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Autor: Juan Antonio Gregorio Martínez de los Reyes (Alumno de la asignatura “Dirección Financiera”, de 4º de Grado de Economía, FCCE, UCLM)

El presupuesto público es una de las grandes políticas de demanda con la que cuentan los decisores políticos, es decir, los gobiernos para poder hacer frente a las distintas situaciones económicas a las que se tienen que enfrentar. No solo se utiliza en momentos de recesión económica como impulso al crecimiento económico, o si el problema es de control de las cuentas públicas, como instrumento para reducir el déficit; sino que también se puede utilizar como herramienta de control del crecimiento en épocas en las que se produce un sobrecalentamiento de la economía.

La política presupuestaria se basa en la utilización de las distintas partidas que conforman el presupuesto, con el fin de generar el efecto deseado en la economía. Dentro de lo que denominamos presupuesto podemos diferenciar entre el presupuesto de gastos y el de ingresos. En el presupuesto de gastos se establece en qué se van a gastar los fondos de las AA.PP.. Las distintas partidas tienen una triple clasificación: por programas, que depende del objetivo del gasto; orgánica, que hace referencia a qué órgano gestiona el gasto; y económica, que considera la naturaleza del gasto. El presupuesto de ingresos está más relacionado con la política fiscal, aunque no solo con ésta, sino que también depende de transferencias y otro tipo de ingresos. En este caso se clasifican los ingresos de acuerdo a dos estructuras: orgánica y económica.

El Presupuesto es un instrumento con el que cuentan los gobiernos para tomar decisiones de política económica, y hay que decir que, de manera oficial, no es una política que se haya transferido a las autoridades comunitarias, sino que sigue siendo una política nacional.

La pregunta que puede surgir es si realmente se trata de una política nacional independiente de la UEM o se trata de una política que de manera indirecta sí que está controlada por las autoridades comunitarias, tanto en el caso de los gastos como de los ingresos.

La reciente crisis económica ha puesto de manifiesto que las políticas presupuestarias no son tan nacionales como se creía, ya que, tras la aplicación de los diversos paquetes de ayuda financiera que los Estados Miembros han recibido, éstos han tenido que aplicar una serie de medidas para corregir las deficiencias en las cuentas públicas. Estas decisiones en materia presupuestaria se presentaban en forma de recomendaciones por parte de las autoridades europeas.

Además, ahora el Presupuesto no solo lo tiene que aprobar el país en el que se va a aplicar, sino que tiene que recibir el visto bueno de las autoridades europeas. Este visto bueno se da en el Semestre Europeo.

Destacar el caso de España en la aprobación de los Presupuestos para 2016, pues éstos han sido valorados de manera negativa por las autoridades europeas que ponen en duda el cumplimiento del objetivo de déficit con estos presupuestos. Los responsables del Semestre Europeo dicen que son unos presupuestos donde se incrementan demasiado los gastos, provocando que no se cumpla el déficit que las autoridades europeas habían previsto y exigido para este año, puesto que tampoco se compensa con el crecimiento económico y el incremento de ingresos que genera.

Por tanto, es posible cuestionarse si la política presupuestaria es una política plenamente nacional, o si, de manera indirecta, se ha convertido en otra de las políticas comunitarias que los Estados Miembros han cedido a la UEM, perdiendo soberanía en favor de un mayor poder de las autoridades europeas y, por tanto, perdiendo una de las pocas herramientas de demanda de las que disponen para actuar en caso de crisis.

Es posible que la respuesta a la pregunta del título sea afirmativa y que las autoridades nacionales hayan perdido competencias en favor de las autoridades comunitarias.