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Autora: Mª Luisa Sánchez Rubio (Alumna de la asignatura “Dirección Financiera”, 4º de Grado en Economía)

El director general del Servicio de Estudios del , ha afirmado que las empresas españolas han dejado de llevar a cabo ajustes propios de la época de crisis, puesto que -según el informe de la Central de Balances- la mayoría de empresas han incrementado sus beneficios en un 62,4%. No cabe duda de que éste es un dato positivo, ya que el aumento del beneficio de las empresas debería traducirse en un aumento de los contratos de trabajo por su parte, de modo que la tasa de paro disminuiría. Sin embargo, esto no ha sucedido así.

Los aumentos de beneficios parece que se han destinado a incrementos en el salario de los altos cargos de dichas empresas, en lugar de dedicarse a la contratación de más personas o a incrementar el salario de todos los puestos de trabajo por igual (incluyendo los cargos más bajos de las empresas). Al aumentar los salarios de los trabajadores que ocupan los altos cargos de las empresas -que en la mayoría de los casos suelen ser los propietarios o los accionistas-, estos dispondrán de más dinero para invertir en la empresa y estas inversiones proporcionarán beneficios a las empresas. Se entra en un “círculo vicioso” del que es complicado salir, ya que las empresas obtienen beneficios, pero esos beneficios se destinan a aumentos del salario de determinados empleados y a invertir en la empresa obteniéndose de nuevo beneficios que se destinan otra vez a incrementos salariales de altos cargos y se vuelve a repetir este proceso una y otra vez. De forma que, como se ha puesto de manifiesto desde el inicio de la crisis, los que más han sufrido las consecuencias de la misma han sido los sectores más vulnerables, mientras que los menos vulnerables no se han visto afectados por la misma e incluso se podría afirmar que, en algunos casos, se han visto beneficiados.

Desde el inicio de la crisis hemos oído en muchas ocasiones la siguiente frase: “la crisis ha provocado que los pobres sean más pobres, mientras que los ricos son cada vez más ricos” y, en cierto modo, esta frase es cierta. Según los estudios estadísticos realizados y según las distintas fuentes de información (radio, televisión, periódicos, internet…), la crisis está llegando a su fin y España está comenzando a crecer. Desde el Banco de España se afirma que el PIB español ha crecido un 0,5% en el tercer trimestre del año y que se espera un crecimiento interanual del mismo del 1,6%. Pero, a pesar de este crecimiento, muchas da las familias españolas se encuentran en situación de pobreza.

El PIB es un buen indicador de la situación económica de un país, pero no tiene en cuenta algunos aspectos que también son importantes para analizar su situación. Algunas limitaciones del PIB son, entre otras, su incapacidad para: (1) contabilizar el agotamiento de recursos, (2) tener en cuenta los costes sociales, (3) incorporar pérdidas reales de bienestar, etc. Es esta última limitación del PIB la que más se debería de tener en cuenta. Se dice que en España se está produciendo una recuperación económica, pero para la población más vulnerable esta recuperación aún está muy lejos. Muchas familias en España viven en riesgo de exclusión como consecuencia de la pobreza y con la llegada del invierno la pobreza será aún más elevada. Esto se debe a los altos precios de las energías, que provoca que un 87% de las familias en riesgo de pobreza no puedan encender la calefacción. Además, con la llegada del invierno, no sólo aumenta el gasto en energía de las familias, sino que también aumentan los gastos de material escolar para los niños que algunas de las familias no se pueden permitir.

Todo lo anterior pone de manifiesto que las familias que antes de la crisis eran consideradas de clase media, tras la misma han pasado a ocupar la clase baja con niveles de pobreza, en algunos casos, elevados. Mientras que las familias que antes de la crisis pertenecían a una clase social alta, siguen perteneciendo a la misma. Esto se debe a que, como ya se ha mencionada a lo largo de este artículo, la crisis ha afectado a la clase trabajadora mientras que la clase rica ha aumentado su riqueza. De ahí que cuando se afirma que España está creciendo, este crecimiento no se observe “a pie de calle”, porque en verdad el crecimiento se produce para determinados agentes económicos, que en la mayoría de los casos son las empresas.