mientras el PIB chino continuaba en descenso, la deuda pública china crecía fruto de los planes de inversión del gobierno asiático, superando el 200% del PIB. La economía china continuaba recibiendo estímulos por parte de las autoridades, concediendo créditos a la inversión a millones de pequeños accionistas y ahorradores que finalmente acabaron endeudados.

China acusa la caída de la demanda mundial, y sus exportaciones continúan descendiendo. Por consiguiente, la decisión del gobierno chino es la devaluación de la moneda nacional, el yuan. Su última devaluación tiene lugar el 13 de Agosto de 2015, llegando a devaluarla un 4,66% en 3 días, la mayor en 20 años, con el objetivo de remontar sus exportaciones. Esta decisión es tomada como una “guerra de divisas” que afecta a los mercados mundiales con incertidumbre.

Las últimas devaluaciones del yuan, hacen cambiar de opinión a la Reserva Federal, (FED), cuyo objetivo de finalizar progresivamente la política monetaria expansiva subiendo los tipos de interés, se ve truncada por la imprevista e inestable economía china y su rebote con las economías emergentes como Brasil. La idea que en principio se situaba en la mente de la presidenta de la FED, Janet Yellen, consistía en subir los tipos de interés situados en el entorno del 0,25%. Sin embargo, ésta, se ha visto obligada a posponer este aumento de tipos, al menos hasta final de año, y todo ello por la incertidumbre del mercado chino.

Esta situación afectará fuertemente al mercado latinoamericano, cuyo principal socio comercial es China, muchos de ellos países emergentes, como Brasil, Perú o Chile y otros tantos países, que dependen en gran medida del mercado chino.

Para añadir más importancia al asunto, continúa la caída del precio de las materias primas de las que dichos países latinoamericanos son productores, lo que agrava aún más su situación.

Sin duda, la realidad de la economía China puede muy bien generar una nueva recesión global y encadenar la tan temida situación de impagos que golpearía fuertemente a Europa y Estados Unidos.