sidearea-img-1
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet dolore magna aliquam erat volutpat.
sidearea-img-2 sidearea-img-3 sidearea-img-4 sidearea-img-5

Recent News

Newsletter

[contact-form-7 404 "Not Found"]

Autor: Raimundo Gonzalez Giménez. Profesor de economía financiera y contabilidad

El primer paso para llegar a la ansiada unión bancaria europea consiste en la creación de un supervisor financiero único para los 6.000 bancos de la zona euro, después vendría el mecanismo unificado de intervención y el fondo de garantía de depósitos común. A partir de la instauración de la primera figura, posiblemente en 2014, veríamos recapitalizaciones directas a las entidades problemáticas. Antes no, según opinión de los dirigentes alemanes, holandeses y finlandeses: “Cada Estado deberá asumir los activos malos previos a la creación del supervisor único”.

Siendo éste el panorama, España deberá añadir en su contabilidad 40.000 millones de deuda, incluso más, debido a la no retroactividad de tal recapitalización, lo cual viene a suponer cuatro puntos porcentuales, cantidad que duplica la recaudación anual por el impuesto de sociedades y eleva dicha deuda por encima del 90% del PIB. El programa de ayuda financiera se solicitó en junio y se ratificó un mes después. Ahora bien, el dinero, teóricamente, podría comenzar a llegar durante este mes de noviembre, pero lo más probable es que no lo haga hasta el próximo año. No olvidemos, además, que solamente se haría efectivo a las entidades cuando éstas presenten sus planes de reestructuración, los cuales incluirán, en el más ligero de los escenarios, la venta de activos y el cierre de oficinas.

Por precaución y ante tales perspectivas, el Gobierno va a autorizar un crédito presupuestario extraordinario para que el FROB (Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria) satisfaga las necesidades de capital inmediatas en algunas entidades financieras. El remanente de dicho crédito podría habilitarse, si llega el caso, en el próximo ejercicio económico. Por si fuera poco, también se generará otro crédito para poner en funcionamiento la SAREB (Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria). Junto a esfuerzos presupuestarios de meses anteriores, ello supondrá una factura adicional para los presupuestos de este año cercana a los 12.000 millones de euros, llevando el déficit del 6,3 al 7,4%, aunque tal desviación parece que no será tenida en cuenta por las autoridades de Bruselas de cara a la valoración del cumplimiento de los objetivos de déficit por nuestro país.

Por tanto, con tales dosis de ansiedad presupuestaria se espera el dinero procedente de Europa, en este caso del MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad). Este organismo comunitario nos entregará esa cantidad en forma de préstamo al Estado, cuando lo interesante es que lo hiciese con la naturaleza de inversión directa a la banca. Como hemos comentado anteriormente, tal bondad ocurriría si el supervisor financiero único entrase en juego de manera “efectiva” a comienzos de 2013, lo cual no va a ser viable. Tengamos en cuenta que dicho proyecto requiere la contratación de más de 200 personas, instaurando primero la base legal, después la capacidad operativa y, por último, el funcionamiento efectivo del mismo.

Parece que el final lógico de la película debería ser la creación de la unión bancaria, fiscal y monetaria. Con la primera llegaríamos a la integración absoluta del sector financiero europeo, desarrollando Basilea I, II y III, lo cual permitiría unificar las prácticas contables ejercidas por las diversas entidades y relajar las tensiones que se generan cuando solamente se llevan a cabo controles locales sobre los bancos. La experiencia vivida en nuestro país es el mejor argumento.

La unión fiscal, sin embargo, resulta más complicada de conseguir a la vista de las actuaciones y declaraciones de los dirigentes políticos de las naciones europeas. Dicha unión habría que enfocarla, sin duda, con altura de miras. No bastaría solamente con supervisar e impedir los déficits presupuestarios de los países propensos a ello, con el fin de que otros no vean incrementarse sus reducidos tipos de interés al intervenir el BCE en apoyo de los primeros. Habría que llegar a que todos los ciudadanos tuviesen la misma fiscalidad, sobre todo en lo referente al Impuesto de Sociedades y al IVA. Hoy pasamos de tipos para el impuesto de sociedades que van del 35% en Malta y Macedonia, al 12,50% y 9% que se dan en Irlanda y Montenegro, respectivamente.

Respecto a la unión monetaria, ésta supondría profundizar más en lo que ya estamos viviendo. Nos llevaría a que el BCE actuara, también, como prestamista de último recurso adquiriendo la deuda pública de un país cuando este no pudiese colocarla en el mercado. Sin duda las diferencias de las primas de riesgo de los países se reducirían, disminuyendo unas y aumentando otras, por lo menos en el corto y medio plazo. Asunto hoy por hoy no mencionable en aquellos países que se sienten perjudicados, aunque se trate solamente de los plazos descritos. Máxime habiendo elecciones a la vista.

El Fondo Monetario Internacional opina que la existencia del euro como moneda comunitaria no tiene mucho sentido si no está respaldada por una legislación unificada en materia financiera, monetaria y fiscal. Habría que ver la disposición de los países a perder soberanía y de los políticos a entregar parcelas de poder, pero sin duda, ello reduciría la fuerza de crisis futuras y daría consistencia y, por lo tanto, bienestar al conjunto de sus miembros en el largo plazo y, lo que es mejor, a partir de ahí permitiría llevar a cabo políticas de crecimiento sin sobresaltos que redundasen en beneficio del conjunto.