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Autor: David Sales Carrión (Alumno de la asignatura “Dirección Financiera”, 4º de Grado en Economía)

El sector del automóvil tiene una importancia estratégica para la economía española, ya que representa el 10% del  (PIB) y el 17,7% del total de las exportaciones. Además, el sector genera aproximadamente 300.000 empleos directos y más de 2 millones de indirectos. También es de destacar el elevado índice de inversión en I+D del sector –unos 1.600 millones de euros-, lo que coloca a las fábricas españolas a la vanguardia de la industria por su alto grado de automatización.

España –con sus 17 plantas de un total de 169 fábricas en – es el segundo mayor fabricante de automóviles de Europa y el noveno mundial. España exporta el 87,4% de los vehículos que fabrica (1.980.000 unidades), mientras que importa el 65% de los vehículos que matricula (aproximadamente medio millón). Este mayor peso de las exportaciones lleva a que el binomio comercial entre mercado interior y exportaciones se esté desequilibrando de manera insostenible. El alto porcentaje de unidades destinadas al mercado exterior está haciendo peligrar la localización de algunas fábricas en nuestro país, ya que éstas dependen de la coyuntura del mercado internacional para su viabilidad, puesto que no pueden nutrirse de la demanda interior. El hecho de que España se encuentre a una distancia de entre 1.200 y 1.700 Km. del centro de gravedad de la demanda de vehículos en Europa no ayuda tampoco a la situación, penalizando en términos de costes a la industria española.

Ante esta situación el ejecutivo movió ficha y en octubre de 2012 aprobó el Programa de Incentivos para los Vehículos eficientes, el PLAN PIVE. Este plan se ha ido prorrogando hasta la actualidad, invirtiéndose 715 millones de euros y teniendo aprobados en los Presupuestos Generales del Estado otros 175 millones más para seguir con las ayudas.

No cabe duda de que estas inversiones han dado sus frutos y que el sector ha respondido -como se esperaba- muy positivamente, ya que se calcula que la recaudación fiscal inducida ha sido de 2.078 millones de euros y las matriculaciones derivadas de estos planes ascienden a 1.087.487 unidades.

A pesar de la buena acogida de los planes, no dejan de ser una medida coyuntural y tanto los consumidores como los productores saben que tiene fecha de caducidad. Así pues, desde las principales asociaciones de empresarios del sector y particularmente desde ANFAC ( y Camiones) se aboga por dar un paso más hacia la dinamización del sector, para conseguir el mercado interior que por renta y por población se merece España.

Las diversas propuestas que las mencionadas asociaciones le han hecho llegar al gobierno van desde medidas más concretas en el sector, como pueden ser: (1) mantener los programas de incentivos, (2) no fijar fecha concreta de conclusión para no generar nuevas distorsiones en el mercado en las fechas cercanas a su finalización, (3) endurecer los requisitos en la ITV para tener un parque automovilístico más seguro y menos contaminante, (4) la liquidación del impuesto de matriculación desde los concesionarios de manera particular…; hasta medidas más generales de las que se podrían beneficiar todas las sociedades y que, a fin de cuentas, dinamizarían la economía en su conjunto, como pueden ser: (5) la reducción del impuesto sobre sociedades, (6) mayores facilidades para nuevas contrataciones por medio de rebajas en la Seguridad Social, (7) ayuda a la financiación y (8) otras medidas relacionadas con el IRPF.

Una de las cosas que nos ha enseñado la crisis económica que estamos padeciendo es que no se puede volcar todo el peso de la economía en un único sector que no tiene posibilidades exportadoras. Aunque es verdad que España en su historia reciente es un país principalmente turístico que obtiene gran parte de sus beneficios derivados de la explotación de este sector, en la época anterior a la crisis nuestro crecimiento se basó en el sector de la construcción, con las consecuencias que ya conocemos. Pues bien, en la actualidad se nos está presentando una gran oportunidad. Hay que aprender de los errores y apoyarnos en otro gran sector, pero esta vez sí con grandes posibilidades exportadoras, donde las innovaciones están a la orden del día y donde la demanda de trabajo es muy cualificada. No dejemos de lado a los fabricantes que han confiado en nosotros, que nos han colocado en una situación envidiable para nuestros competidores europeos, y no les pongamos más fácil la idea de trasladar las fábricas.