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Autora: Laura Sánchez Tárraga (Alumna de la asignatura “Dirección Financiera”, 4º de Grado en Economía)

En los años noventa, debido a las presiones de bancos y fondos de inversión sobre los políticos de  y Gran , la normativa sobre mercados de productos básicos fue abolida. Así, contratos de compra y venta de alimentos se convirtieron en “derivados” que podían ser comprados y vendidos entre comerciantes que no tenían nada que ver con la agricultura. De esa forma nació un nuevo mercado irreal: el de la “especulación alimentaria”. Cacao, trigo, maíz, azúcar, arroz, la carne, el café, y otros productos básicos, son ahora productos del mercado mundial, junto con el petróleo, el oro y los metales. Los inversores trataban de asegurarse precios futuros ante la incertidumbre de los mercados agrícolas mundiales, causando crisis alimentarias, una tras otra, sin que nada se haya hecho para prevenir nuevas crisis. Hoy en día, entre un 70% y un 80% del negocio alimentario está basado en la especulación. Tras la crisis hipotecaria de 2008, y la fuerte caída del petróleo en este mismo año, los alimentos se convirtieron de nuevo en un punto de mira para los especuladores. Los técnicos y expertos financieros observaron un corte al alza en los alimentos, que animaba a invertir. Como consecuencia de ello, estos especuladores ganan miles de millones mientras causan el hambre y la miseria en muchos puntos del planeta. Se aprovechan de lo que la microeconomía define como productos con demanda inelástica, es decir, que la variación del precio no afecta a la cantidad demandada, pues no podemos prescindir del consumo de los alimentos básicos, y menos en el tercer mundo, cuyas dietas se reducen a esos productos. A finales del año 2010 los precios de maíz, trigo, cebada y soja se situaban un 91% más altos que al comienzo del año. En 2011 y 2012 siguen aumentando esos precios, los primeros meses de 2013 los precios de los productos básicos bajaron, pero siguen siendo inaccesibles para gran parte de los habitantes del planeta.

Los periódicos, e incluso la FAO ( para la Agricultura y la Alimentación) explican esa inflación como una inflación de demanda (porque ha aumentando la demanda al existir condiciones meteorológicas adversas que causaron malas cosechas, al aumentar el consumo de carne -alimentada con cereales- y por la elaboración de biocombustible con maíz y azúcar). Pero no son éstas las únicas causas, la mayor parte de los incrementos desorbitados son por la especulación financiera. A finales de 2009 las reservas de cereales se habían recuperado y los precios del petróleo descendieron, mientras que los precios de los alimentos, por contra, seguían aumentando, lo que evidencia que no sólo esas eran las causas del alza de los alimentos.

Lo peor de todo es que no solo son brokers y experimentados agentes especuladores los que contribuyen a la causa del hambre; muchos bancos, tanto nacionales como internacionales, ofrecen a los pequeños inversores un “Déposito 100% natural”, animando a pequeños inversores a beneficiarse del alza del azúcar, el café y el maíz. Estos mismos bancos presumen de hacer obras sociales. Además de ofertar estos “atractivos productos”; con nuestros depósitos, muchos bancos invierten nuestro dinero en estos mismos fines poco éticos y sin nuestro permiso.

De Junio de 2010 a Febrero de 2011, según el , otros 44 millones de personas han caído en la pobreza extrema solo a causa del incremento de los precios de los alimentos. Es notoria, por tanto, la gran necesidad de regulación del sistema financiero mundial. Además, debería existir una tasa a las transacciones financieras (tasa Tobin) para aumentar la justicia redistributiva y tratar de reducir la especulación. También se debería luchar contra los paraísos fiscales y prohibir que se juegue como un activo más en bolsa los productos básicos y la vivienda, ya que, esas acciones constituyen una violación de los derechos humanos y están en contra de lo que dicen las Constituciones de la mayoría de los países occidentales, que pretenden hacer accesible la alimentación y la vivienda. Los inversores, los agentes especuladores y la banca, se centran en su beneficio individual y en maximizar su riqueza, sin importar qué derechos humanos estén violando, ni cuántas muertes puedan causar sus movimientos en bolsa, o los productos que sus bancos ofrecen. Por ello, hay que ponerles freno de alguna manera, regulando el sistema financiero; o cada vez se enriquecerán más en perjuicio de los derechos y el bienestar de muchas personas.