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Autora: M. Inés García Fernández (Alumna de la asignatura “Dirección Financiera”, 4º de Grado en Economía)

En los últimos días se está especulando sobre si estamos caminando hacia una tercera recesión desde que comenzara la crisis en la zona Euro. Y es que el escenario económico mundial no invita al optimismo. Estamos en una fase de estancamiento que parece no tener fin, y de la que parecen no librarse ni las economías emergentes ni la gran , lo que contribuye a aumentar el temor a una tercera recesión y, lo que es peor, a entrar en un círculo vicioso de recesión y estancamiento.

Esta situación nos hace pensar si es necesario un cambio de políticas en la UE. Sería el momento de plantearse la posible contradicción entre consolidación fiscal y crecimiento económico en un contexto de estancamiento y recesión. Sin embargo, tanto las autoridades europeas como las españolas han continuado defendiendo las medidas de austeridad a pesar de la ausencia de los resultados esperados y del impacto recesivo que han ocasionado en la economía española.

¿Por qué los líderes europeos no asumen que las políticas que están imponiendo a los países del  son unas políticas suicidas? ¿Deben los países europeos pagar sus errores del pasado? ¿O nos encontramos frente a unas políticas con más componente ideológico que de realismo?

La respuesta la encontramos en la experiencia pasada de Alemania, a quien las medidas de austeridad no parecieron irle tan mal a finales de la década de los 90 y años previos a la crisis. En este caso la reducción del déficit público no resultó recesiva. ¿Por que? Porque las medidas de reducción del déficit fueron acompañadas de una expansión del crédito y la liquidez, gracias al entonces condescendiente BCE que permitió una política monetaria más flexible. En nuestro caso, el contexto es diferente. Los países del sur de Europa -entre ellos España- se encuentran atados de pies y manos ante una política monetaria muy rígida del BCE. Nos vemos sometidos a una política de austeridad sin una política monetaria que compense los efectos de la reducción del déficit, lo que ha hecho profundizar la recesión, contrayendo la demanda, aumentando el desempleo y elevando el ratio de Déficit publico/PIB, es decir, consiguiendo un efecto contrario al esperado.

Aun así, hay quienes se atreven a hablar de recuperación económica, con tasas de crecimiento que aun rozando el estancamiento, están apoyadas en el sector servicios y en la demanda externa, y con uno de los mayores niveles de desempleo de la UE. No podremos hablar de recuperación hasta que no se refleje en el conjunto de la población mediante la creación de empleo, el aumento del poder adquisitivo y la recuperación de las prestaciones públicas sacrificadas en favor de la consolidación fiscal.

Sólo nos queda la esperanza de que Alemania admita que sus políticas contractivas no han causado los efectos esperados y que están llegando a ir en su perjuicio, poniendo en peligro de nuevo la economía europea ante el riesgo de una tercera recesión.