Pero ¿cuál es el factor más determinante en la satisfacción y el compromiso de una persona con la organización, sea pública o privada que le paga?. Indistintamente que esta pregunta se haga en cualquier país del mundo, cualquier sector o tamaño de empresa privada u organismo público, la respuesta mayoritaria es la relación que se mantiene con tu jefe inmediato, a cualquiera de los niveles, desde la base hasta la cúpula, la calidad del liderazgo condiciona de una forma determinante la satisfacción de una persona en su lugar de trabajo, no importa que una empresa instituya remuneraciones atractivas, desarrolle un ambiente estimulante, políticas de conciliación de la vida familiar o un carrera profesional interesante, los malos jefes anulan los efectos positivos de estas otras inversiones.

Pues bien, el propósito de este artículo es hacer un repaso de los principales errores que los jefes, líderes o responsables de equipos cometen en su labor, la mayor parte son errores de omisión, y que conducen a que los empleados no den lo mejor de sí mismos en beneficio de la organización que les remunera. Ordenados de mayor a menor importancia deseo resaltar los siguientes:

1. Incapacidad para INSPIRAR y transmitir la suficiente ENERGÍA y ENTUSIASMO.

Un jefe tiene la obligación de mejorar constantemente a su equipo, utilizando cada encuentro como una oportunidad para asesorar, guiar, ayudar, evaluar y conseguir así que las personas que componen el mismo mejoren cada día la calidad de su trabajo, dando confianza, cuidado y reconocimiento.

2. Aceptación de un DESEMPEÑO MEDIOCRE en lugar de excelentes resultados.

Evitar unos resultados mediocres de un equipo exige definir correctamente el concepto de “éxito “. A su vez los objetivos marcados deben ser realistas, de lo contrario consiguen el efecto contrario al propuesto inicialmente, es decir, nadie se esforzará lo suficiente si se consideran fuera de alcance.

3. Una falta de VISIÓN, PRINCIPIOS y DIRECCIÓN claras.

Los principios y la visión del negocio tiene que ser vividos y respirados por el conjunto de la organización. Tiene que ser transmitida por todos los niveles y llegar hasta la misma base. Así todos sus integrantes compartirán la misma unidad de propósito. Es la columna vertebral de la empresa.

Los malos jefes mantienen una turbia visión del futuro, no conocen qué dirección coger, y no se muestran dispuestos a comunicar nada acerca del futuro, dejando a sus subordinados sin un camino claro. No conocen o no comparten la visión global de su compañía.

4. Falta de INTEGRIDAD y AUTENTICIDAD.

La falta de integridad es la capacidad para decir una cosa y hacer lo contrario. Es muy difícil seguir a una persona que manifiesta un comportamiento hipócrita. Es frustrante ir a trabajar cada día y preguntarse si tu jefe está ocultándote la verdad.

La autenticidad es la capacidad para mostrarse tal y como eres ante tus subordinados, con tus virtudes pero también con tus defectos, es decir con absoluta honestidad.

5. Incapacidad para mejorar y APRENDER de los ERRORES.

Todo dirigente comete errores, tropieza y cae. La pregunta es si es capaz de aprender de la experiencia, levantarse y seguir caminando con convicción y confianza renovada.  empresarial actual tira de su silla a cualquier dirigente más de un vez a lo largo de su vida profesional.

6. Incapacidad para LIDERAR LOS CAMBIOS o innovar debido a las resistencias hacia las nuevas ideas.

Este defecto es propio de los jefes que manifiestan poca confianza en si mismos. Existe una línea muy delgada entre la arrogancia y una gran confianza en sí mismo. La prueba verdadera de la autoconfianza es el valor abierto de acoger los cambios y las nuevas ideas independientemente de cuál sea su fuente. Las personas así no temen que sus opiniones sean cuestionadas, disfrutan del combate intelectual que enriquece sus ideas, no temen ser como son y nunca temen demostrarlo.

7. Incapacidad para promover y DESARROLLAR a otras PERSONAS.

Las empresas que se mueven en entornos muy competitivos necesitan que sus empleados mantengan viva sus expectativas de promoción constantemente, ello garantiza un compromiso sostenible y desempeños sobresalientes. Por ello exigen a los responsables de equipos una labor permanente de coaching y mentoring. Ello garantiza que el conjunto de la organización trabaje constantemente con la máxima tensión y energía.

Algunos responsables, aunque conscientes de esta labor, sin embargo se muestran reticentes a abordarla en toda su amplitud, no pueden dejar de sentirse amenazados de pensar si no estarán formando a las personas que les reemplazarán, o que pueden llegar a dirijirles en el futuro.

8. Reducidas HABILIDADES de tipo SOCIAL.

El trabajo de un responsable es hacer que otras personas realicen el trabajo que se espera del equipo, es decir, es hacer hacer. Por ello si un persona desea dirigir a otras, tiene que ser bueno interactuando y comunicándose con ellas, si no de manera natural, debe aprenderlo. Este tipo de habilidades no se ciñen sólo a los subordinados, también abarcan a otras personas del mismo nivel y superiores jerárquicos. Los contactos dentro de la organización son imprescindibles.

Las empresas que se enfrentan a la fuerte competencia en el mercado y son regidas por un buen equipo gestor, han adquirido una clara conciencia de la vinculación entre satisfacción y compromiso sostenible de sus empleados, calidad de los liderazgos, satisfacción de sus clientes y beneficios. Por ello evalúan constantemente la calidad del trabajo de aquéllos que tienen responsabilidad sobre otras personas realizando análisis de 360 grados. En ellos no sólo piden opinión a los responsables sobre la calidad del trabajo de sus equipos, sino que éstos evalúan la calidad de sus jefes. Los mismos se realizan a través de encuestas anónimas periódicas, habitualmente dirigidas por consultoras independientes especializadas.

Para concluir, quiero decir que he elaborado este artículo en un momento en que nuestro país afronta una de las crisis más importantes de su reciente historia democrática, crisis que está poniendo en cuestión los más básicos fundamentos e instituciones de las que nos hemos dotado en los últimos años. Cuando logremos recomponer los desequilibrios macroeconómicos acumulados en los últimos años y recuperar la confianza en las instituciones políticas, sólo nos quedará una verdad diáfana dentro de la Europa germánica del euro, tendremos que mejorar nuestra capacidad para COMPETIR, a todos los niveles. Competir significa ser capaces de generar productos y servicios con valor en un mercado, nacional e internacional, que satisfagan necesidades reales y por el que otras personas estén dispuestos a pagar un precio cierto. Para ello, como país necesitamos personas excelentemente bien formadas y flexibles, con un fuerte espíritu emprendedor, administraciones austeras y ágiles, y empresas innovadoras de todos los tamaños, con ratios elevados de eficiencia y productividad.

En este artículo ha pretendido profundizar en uno de los factores que contribuye a mejorar nuestros niveles de productividad, que es la organización del trabajo que yo considero informal. Una persona bien dirigida es un trabajador mucho más productivo.