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Autora: Mª Rosa Mateos-Aparicio Arroyo (Alumna de la asignatura “Dirección Financiera”, 4º de Grado en Economía)

La reestructuración financiera en España se inició nada más estallar la crisis de , hace ahora seis años, momento en el que el  aprobó un decreto creando el Fondo para la Adquisición de Activos Financieros y se empezó a buscar soluciones para la primera entidad que tenía problemas, la caja Castilla-La Mancha. En este momento fue cuando tanto el Gobierno como el  se dieron cuenta de que no podían gestionar la crisis bancaria que se venía encima con los instrumentos tradicionales que habían sido utilizados para gestionar crisis anteriores, dejando al descubierto las características que hacían diferente a esta crisis de las ya sufridas. Dichas características son:

  • Esta vez la crisis se produce en un ambiente de crisis mundial, donde empiezan a jugar un papel fundamental los riesgos de desconfianza y contagio.
  • En España, por primera vez, se plantea la crisis en unas cajas de ahorros ocupadas, en su mayoría, por el poder político.
  • España no contaba con un Banco de España que pudiera emitir dinero para ayudar a las entidades de crédito de una manera rápida y sin pasar por el presupuesto, ya que las únicas ayudas posibles eran las presupuestarias y éstas tenían que someterse además a la aprobación de .
  • No existía un único problema referente a la aportación de fondos, sino que el problema es el de no perder súbitamente los que suministraban los acreedores extranjeros, ya que no se era consciente del gran volumen de financiación externa con el que contaban nuestros bancos.

Se han producido numerosos cambios institucionales y legales para poder gestionar de forma adecuada esta crisis bancaria. Hay que destacar la creación del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, conocido con las siglas FROB, en el año 2009, ya que ha sido un instrumento clave para gestionar la reestructuración bancaria a lo largo de estos seis años. Otro instrumento esencial para la reestructuración bancaria es el de avanzar en la transparencia del sector. En el año 2010, cuando el mercado empezó a desconfiar de la banca europea, el Banco de España exigió a las entidades que ofrecieran al mercado información adicional normalizada sobre su exposición al sector de promoción y construcción, desglosando los porcentajes de créditos de dudoso cobro, las garantías y las coberturas constituidas para afrontar su posible deterioro, detallar la información sobre su cartera hipotecaria minorista, valorar sus necesidades de financiación en los mercados y las estrategias de corto, medio y largo plazo que habían puesto en marcha. Labor de transparencia continuada durante estos seis años.

Un indicador del esfuerzo de reestructuración desarrollado durante estos seis años es el aumento extraordinario de los saneamientos de las entidades de crédito desde que se inició la crisis.

Para poder hacer un juicio coherente y racional sobre la reestructuración financiera llevada a cabo en España durante estos seis años, no debemos de hacer comparación de la situación española con la de un país que no ha sufrido crisis bancaria, ya que no sufrieron previamente una burbuja de deuda y España queda en un lugar muy desfavorable. Pero si, por el contrario, buscamos –a efectos comparativos- un país que haya acumulado una burbuja parecida a la española, vemos como los avances conseguidos durante los dos últimos Gobiernos de España son importantes por distintas razones, siendo la más importante el que España ha aportado una menor cantidad de recursos públicos y ha mantenido sin ayudas, sin intervención y sin nacionalización las tres entidades de crédito más importantes del país. Lo que podemos catalogar como el mayor acierto de la reestructuración bancaria española.

Ahora sólo queda esperar que la reestructuración bancaria realizada durante estos últimos seis años sea suficiente, tal y como se ha comprobado en la revisión por parte del BCE de la banca española, superando ésta los stress tests. Y por último, hay que esperar que la confianza vuelva a depositarse en las entidades bancarias, ya que es el factor fundamental para el mantenimiento económico y financiero.