La economía de los países desarrollados ha experimentado cambios en los últimos cinco años. En nuestro país, concretamente, este cambio coincide con el estallido de la burbuja inmobiliaria que junto a la crisis bancaria nos ha llevado a cambiar el ritmo de ámbitos como el trabajo (paro, congelación de salarios…) o la vivienda (denegación de préstamos, incremento de intereses…). Pero lo que nos debemos preguntar es, ¿de qué modo está afectando esto a nuestra forma de vida? Una crisis trae inestabilidad económica, lo que hace tener miedo por lo que pueda pasar en el futuro, de modo que nuestro consumo varía.

La mentalidad de los ciudadanos ha cambiado, nace el nuevo ahorrador debido a la incertidumbre laboral de los trabajadores o personas en edad de trabajar que buscan un empleo, los cuales adaptan sus hábitos a estos tiempos difíciles, planificando todos sus recursos. Varias encuestas nos informan de que aproximadamente un 71% ha reducido el gasto en bares y restaurantes, un 46% ha dejado de viajar o que un 23% ya no va al dentista. Esta situación también se vive en la calle, día tras día escuchamos frases como, “ahora los amigos nos reunimos en casa”, “ahora compro marca blanca” o simplemente la búsqueda continua de ofertas y descuentos. Por esta razón, podremos decir que nos hemos vuelto menos consumistas. Aunque, no es que no consumamos, sino cada vez más gente se da cuenta de que hay formas de consumo más responsables.

Según datos del INE, el uso de transportes público ha descendido. Por el contrario, se ha disparado la venta de bicicletas o se comparte coche con el fin de reducir gastos. Otro tema interesante es la concepción de la sociedad sobre el cambio climático y conciencia ecológica, cada vez son más las prácticas de reciclaje o la utilización de utensilios sin uso para crear otros productos con utilidad diferente. Pero sin duda el dato más curioso ha sido el aumento en el último año de casi un 60% en las compras por Internet, según los datos del Informe de Comercio Electrónico. Las redes sociales y diferentes plataformas permiten personalizar tus compras y vender tus propias cosas. Igual ha pasado con los productos de segunda mano, a medida que se conocen las alternativas, la gente confía y se demandan más. Sin duda alguna, una mayor concienciación de la sociedad, nos permite optimizar los recursos.