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Autor: Ramón Michá. Máster en Crecimiento y Desarrollo Sostenible

Muchos, como yo, seguro que os habéis preguntado alguna vez cuál es el nivel de implicación de los ciudadanos en las decisiones que atañen al futuro de sus países, regiones, localidades…. Pues en este momento lo he tomado un poco más en serio y he decidido plasmar mi punto de vista sobre el asunto en unas cuantas líneas.

Empezaré dando una aproximación a lo que entiendo como participación ciudadana; yo lo definiría como un proceso de interacción entre los ciudadanos y la clase política (los que nos gobiernan) a través de diálogo, consultas y otros mecanismos que impliquen la transferencia de información entre los dos bandos. Pero, ¿en qué nivel se produce ese hecho que anteriormente he definido en nuestras sociedades? ¿Qué resultados se obtienen?

Esas preguntas las puede responder el lector de acuerdo a la realidad que conoce, y podrá sacar conclusiones de los resultados según dicha realidad.

He tenido la suerte de experimentar dos realidades que parecen muy distintas, pero que en el fondo se trata de lo mismo, aunque su dimensión es diferente. Me explico, soy de  (país centroafricano) y llevo viviendo en España varios años, por lo que conozco más o menos la realidad política y socioeconómica de ambos países.

Hablar de participación ciudadana en Guinea ecuatorial –como en el resto de países africanos- es como llamarles “tontos” a los políticos de turno, ya que muchos de ellos (tanto políticos como ciudadanos) no entenderán porqué habiendo un ministro o gobernador de tal provincia para decidir el futuro de una cartera ministerial o una determinada región, tienen que contar con la población para que dé su opinión.

Por otro lado, hablando de España tenemos un problema similar, pero a una escala mucho menor. Al menos una de las partes (la clase política) y buena parte de la otra (la ciudadanía, bastante formada) conocen la importancia que supone involucrar al pueblo en las decisiones que afectan al mismo, pero tampoco lo hacen. En eso se parecen a nosotros, o al menos no lo hacen como deberían teniendo en cuenta que España es un estado democrático de derecho. Aunque los programas electorales contemplen a la ciudadanía como objetivo primordial, en cuanto a su bienestar y prosperidad, las evidencias lo niegan. Para situar un poco más al lector, les voy poner un ejemplo en el cual no contar con la ciudadanía para llevar a cabo cualquier iniciativa puede ser perjudicial para todos, excepto para el político que ha diseñado tal iniciativa, ya que detrás de ella existen intereses lucrativos que solo benefician a su cúpula.

Supongamos un pequeño pueblo donde el alcalde ha firmado la propuesta del gobernador provincial para construir un centro comercial, a través de la empresa “x”.

La población del sitio es tan escasa que un centro comercial de esas dimensiones es totalmente innecesario. Además, pocos de ellos tendrían la intención de alquilar un local en el mismo para llevar a cabo alguna actividad económica. Entonces, ¿cuál podría ser el principal propósito de esta apertura? Pues el alcalde firma el contrato, se ejecuta la obra y listo, ya tenemos el macrocentro comercial, que tendrá una ocupación del 20%, el resto queda infrautilizado, lo que significa derroche de fondos públicos. Quizá si se contase con los lugareños, estos hubieran propuesto algo más acorde a sus necesidades y capacidades, pero al político de turno le ha interesado ejecutar la obra para llevarse bien con la empresa que le viene haciendo favores y los seguirá haciendo. La consecuencia es que los políticos y los empresarios se lucran y los ciudadanos se empobrecen gastando el dinero en obras innecesarias fomentadas por el egoísmo y el afán de lucro de unos pocos.

Volvemos al tema, y con eso termino haciendo ver a mis queridos lectores lo importante que es involucrar a los ciudadanos en los procesos de desarrollo, ya que son ellos mismos los que tienen que decidir su futuro político, socioeconómico, cultural y el resto de problemas que les afecten., Para ello es necesario fomentar una participación ciudadana real que despierte el interés del ciudadano a participar a través de difusión de información, en todos los medios posibles, relación, contacto entre los impulsores del proceso participativo (políticos y empresarios) y los ciudadanos, así como entre los propios ciudadanos. Los mecanismos de comunicación son preguntas, sugerencias, comentarios, la realización de evaluaciones, exámenes, periodos de reflexión, debates y discusiones sobre los objetivos y las decisiones del proceso participativo (foros públicos, espacios de debate, etc.) La participación en la toma de decisiones consistirá en la adopción de una decisión final vinculante para las autoridades. Los mecanismos que se utilizan son referendos, encuestas, debates y foros, etc. Todo para el mejor ejercicio de la democracia y el bienestar de los pueblos como derecho natural.