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Autor: David Tercero Lucas (Alumno de la asignatura “Análisis Económico y Finanzas”, 4º de Grado en Economía, FCEE, UCLM)

a ingente aparición de compañías tecnológicas a finales de la década de 1990 y el incremento de ofertas públicas de venta (OPVs) desembocó en una espiral de compra de acciones y títulos que aumentaron la cotización de los valores que fluctuaban en las principales bolsas estadounidenses. El Nasdaq (National Association of Securities Dealers Automated Quotation), la bolsa de valores automatizada y electrónica de mayor importancia en EEUU, comenzó a rivalizar con las bolsas tradicionales. No existía un ciudadano que no quisiera participar en la denominada por el economista B. Arthur “Nueva Economía”, concepto que aglutinaba el paso de una economía basada en la producción a otra basada en el conocimiento debido principalmente a la globalización.

El clima propicio que se respiraba en EE.UU. hizo que el Nasdaq llegara incluso a cotizar por encima de los 5.000 puntos pero como bien sabemos, las expectativas, la confianza de los inversores y los resultados de las compañías son variables a tener en cuenta. Los modelos de negocio de las nuevas empresas, basados principalmente en la emisión de acciones para financiarse, no pudieron soportar el pinchazo de la burbuja. El aumento de los tipos de interés provocó un descenso de las inversiones al encarecer la financiación y los malos resultados de una multitud de empresas originaron un incremento paulatino de las órdenes de venta. Esto llevó al conocido en términos anglosajones como “herd behavior”, el comportamiento de rebaño o manada de un gran número de inversores que vendieron instantáneamente sus acciones. El pánico desatado ocasionó la quiebra de miles de empresas, el desvanecimiento de billones de euros y la ruina de cuantiosos inversores.

Hace más de tres lustros del estallido de esa burbuja pero los fantasmas del pasado han vuelto a resurgir. En una reciente entrevista publicada por el rotativo “Financial Times” (FT), el Premio Nobel de Economía en 2013 por su “análisis empírico de los precios de los activos” y profesor de la Universidad de Yale, Robert J. Shiller, ha alertado de una nueva burbuja en la bolsa de Estados Unidos. Shiller advierte que el precio de las acciones se ha triplicado en solo seis años y a su vez, los ciudadanos están perdiendo su confianza en el mercado. El galardonado explicó, que sus índices de confianza, basados en el sentimiento y percepción de los inversores, exhiben un aumento acompasado del miedo a que los títulos estén tan sobrevalorados como se encontraban cuando arreció la burbuja de las empresas tecnológicas (dot-com companies) en marzo del año 2000. Asimismo, cada vez es mayor la volatilidad de los activos de renta variable y un gran número de analistas internacionales están de acuerdo con el Premio Nobel.

Sin embargo, ¿está el profesor R. Shiller en lo cierto? El United States Valuation Index, que se elabora en la Universidad de Yale, y que es usado de referencia por Shiller, muestra una subida lenta pero constante desde septiembre de 2014 si bien es cierto que la confianza de los individuos ha caído considerablemente desde abril de 2012. Subyace pues, que el pinchazo de la burbuja no va a ser tan inminente como predica el Premio Nobel. No obstante, las acciones de las cien empresas tecnológicas inscritas en la Bolsa de Nueva York y subsumidas en Nasdaq 100, ya cotizan por encima de los valores del año 2000 cuando la burbuja se desinfló, aunque su ritmo de ascenso no ha sido tan vertiginoso como antaño, sino mucho más paulatino.

Numerosos indicadores parecen mostrar un peligro en la bolsa americana y se espera por algunos economistas que sea la Reserva Federal (FED) la que, con un incremento de los tipos de interés, enfríe la burbuja que parece que se está gestando. Sin embargo, la FED no tiene intención de aumentar los tipos debido a las inestabilidades del resto de países del mundo y de la inflación prácticamente nula que adolece al país como ha dejado claro su presidenta, Janet Yellen. Por consiguiente, ¿es sensato que un Premio Nobel, sabiendo la repercusión que pueden tener sus palabras, advierta de un “peligro inminente” que no lo es? Por suerte para los mercados estadounidenses – y para los del resto del mundo debido a los posibles y probables contagios – las aseveraciones del profesor no han tenido mucho efecto en las bolsas como podrían tener inversores como Warren Buffet o George Soros que sí que generan inestabilidades. No podemos realizar predicciones futuras mas queda claro, habida cuenta de los datos y experiencias pasadas, que una burbuja está en ciernes. Una burbuja que explotará cuando menos nos lo esperemos.