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Autora: Ana Sánchez Cantero (Alumna de la asignatura “Análisis Económico y Finanzas”, 4º de Grado en Economía, FCEE, UCLM)

La crisis económica que estamos sufriendo en la actualidad ha venido condicionada por el estallido de la llamada “Burbuja Inmobiliaria”. Se podrían precisar numerosos orígenes, el por qué, el cómo y el cuándo empezó, son preguntas que nos hacemos continuamente. Lo indudable es que esta burbuja está ahí, en nuestros días y en nuestras vidas. El cuándo lo conocemos con facilidad ya que, como sabemos, esta burbuja inmobiliaria tuvo sus inicios en los años 90´s, asociándose al incremento del precio de la vivienda por encima del IPC y de las rentas de los individuos, lo que provocó una situación insostenible que la hizo estallar en el año 2007. Se podría decir que fue en este año cuando empezó esta andadura de inestabilidad y de dificultades económicas dando lugar a una crisis en todos los ámbitos.

Por ello, actualmente muchos individuos se formulan la siguiente pregunta ¿Es un buen momento para comprar o debería esperarme a una mayor bajada de los precios? La respuesta estaría en el fin último que el individuo quiera dar a ese bien, dependiendo de ese fin podemos tener dos vertientes. Por un lado, podemos encontrar un uso del bien a medio-largo plazo relacionado con la necesidad de adquisición inmediata de una vivienda, y, por otro lado, hablaríamos de un uso especulativo.

Si el individuo lo que busca es dar un uso personal a la vivienda a medio-largo plazo, por necesidad de tener una estabilidad, formar una familia o seguridad, estamos hablando de un buen momento para dar el paso y adquirir una vivienda. Los precios de estos bienes están más bajos que nunca. Además, a día de hoy, muchas inmobiliarias e instituciones dan mayores facilidades a la hora de adquirir una vivienda. Por otro lado, la recuperación económica, aunque paulatina, indica que esta situación, en el precio de las viviendas, durará poco tiempo debido a que se busca una estabilidad en los precios de dichos bienes. Por ello, se prevé una subida de los precios de estos bienes, lo que implicaría una rentabilidad baja o incluso nula al largo plazo. Es por esto, que si el individuo busca adquirir una vivienda con la intención de especular con este bien, ya sea por medio de alquiler o por medio de hallar una mayor rentabilidad en un determinado plazo, podríamos estar hablando de una mala elección.

A parte del precio, existen otros factores importantes que impiden en gran medida dar el paso al individuo en lo que se refiere a la compra de una vivienda. Un factor clave es el de la “estabilidad laboral”, debido a que refuerza otros factores como la independencia o las expectativas de querer formar una familia.

En resumen, si tienes una estabilidad laboral y las expectativas de formar una familia e independizarte, no deberías pensártelo dos veces, ya que los precios de las viviendas están bajos. Además, se podría correr el riesgo de una recuperación en el precio del ladrillo, que, aunque lenta, puede explosionar en cualquier momento. Por ello, si las expectativas que tienes de uso de la vivienda son de carácter especulativo y con ánimo de lucro, esa lenta recuperación, si es efectiva, puede llevarte a obtener un mal resultado en tu inversión.