El panorama electoral se encuentra inmerso en una regeneración política, cuanto menos necesaria. El bipartidismo está abocado al fracaso y los cotidianos casos de corrupción y el descontento de la sociedad han originado el surgimiento de nuevos partidos y la regeneración de los mismos.

El PSOE en manos de  (o Pdr Snchz) busca despertar el espíritu de los años 80, cuando el carisma de  bastó. A veces, una cara bonita no es suficiente y un tal  podría pasar a la historia, y, esta vez, no será por haber fundado dicho partido.

Pablo Iglesias, líder de Podemos, podría pasar bajo el lema publicitario: ¿qué tienen los hombres en la cabeza? Pues eso, de todo menos casta. Un discurso demagogo y un programa utópico se coloca entre los partidos con una mayor intención de voto, según las últimas encuestas del CIS.

Izquierda Unida, cada vez con menos fuerza entre la izquierda española, ha visto como un nuevo partido político (Podemos) ha usurpado el trono que creían legítimo, como segunda fuerza política de izquierdas. El tardío relevo en Alberto Garzón por parte de  se prevé insuficiente y llega tarde.

Mientras tanto, el PP lejos de reaccionar ante los escándalos de corrupción ve cómo los votantes se le escapan. La única “renovación” de este partido podría venir de un personaje digno de guion de película española: “el pequeño Nicolás”. UPyD y Ciudadanos (C`s) se frotan las manos y dan la bienvenida a aquellos votantes descontentos de la derecha.

 (UPyD) y su afán de protagonismo han desestimado un pacto con la formación de  (Ciudadanos). Este último partido se muestra como el más valorado en las redes sociales.

El voto por descontento será el protagonista de las próximas elecciones, lo cual explica el vertiginoso crecimiento de Podemos. El poder de oratoria de su líder y la campaña llevada a cabo en los medios lo han aupado a las primeras posiciones de las encuestas. Lejos de discutir los beneficios y perjuicios de una hipotética victoria, lo que queda claro es que ha revolucionado el panorama político español.

En muchos países, dónde la poligamia no está muy bien vista, se dice aquello de que: “tres son multitud”. En la sociedad española parecía haberse inculcado este dicho en relación a la política, y podría darse el caso de que se fuera más fiel a un partido político que a la propia pareja sentimental. Sin embargo, tras las elecciones europeas, esta idea preconcebida del bipartidismo parece haberse desmontado y, en beneficio de los ciudadanos, tres no serán multitud.