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Autor: Juan Antonio Gregorio Martínez de los Reyes (Alumno de la asignatura “Análisis económico y finanzas”, de 4º de Grado de Economía, FCCE, UCLM)

La política monetaria es una política de demanda a través de la cual las autoridades políticas y económicas pueden hacer frente tanto a las recesiones que se producen en las economías como a los crecimientos excesivamente acelerados que también pueden generar desequilibrios macroeconómicos. Esta política se puede articular con la modificación de tres tipos de interés, el tipo de interés de intervención, el tipo de facilidades de depósito (que actualmente en la Eurozona se encuentra en tasas negativas) y el tipo de facilidad marginal de depósito. Concretamente, en este artículo nos centraremos en el tipo de interés de intervención, que se modifica a través de las distintas operaciones de mercado que lleva a cabo la autoridad monetaria.

En el año 2007, cuando estalló la crisis financiera y económica mundial, no todas las autoridades monetarias internacionales respondieron de la misma manera. La Reserva Federal de EE.UU. (Fed) decidió, de manera acertada, reducir los tipos de intervención; mientras que la institución homóloga en la Eurozona decidió mantenerlos y en algún momento puntual subirlos, hasta la llegada de Mario Draghi a la presidencia de esta entidad.

Y quizá sea esta diferencia temporal a la hora de reducir los tipos de interés por parte de sendas instituciones-, la que haya provocado que la recuperación de ambas economías no se desarrolle con la misma rapidez. Aunque puede que ésta no sea la única diferencia, ya que, a este respecto también el BCE actuó de manera posterior a la institución norteamericana a la hora de aplica la QE (flexibilización cuantitativa).

Durante todo el año 2015 se ha especulado con la subida de tipos de interés por parte de la Fed, ya que, según sus previsiones, la economía norteamericana podría estar sufriendo un sobrecalentamiento. La presidenta de esta institución, Janet Yellen, en la rueda de prensa posterior a una reunión de la Fed en septiembre dijo que antes de final de año se produciría un incremento de los tipos. Sin embargo, este rumor aún no se ha materializado.

Como sabemos, el mundo está cada vez más interconectado y la economía no se queda atrás. Cualquier decisión que tome un dirigente político y económico no solo afecta a su país, sino que también al resto. Por tanto, resulta interesante analizar el posible impacto de la subida de tipos de la Fed en la economía de la Eurozona.

Quizás para la economía de EE.UU. sí que sea una buena medida el incremento de su tipo de interés de intervención, pero puede que esta no sea la mejor decisión para otros países.

En el caso de la Unión Económica y Monetaria (UEM) la subida de tipos de la Fed según la teoría de la paridad de intereses, ceteris paribus, provocaría un incremento del diferencial de tipos del dólar con el euro, de manera que el tipo de cambio dólar euro se vería incrementado, es decir, se produciría una depreciación del dólar que aumentaría las exportaciones de este país y la reducción de sus importaciones, mientras que en la UEM se daría el caso contrario. Todo ello provocaría un incremento del PIB de EE.UU., mientras que la economía de la Eurozona se vería debilitada.

Además, los mayores tipos de interés de EE.UU. podrían provocar una salida de capitales de la UEM hacia aquel país. Ante esta situación, el BCE podría responder con una subida de tipos que podría afectar a la economía mediante dos vías, por un lado hay que destacar el efecto recesivo de la subida, y por otro, podría generar un importante problema de deuda pública, puesto que la subida de tipos por parte del BCE acabaría provocando un incremento de tipos de las entidades de crédito, que captarían financiación procedente de los títulos de renta fija de los Estados haciendo que estos tengan que pagar más por emitir su deuda, pudiéndose provocar serios riesgos en la financiación pública, aumentando tanto déficits como deuda pública.

Por tanto, cabe preguntarse si a EE.UU. le interesa poder generar una nueva recesión en la UEM, puesto que la recuperación de ésta es bastante débil, como afirmó el Presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, en el discurso del Estado de la Unión el 9 de septiembre de 2015. Una recesión europea que, seguramente, acabaría convirtiéndose en mundial, y que, probablemente, también arrastraría a la economía norteamericana, todo ello sin contar con los problemas de crecimiento en China, las difucultades en los mercados asiáticos, así como el estancamiento de los países en desarrollo. Pues bien, parece que la respuesta a la pregunta es un rotundo “NO”.