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Autora: Mª Emilia García Pérez. Profesora Titular de Universidad

Los periódicos de mayor tirada nacional de ayer casi coincidían en sus titulares al afirmar que el Gobierno aprobaba ese día en un  extraordinario los presupuestos más austeros de la democracia bajo la atenta mirada de Bruselas y con la sombra de un segundo rescate, no solo financiero, sino de todo el país.

Son los segundos presupuestos elaborados por el ejecutivo del . Rajoy desde su toma de posesión y persiguen la reducción del déficit desde el 6’3 % esperado para el año 2012 hasta el 4’5 previsto para 2013, que es lo que exige Bruselas. Aunque en principio pudiera resultar llamativo que el gasto del Estado va a aumentar en un 6’3%, la mayor parte de ese dinero se destina a pagar los intereses de la deuda y a las aportaciones a la Seguridad Social, consignadas fundamentalmente a pensiones y prestaciones por desempleo. En concreto, las pensiones suben un 1% el próximo año, pero queda en el aire la revalorización exacta correspondiente a 2012, que se espera muy alta por la subida del I.V.A., y para la que, por primera vez, se utilizarán 3.000 millones de euros del fondo de reserva. El balance final después de cifras y porcentajes, es que según esas previsiones, los españoles debemos afrontar una reducción de 13.000 millones de euros en 2013.

El coste de intereses de la deuda que, supone después de las pensiones, la segunda mayor partida de estos presupuestos, supera por primera vez a los gastos de personal e incluso a los de prestaciones por desempleo. Además, la subida de los costes financieros devora el ahorro previsto en los ministerios del 8.9 %, siendo los más afectados por esta reducción, el , el  y el .

De nuevo los funcionarios ven congelados sus salarios, pese a las reducciones de otros años aplicadas por el estado y las autonomías, se endurecen sus condiciones laborales y se continúan paralizando las contrataciones en el sector público, salvo las excepciones habituales de Sanidad y Educación, en Inspección de Hacienda y de Trabajo y en los Cuerpos de Seguridad del Estado. Se reducen también las subvenciones a partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales.

En relación al aumento de ingresos, además de la anunciada subida del I.V.A. desde principios de este mes, se recoge un nuevo régimen de tributación para las plusvalías, en proporción al tipo marginal de IRPF que pague cada contribuyente, la eliminación de deducciones y bonificaciones fiscales en otros impuestos y se suprime la deducción fiscal por compra de vivienda. Se prorroga el Impuesto de Patrimonio y por primera vez, se establece un nuevo gravamen sobre los premios de loterías inferiores a 2500 €.

A grandes rasgos, éstos serían los aspectos fundamentales que han trascendido de las nuevas cuentas del ejecutivo que preside Rajoy, aunque tal y como ya hizo con los comicios electorales andaluces y asturianos, quizás tengamos que esperar a que se realicen otros tantos en el País Vasco y en Galicia para ver la letra pequeña de todos ellos y conocer con más detalle las medidas de mayor impacto social.

Mi primera sensación a la vista de estos presupuestos es que representan más de lo mismo, es decir, recortes y subida de impuestos. Parece que nuestros gobernantes que, en su día fueron catalogados por algunos medios de comunicación, como el gabinete mejor formado en la historia de la democracia, no tiene capacidad de innovar y repiten continuamente las mismas fórmulas. Yo más bien diría que no quieren, porque alternativas, como ya se ha dicho en muchas ocasiones, las hay. Resulta muy ilustrativo, por ejemplo, que ninguno de estos tijeretazos se aplique al presupuesto de la  ó al Concordato con la .

Además, debemos tener en cuenta que muchos medios de comunicación nacionales e internacionales coinciden en la idea de que son demasiado optimistas porque están basados en unos objetivos de ingresos difíciles de conseguir y porque las cifras manejadas por el ministro de Economía, Sr. Montoro, en cuanto a la bajada del 0’5 del P.I.B. y a la permanencia del índice de paro en un 24%, están muy lejos de otras predicciones publicadas por organismos internacionales ó incluso por la propia C.E.O.E.

Los datos son escalofriantes. Solo escuchamos que las empresas cierran definitivamente o en el mejor de los casos, deben ajustar sus plantillas. No hay créditos financieros. El consumo doméstico sigue cayendo ante tanta incertidumbre y tanta subida de impuestos y de tasas municipales. Los  y los comedores sociales están desbordados. Estamos asistiendo a auténticos dramas familiares, múltiples desahucios, pensionistas que sostienen a hijos y a nietos y lo que es peor, la sensación de que no tocamos fondo.

Esta sujeción del gobierno a los dictados de Bruselas parece la antesala de la petición del segundo rescate para España y eso empeora aún más la situación. Estos presupuestos asfixian a las clases bajas y medias y no ayudan a frenar el deterioro galopante de la actividad productiva de nuestro país. El déficit acumulado hasta la fecha augura un reajuste del déficit anual y las consecuencias ya las sabemos: menos dinero en nuestros bolsillos, menos actividad económica, menos ingresos y vuelta a empezar. Parece una espiral que no acaba nunca. Desde luego el panorama para lo que queda de año y para el próximo, como poco, es totalmente desolador.