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Autor: Álvaro López López (Alumno de la asignatura “Dirección Financiera”, 4º curso del Grado en Economía)

La palabra emprendedor ha tomado mucha importancia en los últimos años. Tal es así que debido a la actual crisis económica, se hace imprescindible la generación de nuevas ideas por parte de las empresas o particulares que quieran montar un nuevo negocio con el fin de crecer o simplemente salir adelante. Los altos niveles de desempleo, y la baja calidad de los empleos existentes, han provocado en las personas, la necesidad de iniciar sus propios negocios, y pasar de ser empleados a empleadores.

La generación de una nueva idea necesita un apoyo, unas bases fundamentales que prueben que ésta puede dar al emprendedor beneficios, siendo fundamental su difusión, actualmente centrada, sobre todo, en las redes sociales, capaces de llegar cada vez a más gente. Sin embargo, la esperanza de vida de las pequeñas empresas emprendedoras suele ser reducida y por muy innovadora que sea una idea, es preciso contar con experiencia, conocer bien el sector del bien o servicio ofrecido, que te agrade desde el principio y ser consciente de la presión que se soporta al innovar, pues tu trabajo afecta a los empleados que estén a tu disposición, dependiendo de ti y, sobre todo, encontrar una financiación de alguien que se implique y que lidere, por decirlo de alguna manera, el proyecto a desarrollar.

De esta forma, en el emprendimiento se hace fundamental la capacidad innovadora, con el fin de seguir creciendo. Las empresas pioneras actualmente puede quedarse obsoletas dentro de un tiempo si no son capaces de mejorar y adaptarse a las necesidades de la población, de un mundo que se encuentra en constante cambio. En este contexto tan variable es fundamental aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado y combatir las amenazas que se presentan referentes a la entrada de nuevos competidores.

Sin embargo, para el emprendedor que comienza un nuevo proyecto con un fin económico o incluso social, se hace fundamental ser decidido, estar seguro de la idea a desarrollar y, sobre todo, audaz a la hora de comenzar en las relaciones con otros agentes implicados en el sector. Es necesario tener una visión, que implica guiar, controlar y alentar a toda la organización implicada en su conjunto para alcanzar el estado deseable de la organización en los próximos años.

Por otra parte, dada la creciente importancia del emprendimiento, los gobiernos de diversos países han iniciado programas de apoyo a emprendedores, para ayudarles en su propósito de crear su propio negocio, reduciendo las trabas administrativas a la hora de crear negocios y concediendo facilidades a la financiación.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el emprendimiento afecta directamente a la vida personal del emprendedor de forma importante. El emprendedor tiene que dedicarle a su trabajo más tiempo que una jornada laboral de ocho horas, por lo que éste debe tomar conciencia de ello antes de poner en marcha el proyecto. Además, el emprendedor tiene que implicarse en todos los problemas de la empresa, no como sus empleados, lo que afecta en mayor medida a la vida personal, siendo inevitable llevar el trabajo a casa.

Por ello, resulta fundamental que el emprendedor posea un carácter especial donde la ilusión sea el impulso principal de la iniciativa; sin ella, no habrá recompensa, ni personal ni de otro tipo. El emprendedor debe ver la iniciativa como una oportunidad de hacer lo que le gusta y obtener un beneficio, fruto del esfuerzo y la capacidad para salir adelante.

La motivación es la base de todo emprendedor y si se tiene una buena idea, ¿por qué no convertir esa idea en una realidad? Termino el artículo con una frase de motivación de un hombre que llevó a cabo la realización de su idea y actualmente, el éxito que ha tenido es incuestionable:

“El mayor riesgo es no asumir ningún riesgo. En un mundo que cambia realmente rápido, la única estrategia en la que el fracaso está garantizado es no asumir riesgos”.-