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Autora: Sandra Esteve Gualda

Sin utilizar una zarza ardiendo ni tablillas de piedra para escribirlos, la  recoge en su informe bienal las doce recomendaciones que el gobierno de España debe seguir para alcanzar nuestro particular reino de los cielos más allá de la crisis. Y al igual que ocurre con los que recibiera Moisés, nuestros doce mandamientos también pueden resumirse en dos: Políticas laborales y de mercados y Políticas para estabilizar la economía y apuntalar el sector bancario.

En el primer conjunto de medidas destaca por encima del resto la reducción de las indemnizaciones por despido improcedente. Aparece de nuevo el contrato único como medio para solucionar el modelo insider-outsider omnipresente en la economía española, cuya implantación contaría con la discrepancia de los representantes sindicales y llevaría a más huelgas y paros. En la misma línea, y con los mismos opositores, sería la abolición legal de los acuerdos de negociación colectiva de nivel superior, es decir, la posibilidad de que los empleadores decidan si desean ser representados en la negociación salarial sectorial.

Las recomendaciones tres y cuatro postularían por dotar a estos mercados de más flexibilidad, bien sea reduciendo los costes y procedimientos para la creación de empresas, o eliminando las barreras de entrada en sectores específicos, incluida la liberalización de apertura comercial y la libertad horaria. En este caso nos enfrentamos a los poderes locales y gobiernos regionales y a la excesiva y contraproducente regulación a este respecto.

Las dos últimas recomendaciones para el mercado laboral se centran en mejorar la educación y empleabilidad de los jóvenes ampliando el acceso a la formación y a la asistencia para la búsqueda de empleo, aplicando políticas activas de empleo a nivel regional, y combinando el sistema de formación profesional con el mundo laboral. Medidas efectivas, si se llegan a implantar pero de efectos largoplacistas.

Las seis recomendaciones restantes se refieran a la estabilización general de la economía con especial mención a la banca, y van desde la recapitalización de los bancos viables y la liquidación ordenada de los no viables; hasta el cumplimiento del Memorando de Entendimiento en lo que a titulares de deuda subordinada e instrumentos híbridos de capital se refiere, todo ello sin olvidar los objetivos de déficit y las medidas de consolidación necesarias para fomentar el consenso social y reducir el impacto negativo.

Y por último está el tema de la fiscalidad que debe ser mejorado estableciendo una autoridad fiscal independiente que asegure el control de las políticas presupuestarias de los Gobiernos regionales, todo ello en el marco de la enésima subida de impuestos, esta vez centrada en tres puntos: incrementar las tasas sobre externalidades ambientales (combustibles), aumentar los bienes y servicios a los que se les aplica el tipo general del IVA, y aumentar la fiscalidad de los inmuebles.

Es en el final de esta historia donde se encuentran las diferencias entre los mandamientos divinos y las recomendaciones económicas para España: aun en el hipotético y poco probable caso de que cumpliéramos con todos y cada uno de los doce puntos, no encontraríamos la vida eterna feliz y sin preocupaciones que Dios prometió a su pueblo, sino tasas de crecimiento de nuevo negativas para el 2013, una tasa de desempleo superior al 26% y un clima social de desánimo acarreado por la pérdida de poder adquisitivo, la pérdida de confianza en los mercados y, lo peor de todo, la falta de esperanza por alcanzar la tierra prometida en la que tal vez, una vez llegamos a vivir.