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Autora: Silvia López Garrido (Alumna de la asignatura “Dirección Financiera”, 4º de Grado en Economía)

Bajo los últimos informes realizados por  destaca que la deflación en una economía sana no es un problema, más bien al contrario, pero sí lo es en economías desequilibradas. La deflación es un fenómeno especialmente negativo en los países con alta deuda, de ahí que las fuertes bajadas de las tasas de inflación vividas en España empiecen a preocupar a las autoridades europeas. España es una economía con mucha deuda y el efecto automático que tiene la deflación sobre ella puede aumentar su desequilibrio.

Esta deflación implica, por lo general, bajadas de precios y del gasto agregado que afectan negativamente a la actividad y al empleo. La crisis genera efectos negativos adicionales sobre la riqueza, y aumenta la incertidumbre y la inseguridad. Un descenso significativo de los precios conduce a aumentos de los tipos de interés reales, incluso manteniéndose reducidos los tipos de interés nominales, lo que hunde más la demanda y la actividad.

En una situación de elevado endeudamiento público, el mejor instrumento para luchar contra la deflación es la política monetaria. En el caso de la Eurozona, los bajos ritmos de inflación –inferiores a las previsiones en el primer trimestre de 2014- han alejado cada vez más a los precios del objetivo del 2% de variación anual, llegando incluso a plantearse una posible deflación en dicha área económica. Esta situación ha hecho que se ponga toda la atención sobre las posibles políticas realizadas por el , donde los márgenes de reducción de los tipos de interés resultan muy limitados, pues el tipo de intervención está situado en el 0,25%.

Además, cuando las economías están muy endeudadas, tener una tasa de inflación inferior al 1% puede plantear problemas, ya que la deflación aumenta el valor real de la deuda.

Para entender bien cómo la deflación está afectando a nuestra economía, es necesario destacar la importancia que tiene tanto el PIB nominal como el PIB real. En una situación actual de deflación –como la nuestra-, el PIB real no es una magnitud representativa de la realidad, sino el PIB nominal. Por tanto, el afirmar que el PIB real ha crecido o disminuido no constituye una imagen fiel de la realidad.

La situación está empeorando, el consumo y la inversión se están desinflando, el índice de producción industrial de julio cayó un 3% con una clara tendencia al descenso, al igual que ocurre en el sector servicios, y las afiliaciones a la Seguridad Social se desaceleran. Parece, por tanto, que no hemos entrado en la senda de la recuperación como afirma el , sino todo lo contrario. Lo mismo sucede cuando se crean puestos de trabajo de un número de horas semanales inferior al de los puestos que se destruyen. En ese caso, se están eliminando horas de empleo en términos netos.

Es interesante recordar que la combinación de deuda y deflación fue, como demostró la UE, la causa esencial de la Gran Depresión. Expusieron cómo esta combinación letal fue la que convirtió una recesión no demasiado severa en una gran depresión. Cuando en un país fuertemente endeudado como España –la deuda total, pública y privada, supera ya el 450% del PIB- se produce una deflación, la situación se agrava. Empresas familias y Banca, y Gobierno ven más difícil hacer frente al pago de la deuda, pues el país se empobrece y los tipos de interés efectivos se elevan.

Finalmente, destacar que nuestra deuda no para de crecer, pues seguimos gastando por encima de nuestras posibilidades. Si medimos la deuda total, es decir, lo que de verdad se debe o pasivos en circulación, ésta ha aumentado desde finales de 2011 hasta el primer trimestre de 2014 en 465.835 millones de euros.

Por tanto, ante esta realidad, se debe abordar la cuestión de que esta situación es insostenible para nuestra nación y es necesario actuar para conseguir un futuro mejor.