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Autoras: Susana Peinado Castillo (Alumna de la asignatura “Análisis Económico y Finanzas”, 4º de Grado en Economía, FCEE, UCLM) y Nuria Ballesteros Ortega (Alumna de la asignatura “Dirección Financiera”, 4º de Grado en Economía, FCEE, UCLM)

No hay nada que esté más de actualidad que el proceso independentista de Cataluña, estando a apenas un mes de las elecciones generales programadas para el 20 de Diciembre.

El pasado 27 de Septiembre se celebraba un referéndum con el fin de conocer el rechazo o aceptación de los catalanes a una Cataluña independiente. El resultado fue un gran número de votos para los partidos de Junts pel Sí y la CUP, pero sin lograr alcanzar la mayoría absoluta; de modo que, un 48,7% de los ciudadanos que acudieron a las urnas en Cataluña el 27S se declaraba a favor de la independencia, mientras que un 51,3% se declaraba en contra. Pero lo que vengo a analizar en este artículo es mi opinión sobre las posibles consecuencias que tendría la independencia de Cataluña de llegar a producirse, algo que cada vez parece más factible.

En primer lugar, es obvio que la declaración de Cataluña como un país independiente supondría su salida de la Unión Monetaria Europea (UME) y su desvinculación del Banco Central Europeo, es decir, no podría participar o tomar parte en ninguna de las medidas y acciones que las distintas instituciones europeas toman para conseguir una mayor prosperidad y un mejor funcionamiento del mercado único, esto incluye que dejaría de ser beneficiaria de los fondos estructurales de la UE (FEDER, FSE, FEADER y FEMP) o de cualquier otro tipo de ayuda que la UE proporcione a los Estados Miembro.

Debido a la situación de incertidumbre en Cataluña la prima de riesgo aumentaría, lo que le impediría reducir su nivel de deuda; esa incertidumbre, además, reduciría el atractivo de realizar inversiones en Cataluña para los inversores extranjeros y supondría un mayor coste al no existir libre circulación de capitales.

Cabe decir, que una de las razones por las que Cataluña desea la independencia es porque considera que es autosuficiente debido a su industria y a sus niveles de exportación; pero, de llegar a convertirse en un país independiente, dejaría de tomar parte en los acuerdos de libre comercio que mantienen España y la UE con otros países y, por tanto, debería pagar aranceles para importar productos por los que ahora no paga al existir libre circulación de mercancías; además, los países a los que exporta sus productos deberían de pagar aranceles para seguir obteniéndolos lo cual supone una pérdida de competitividad para Cataluña, provocando probablemente que la mayoría de sus socios comerciales busquen otros proveedores; esto también se aplica al resto de comunidades españolas, ya que al convertirse Cataluña en otro país dejarían de importar productos de ésta y pasarían a buscar otras alternativas dentro de España. También se vería afectado el turismo que es una de sus principales actividades, ya que al no disponer de una moneda común como es el euro, podría descender el número de turistas.

Pero, la principal consecuencia, sería el elevado coste al que tendría que hacer frente Cataluña para seguir garantizando los servicios públicos que presta como pueden ser las pensiones de los jubilados o el sueldo de los funcionarios del Estado.

Una vez independizada, si desea volver a formar parte de la UE, esta vez como país y no como parte de España, debería solicitar su adhesión y ser considerado país candidato, teniendo que cumplir los criterios de Copenhague.

La independencia de Cataluña supone una gran controversia, ya que hay personas que están convencidas que este hecho únicamente conllevaría beneficios para dicha comunidad, por lo que en este artículo vamos a analizar aspectos negativos que podrían darse.

La independencia de Cataluña, en primer lugar, supondría su salida inmediata de la Unión Europea y en consecuencia de la Zona Euro, el resultado de este acontecimiento sería la creación de su propia moneda, la cual tendrían que devaluar para ganar competencia respecto al resto de países europeos. Aunque a simple vista pueda parecer un punto a favor de Cataluña gracias al aumento de su competitividad debido al abaratamiento de sus exportaciones, también supondría un encarecimiento de sus importaciones lo que supondría un aumento en el precio de los bienes y servicios que adquieren los ciudadanos, pudiendo producirse una disminución del consumo que derivaría en un aumento del IVA para recuperar la pérdida de ingresos que sufriría el Estado. Fruto de este hecho, a largo plazo Cataluña tendría que aumentar el valor de su moneda para estar a la altura del resto de países.

Como segunda consecuencia, podríamos tener en cuenta la posible huída de empresas hacia otros países, esto provocaría de forma directa un incremento brusco del paro. Este hecho llevaría a una pérdida de la riqueza de las familias implicando una pérdida en los ingresos del Estado, tanto por el lado directo como por el indirecto, ya que disminuiría el consumo, por lo que el IVA se vería afectado, y al no disponer de trabajo los ciudadanos no podrían hacer frente a impuestos como el IRPF, entre otros. Un efecto del aumento del paro sería el aumento de los gastos sociales, como por ejemplo, las ayudas al desempleo. La balanza por cuenta corriente tendría déficit debido a que el Estado tendría más gastos que ingresos. Se produciría una gran crisis económica debido al círculo vicioso de paro, disminución del consumo, pérdida de poder adquisitivo, aumento del gasto social, pérdida de recaudación fiscal. Cataluña se vería sumida en una gran crisis de abastecimiento ya que todo lo tendrían que adquirir del exterior.

En tercer lugar, Cataluña debería crear su propio Banco Central para hacer frente a la liquidez del nuevo país, una gran secuela de esto sería la falta de inversión extranjera como resultado de su falta de credibilidad y capacidad financiera.

Otra gran consecuencia de la salida de Cataluña de la UE sería la complicada situación en la que se vería sumergida Cataluña para su incorporación dentro de la unión. Para volver a incorporarse tendría que cumplir los criterios de Copenhague y los criterios de Maastricht, y posiblemente quedar en una posición posterior a los países potencialmente candidatos. Cataluña se podría ver en el mismo contexto que se vio Croacia hace 20 años tras la guerra. Una salida de la UE tendría como efectos barreras de moneda, en la movilidad de personas, bienes y servicios, restricciones comerciales por motivos sanitarios además de falta de acuerdos en seguridad, todo esto a causa de la pérdida de la Política Comercial Común. Una gran consecuencia es la instauración de aranceles, tanto internos como externos por lo que se reduciría su comercio internacional debido a que a la UE no le interesaría importar productos catalanes.

Otro hecho resultante de la independencia sería la emigración de personas en busca de mejor situación económica ya que posiblemente la situación en Cataluña no sería la más favorable para las familias. Finalmente, se puede observar como la independencia provocaría una insostenibilidad del Estado de Bienestar con el que ahora mismo cuenta Cataluña por su integración en España.