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Autor: Jorge Campos Parralejo (Alumno de la signatura: “Dirección Financiera”, 4º de Grado en Economía)

Uno de los principales factores a tener en cuenta por todo gobierno o empresa en la actualidad son los efectos que la producción, el consumo y la economía en general puedan tener sobre el medio ambiente, y por lo tanto sobre las generaciones futuras.

Los gobiernos deben incluir en sus planes un modelo de desarrollo sostenible que incorpore las energías limpias y reduzca el número de emisiones totales de la economía, incorporando leyes que hagan que las empresas, sobre todo las grandes multinacionales, reduzcan su contaminación y apuesten por la sostenibilidad.

Para esto se firmó un protocolo de Kioto por 187 países, cuyo objetivo era reducir el número de emisiones a nivel mundial. Este protocolo ha sido un completo fracaso, ya que las emisiones no sólo no se han reducido, sino que han aumentado más de lo esperado. En el caso de España, que se comprometió a incrementar como máximo sus emisiones un 15% respecto al año base de 1990, su progresión ha sido la siguiente hasta 2008: 1996: 7 %; 1997: 15 %; 1998: 18 %; 1999: 28 %; 2000: 33 %; 2001: 33 %; 2002: 39 %; 2003: 41 %; 2004: 47 %; 2005: 52 %; 2006: 49 %; 2007: 52 %; 2008: 42,7 %. Otros países como , antes de que se le llegaran a exigir las multas que tenía pendiente de pagar, abandonó el protocolo y dio marcha atrás, en el año 2011.

Esto nos permite hacernos una idea del poco compromiso que los países han tomado aun habiendo firmado el protocolo, todo por tener un crecimiento económico cada vez mayor, sin tener en cuenta las consecuencias futuras.

A estos problemas se les intentó poner solución mediante la creación de un mercado de emisiones. Esto quiere decir, que cada país tiene asignado un número de emisiones máximas que puede realizar y países con exceso de emisiones pueden comprar derechos de emisión a países con déficit de emisiones. Esta idea, que en principio solucionaría este problema, ha generado otro de igual importancia. Países grandes con gran capacidad productiva y con necesidad de derechos de emisión, acaparan la producción de otros países, cuyas posibilidades de crecimiento se reducen al perder derechos de emisión.

Ahora,  y EEUU, que entre los dos suman cerca de un 40% de las emisiones, se han reunido el 12 de noviembre y han aprovechado para apalabrar un acuerdo a favor del medio ambiente. Este acuerdo sería idílico, pero siendo realistas es prácticamente imposible que se cumpla a día de hoy.  quiere reducir para 2030 entre un 26 y un 28% sus emisiones respecto al nivel de 2005. Resulta difícil de creer actualmente debido a que es un país donde los Lobbys generan una influencia enorme sobre el gobierno y lo condicionan en la mayoría de sus decisiones.

Por su parte, China se quiere comprometer a aumentar de un 10% actual a un 20% en 2030 el uso de nuevas tecnologías. China tiene su mayor ventaja competitiva en sus bajos costes de producción. Un aumento de las energías renovables podría provocar un aumento de los costes unitarios por producto, por lo que también resulta difícil de creer que se lleve a cabo, ya que con la globalización China crece con la deslocalización de otros países a ella.

La deslocalización puede ser considerada la causa de la globalización –madre y artífice del reciente incremento de las emisiones y la contaminación– y es de gran importancia para entender el problema. Los países desarrollados –y que encabezan la economía mundial– deslocalizan o mueven parte de su proceso productivo a otros países que están en desarrollo, debido a que los costes de producción o costes unitarios son más bajos por varios motivos como pueden ser los bajos salarios.

La deslocalización no sería problema si la tecnología existente en los países en desarrollo fuera igual que la de los países desarrollados y la única diferencia radicara en los salarios. Esto no es así, y las técnicas para producir en los países en desarrollo son mucho más contaminantes que las de los países desarrollados, ya que suelen presentar un uso de combustibles fósiles, como el carbón en el caso chino, que son más contaminantes que las energías renovables que en parte de los países desarrollados están implantándose.

Las grandes multinacionales se aprovechan de la falta de regulación en este aspecto para destruir el medio-ambiente a cambio de incrementar sus beneficios.

Concluyendo, queda guardar una esperanza, que es la de la cumbre mundial del medio-ambiente que tendrá lugar en Paris en el año 2020. Esta cumbre debe ser seria, y alcanzar unos acuerdos firmados y vinculantes, que se cumplan, por parte de los países para que se comprometan realmente a disminuir sus emisiones y cuidar el medio-natural. Pero tampoco podemos esperar a que esta reunión se realice, y debemos empezar ya a actuar y a mirar por la sostenibilidad del planeta con medidas a nivel nacional.