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Autor: Julián González Jaén

Posiblemente la crisis económica actual es la más grave que las economías avanzadas han experimentado desde la segunda guerra mundial.

En términos generales, la recesión experimentada en los países de nuestro entorno económico más próximo (zona euro) ha sido muy desigual. En términos globales, la ralentización comenzó en 2008, para agudizarse en 2009- con una recesión de un 4,4%- y volver a cifras positivas aunque modestas en los años 2010 y 2011

En el caso español, la crisis comenzó con datos similares al conjunto de la zona euro en los años 2008 y 2009 -incluso en este último ejercicio, la contracción fue menor que la media-, pero sin embargo está golpeando de manera más dura en los últimos años,- en 2012 posiblemente terminemos con una caída del 1,4%, mientras que en la zona euro se prevé una evolución positiva aunque modesta del PIB

Sin embargo, cuando se realiza un estudio comparativo en los mismos términos pero en relación con el desempleo, la situación es increíblemente desigual: el problema de la falta de actividad económica asociada a una situación de crisis es evidente, pero la dimensión del problema del paro en España es extrema: en la zona euro, según Eurostat, la tasa media de desempleo se situaba en octubre de 2012 en un 11,7%, mientras que en nuestra país, y según la misma fuente, la cifra ascendía a un 26,2% -más del doble-

¿Qué es lo que determina estas diferencias? Tradicionalmente, la respuesta se ha fundamentado en la estructura de nuestro sistema productivo que ha sido capaz de generar y destruir mucho empleo en cortos periodos de tiempo como consecuencia de un modelo productivo basado en sectores relativamente intensivos en mano de obra.

Por otro lado, y como consecuencia de la regulación existente en el mercado laboral español a lo largo de los años, la característica fundamental de nuestro mercado de trabajo es su dualidad: por un lado existe un conjunto de trabajadores con contratos altamente protegidos – indefinidos, con altas indemnizaciones en caso de despido o funcionarios- y por otro aquellos que carecen de una estabilidad en el empleo, sujetos a contratos de duración determinada, que son fácilmente prescindibles. El primer grupo citado, junto con otros aspectos de la negociación colectiva, determinan una relativa falta de flexibilidad en nuestro mercado que dificulta la contratación y lastra la productividad de las empresas, al engordar los costes salariales en situaciones de crisis.

Esta dicotomía laboral se extiende a los colectivos que la soportan: con carácter general, el trabajador de contrato precario suele ser joven, con poca experiencia profesional, mientras que en el otro extremo encontramos a personas maduras, con años de actividad laboral. Esto ha posibilitado que las altas cifras de paro no se trasladen de manera generalizada a la calle en forma de desórdenes sociales. Sin embargo, la situación está llegando a un punto límite, puesto que el paro está golpeando en estos momentos a aquellos otrora no afectados, que constituían el pilar en el que se apoyaban los que no trabajaban – o lo hacían de manera discontinua- agrupados en torno a un núcleo familiar.

Realmente, es difícil cambiar una situación como la descrita anteriormente pero para poder solucionarla, una de las cuestiones que nos debemos plantear es ¿qué variable es la que determina la generación de empleo España? Según Karen Wilson, experta en empleo de la , el empleo se asocia fundamentalmente al crecimiento empresarial. En este sentido, existe un tipo de empresas de tamaño medio que crecen y generan empleo: son las denominadas “empresas gacela”. Éstas se caracterizan por tasas de incremento en su cifra de negocios por encima del 15% durante al menos tres años consecutivos- se calcula que en España hay unas 30.000 de este tipo- , siendo su factor más distintivo la capacidad para generar empleo a corto plazo -en nuestro país representan el 45% de los nuevos empleos que se crean-. ¿Cuál es su receta para el éxito? Pues fundamentalmente se trata de organizaciones que o bien incorporan innovaciones radicales o implementan nuevas tecnologías en sus procesos.

En cualquier caso, su importancia cuantitativa es escasa, puesto que sólo representan un 6% del mercado, y por lo tanto su capacidad para resolver el problema general del paro en España en estos momentos es pequeña. Sin embargo, la mayor parte de las pymes -más del 60%- no tiene interés alguno por crecer, y esto en un país en donde más del 95% de empresas tiene menos de 10 trabajadores.

Según el profesor Gómez Bengoechea, la promoción y creación de puestos de trabajo no sólo debe basarse en la innovación, investigación o formación- aspectos que destacan en las empresas “gacela”- sino que también son esenciales entre otras la actividad emprendedora y la flexibilidad laboral, que permitiría ajustar plantillas y/o salarios de manera más eficiente ante situaciones de crisis.

En nuestra opinión, el último aspecto a considerar para poder promover y crear empleo estaría en el fomento de la actividad exportadora de las empresas españolas, puesto que liberaría a las organizaciones de su dependencia de la coyuntura económica nacional – como bien saben los grandes grupos empresariales de nuestro país- y permitiría su crecimiento, lo que nos llevaría a un aumento de las plantillas de las mismas.

La cuestión final es si las PYMES en España podrán ser capaces de llevar a cabo un verdadero proceso de internacionalización en un plazo de tiempo relativamente corto.