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Autor: Dimas Sánchez de la Morena de la Torre

No nos engañemos, las bolsas suben embriagadas por la liquidez inyectada a través de los bancos centrales y unos tipos de interés por los suelos, principalmente USA, UE,  y Reino Unido, pero los beneficios empresariales están en el punto de mira, puesto que no parece que sus resultados se vayan a corresponder con tal alegría en los mercados de renta variable, y esto cada vez suena más a problemas para el crecimiento económico, cuando llegue el día que la barra libre no dé para más.

Los dos grandes dj’s invitados son el BCE y la FED. El primero siempre está “ready to act” aunque siempre actúa por sorpresa (3/70 analistas de  esperaban una bajada de tipos por parte del Sr. Draghi la semana pasada, alegando que esperaría a sus cifras económicas de finales de noviembre para tomar una decisión). El segundo siempre está “ready to tapering”(reducir el volumen de compras de deuda pública e hipotecaria de 85bill que lleva a cabo al mes para inyectar liquidez en la economía americana), aunque luego siempre se queda en una amenaza (se compran dólares, se vende treasury americano y la bolsa titubea, y vuelta a la normalidad en unos días). Y es que en USA las cuentas atrás (“shutdown”) y las negociaciones hasta el último minuto (“debt ceiling”) para salvar América gustan más que una hamburguesa en Brooklyn, pero no contribuye nada a la cordura de los mercados.

No obstante, centrémonos en ese 0,25% establecido por el BCE. En principio, esto supone un alivio en las hipotecas de los hogares, ya que la mayoría están referenciadas al Euribor. Además relaja los costes de financiación para las empresas a la hora de devolver su deuda o pedir un crédito, lo que daría tregua a su constante ahogo. Otra cuestión, es que la periferia europea se va a financiar más barato ( e  por ejemplo), esto favorece el riesgo para su deuda. Además, el diferencial de la inflación núcleo vs periferia se estrecharía, lo cual es bueno para eso que llaman Unión Europea. El otro gran punto es que en teoría, se favorecen las exportaciones de la economía europea, aunque éste merece algún que otro matiz, no sin antes estudiar las implicaciones grises, que también las hay, de la bajada de tipos.

Con esta bajada ya se oyen voces acusando a Dragui de favorecer los costes de financiación de Italia (su país natal). Esto no es excesivamente relevante, pero potencia la vuelta al debate del sentimiento europeísta y solidaridad como tal, lo cual no es la primera vez que distorsiona aún más las primas de riesgo y el proyecto euro.

Por otro lado, con unos tipos de interés próximos a cero, vayas LTRO’s a las espaldas y la remuneración de los depósitos a cero para la banca, parece que al BCE se le acaban las herramientas para hacer mucho más (a no ser que se cambie la ley en lo que respecta a la permisión de compras de deuda por parte del BCE, pero esto lanza un mensaje de debilidad, y el remedio puede ser peor que la enfermedad). Por otra parte, la bajada de tipos, está encaminada a estimular la inflación tras el mal dato cosechado por la eurozona. Sin embargo, esto es perjudicial para el precio de las materias primas y la energía, lo cual afecta considerablemente a .

Por tanto, es atrevido afirmar que las bolsas suben porque la macroeconomía haya mejorado. Y no hablemos de la microeconomía, la gran olvidada, que es más grave, porque yo pienso que cualquier montaña (macro) se construye con granos de arena (micro) y si eso no ocurre, estamos construyendo algo así como un gigante con pies de barro. Los estadísticos, expertos, analistas y algún que otro gurú están continuamente preocupados por los datos macro en la agenda económica de cada día. No obstante, cómo vamos a potenciar el consumo, la inversión y el gasto si el 90% del tejido empresarial español son pymes (pequeñas y medianas empresas) cuya deuda no se refinancia, no se les concede crédito, la presión fiscal les ahoga y la demanda interna está cada vez más débil.

Y volvamos al último pilar de la ecuación macroeconómica, las exportaciones. Nuestro as en la manga en los últimos tiempos, teniendo en cuenta que ya no podemos devaluar nuestra moneda. El sector exterior ha emergido con fuerza devolviendo esperanza a España. Algunos altos cargos afirman que la crisis está terminando y que está entrando bastante capital en el país. Además, una importante fuerza extranjera está comprando vivienda en España.

Son signos de mejora, es evidente, pero no queramos correr antes de andar. Hasta ahora hemos hablado de la salud de la economía financiera, pero el principal problema de España está en el trasvase a la economía real. El desempleo (y lo que es peor, el desempleo juvenil) es dramático y el grifo del crédito sigue y seguirá cerrado, porque los banco no trasladan la liquidez que reciben, sino que la dedican a aprovisionar sus balances de cara a los próximos stress test y exigencias de capital. Además, el crecimiento de las exportaciones no está motivado por una mejora en competitividad a través de I+D o de la demanda (de hecho la demanda interna está débil), sino mediante la reducción de las masas salariales y la infrautilización de nuestra capacidad productiva. Esto unido a posibles aumentos del coste de la energía para un país dependiente como el nuestro, supone un obstáculo a un crecimiento real y sostenido.

En cualquier caso, a pesar del repunte de esperanza, la noche parece eterna, hay barra libre y un 28% de los españoles en riesgo de pobreza, y un día de estos nuestros dj’s invitados se marcharán de la fiesta. Deberíamos aplicar aquello del chartismo que dice: si la línea no va al precio, el precio irá a la línea.