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Autora: Alicia Charco Parra (Alumna de la asignatura “Dirección Financiera”, 4º de Grado en Economía)

La innovación financiera, considerada por muchos como uno de los determinantes de la crisis actual, ha venido de la mano de la gran liberalización a la que se han visto sometidos los mercados financieros internacionales desde el siglo pasado. Este fenómeno liberalizador se concreta en el proceso conocido como la globalización, ante el cual los países crean y difunden unas expectativas que, aparentemente, afectarían de forma favorable a todas las regiones del mundo, en tanto que, todas convergerían hacia un crecimiento sostenido. Sin embargo, ni todos se han beneficiado, ni aquellos que se aprovecharon de los avances, han conseguido las expectativas que se esperaban.

Para empezar, muchos países no sólo no consiguieron adaptarse a las innovaciones sino que incluso su comercio retrocedió, reforzando aún más las posiciones de aquellos más desarrollados y empeorando la situación de los inadaptados. La consecuencia es clara, mientras que otros se aprovechaban y crecían, estos retrocedían, y cuando la crisis llegó, la situación no cambió para los subdesarrollados, puesto que empeoraron aún más. Los países emergentes en cambio, sí que consiguieron mantener sus variables e incluso incrementarlas con la crisis, debido a que los avances financieros no tuvieron presencia en sus mercados financieros. Centrando el estudio en aquellos países más desarrollados, y sobre todo en el conjunto de países europeos, el análisis demuestra que la zona ha retrocedido un gran paso en todos los objetivos que precisamente quería lograr con la adaptación a este fenómeno globalizador. Entre ellos se pueden destacar, no sólo aquellos de carácter económico sino también, algunos que forman parte de la propia identidad europea, como el alcance de una mayor cohesión y coordinación entre los países.

En el momento en que la globalización llegó a los mercados, estos la acataron a partir de continuas innovaciones, cada vez más complejas, y por supuesto, sin ninguna regulación. Países, gobernantes y economistas, comenzaron a pensar en que los mercados liberalizados serían totalmente eficientes para funcionar por sí solos correctamente, e incluso reparar los posibles problemas que de estos pudieran derivarse. Sin embargo, y si algo nos ha enseñado la historia, es que la libertad de maniobra no es buena en un entorno de altas facilidades tecnológicas y económicas. El problema radica en la creencia de situaciones ideales, donde no existen problemas porque hay liquidez, y donde una época expansiva no puede ser precedida por una situación depresiva, donde sociedad y economía caen estrepitosamente. Históricamente estas creencias han venido formando la base de todas las crisis económico financieras, donde la estructura básica de todas sigue siendo la misma, sólo que, los detalles cambian.

Sin embargo, no puede decirse que la innovación financiera acatada en los últimos años por los países haya sido en sí un conjunto de hechos trágicos para la sociedad y la economía actual. Es cierto que, en gran parte, las consecuencias derivadas de su adaptación en los mercados han sido, y son, de gran problemática en la crisis actual, llevando incluso al replanteamiento de la estabilidad del sistema financiero y de la eficacia de la política monetaria. Además, la formación del sistema económico-financiero anterior a la crisis tenía el matiz no sólo de su complejidad y fuerte interrelación con el resto de mercados, si no la rapidez con la que éste se iba adaptando a las innovaciones y con ello a su formación. Pero al fin y al cabo, se sabe que existe una relación directa entre crecimiento y avance económico e innovaciones y emprendimiento. Sólo que, hay que darse cuenta y adaptarse en base a unos pilares consistentes y sólidos, donde las innovaciones no vayan por delante de las regulaciones, y donde las consecuencias que de éstas se derivan no afecten sólo a un grupo concreto de países. Donde los cimientos donde se construyan, sean supervisados y creados con el tiempo necesario para obtener una base fuerte en la que apoyarse. Donde una nueva etapa expansiva no nos haga olvidar de nuevo las situaciones de depresión que sufrimos precisamente por haber olvidado estas situaciones en otras etapas de la historia.

En conclusión, cuando los problemas son tantos y están tan interrelacionados no se puede, sencillamente, intentar taparlos como un bache en la carretera, como hasta ahora se ha venido haciendo, hay que intentar arreglarlos a partir de un nuevo diseño, y ésta es nuestra misión ahora.