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Autor: Jesús Ortuño Jimeno (Estudiante de la asignatura “Dirección Financiera” de 4º curso del título de Grado en Economía)

Todo aquel que tenga por costumbre el seguimiento de la actualidad nacional no habrá podido evitar oír hablar de lo que se ha convertido en el “pan tumaca” nuestro de cada día. El nacionalismo catalán ha permanecido, prácticamente desde el comienzo de la Transición, como una espada de Damocles sobre la unidad del país y la Constitución Española menguando o retrasando su amenaza a cambio de continuas cesiones políticas y económicas por parte de los distintos gobiernos centrales.

Pues bien, ese hilo que mantenía relativamente estable la situación o que, al menos, permitía a los responsables de turno poder mirar para otro lado, parece estar a punto de romperse. Y la solución al problema no pasa por aumentar cuantitativamente la causa que lo provoca, es decir, por seguirconcediendo a Cataluña un objetivo de déficit a la carta que le dé privilegios frente a otras comunidades que también pagan impuestos equivalentes. La pésima gestión económica que esta Comunidad Autónoma ha recibido de sus anteriores gobiernos no debe ser algo que tengan que pagar todos los españoles y menos aún cuando desde el gobierno de la Generalitat se utiliza como excusa el “ nos roba”. A pesar de todo, si el sistema de financiación autonómica realmente no es justo, no creo que hubiese enormes problemas en modificarlo para que sirva al que debe ser su objetivo básico, que cada ciudadano (porque son ellos los que cotizan y no los territorios), independientemente del lugar de España donde vida, pague unos impuestos justos. Pero, cualquiera que no quiera taparse los ojos sabe que ése no es el verdadero problema, sino un pretexto más o, como diría , un “agravio” para la causa nacionalista que puede serles muy útil para que la independencia la acabe financiando todo el Estado.

No se puede entender lo que ocurre si se deja a un lado la mentalidad nacionalista, esto es, la idea de tapar con una bonita bandera (que no es monopolio de Cataluña, sino de todas aquellas comunidades que pertenecieron a la corona de Aragón) todas las bajezas y problemas sociales ocasionados precisamente por aquellos que lideran el proyecto secesionista. El orden de prioridades nacionalista puede apreciarse en medidas como la de mantener embajadas catalanas en importantes ciudades como  o  mientras se estima que unos 50000 niños sufren malnutrición en la comunidad o de dedicar nada menos que 3000 millones de euros a financiar TV3 en los últimos 5 años cuando un 29,5% de los catalanes vive en riesgo de exclusión social.

Y, hablando de la televisión pública catalana, es interesante mencionar que abarca hasta seis canales distintos (TV3, 3/24, C33/Super3, Sport 3, TV3 HD y la radio) ocupados, en gran parte, en la difusión de la propaganda nacionalista. Y puede apreciarse su alto grado de independencia y neutralidad observando que dedicaron 15 horas de emisión a seguir la llamada “cadena humana catalana”, mientras que a la concentración del 12 de Octubre mandaron a una reportera a retransmitir durante cinco minutos cuando ya no quedaba casi nadie. Por no hablar de su principal medio de propaganda hacia el exterior, es decir, el F.C. . Si bien es cierto que hay poco que reprocharle en el rendimiento deportivo, la cosa cambia cuando se trata del posicionamiento político, especialmente el de su presidente, , que utiliza su cargo como altavoz nacionalista cuando se trata de algo que está completamente fuera de sus funciones y que, además, aleja a muchos aficionados del Barça que simplemente piensan de otra manera.

La otra gran cortina de humo que continuamente utilizan los defensores del separatismo es el llamado “derecho a decidir”. Prácticamente a diario pueden oírse declaraciones de algún nacionalista en las que se llena la boca con la palabra democracia (y, ya se sabe, el autoritario Estado español tiene miedo a la libertad y todavía, después de siglos, ejerce su dominio imperialista sobre Cataluña…). Es ésta una falacia que merece mención, ya que, según un separatista catalán, la democracia significa que se pueda elegir lo que sea, como sea y cuando sea. Da igual saltarse por completo el marco legal y, ya de paso, imponer a las minorías (suponiendo que lo sean) algo tan elemental como permanecer en el Estado que desean. Además del hecho de dar por sentado que sólo los catalanes deberían ser llamados a esa supuesta consulta como si una separación no fuese a afectar a la situación económica de un señor de  o como si otro de  no hubiese contribuido a pagar el AVE a Barcelona, entre otras muchas cosas.

La situación parlamentaria fue, hace unos días, el mejor espejo posible de la realidad catalana cuando a un diputado de Ciutadans no se le permitió contestar a una declaración en la que se había comparado su posición política con el fascismo (cosa muy usual, por cierto, para descalificar a todo aquel que defienda la unidad de España con la ley en la mano y el sentido común en los argumentos). Este grupo, seguido del PPC, tuvo que abandonar el parlamento. Cosa bien distinta hizo el PSC, que anda perdido en la defensa de un “modelo federal” para una nación que ya tiene un notable nivel de descentralización. No parece aprender del duro golpe electoral sufrido en las últimas elecciones (donde ha perdido escaños al tiempo que los ganaba ERC) o de las sensatas discrepancias que han declarado tanto figuras históricas socialistas como  o el exministro  (instando a Rubalcaba a crear un nuevo PSOE en Cataluña) como nuevos líderes como la presidenta de Andalucía, .

En definitiva, el rumbo de la política catalana es el marcado por un partido que acusa de mala gestión teniendo su propia sede embargada por corrupción (por no mencionar el caso , el enriquecimiento acelerado de la familia Puyol, etc.) y da lecciones de democracia aceptando el asesoramiento de personas cercanas al terrorismo etarra.

Se trata de la constatación de que el nacionalismo crea monstruos y de la pérdida de la noción del patriotismo entendida como el amor a un país por ser la fuente y garantía de libertad de cada individuo para desarrollar su vida y metas personales en un ambiente de convivencia y armonía con el resto. Y esa libertad implicaría no tener que censurar una lengua en favor de la otra ni en las instituciones públicas ni en los negocios privados. Es curioso pensar cómo, de cuarenta años atrás hasta hoy, se han cambiado los papeles entre los perseguidores de una lengua y los perseguidos.

Así pues, debemos seguir atentos a los distintos episodios que están todavía por llegar y que, lamentablemente, serán la consecuencia de lo que ya es, antes de serlo toda España, una Cataluña invertebrada.