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Autor: Dimas Sánchez de la Morena

Ya lo decía Rocky Balboa: “ni tú, ni yo, ni nadie golpea más fuerte que la vida”… y la vida es economía, y la economía es vida, “y no importa cuan fuerte golpees, sino cómo aguantas los golpes, hay que soportar los golpes y avanzar, así es como se gana”… y ésta parece ser la doctrina a seguir en la Eurozona, más que nada para que siga denominándose así. Pero Europa es una gran clase media a dos velocidades ejerciendo de funambulista que intenta llegar al otro lado, donde le espera la unión fiscal, la unión bancaria y la supervisión única. Un sentimiento europeo y un federalismo más necesario que nunca, porque si no nos lo creemos nosotros primero, no nos van a creer ni los mercados, ni nadie.

Si atendemos a los elementos de la telaraña macroeconómica, con breves reflexiones nos daremos cuenta de que tenemos un serio problema de crecimiento:

El consumo, ese potencial estimulante del crecimiento y la confianza, padece de baja autoestima. Muestra de ello está en los pequeños detalles. Detalles como que el consumo de marca blanca se haya incrementado considerablemente, que la cerveza haya sustituido al vino y el gintonic como bebida favorita a la hora de reunirse o que mejore la balanza cuenta corriente europea debido a que importamos menos porque la demanda interna está deprimida.

La inversión, ese hilo conductor que tan pronto te lleva al éxito, como te gira la mirada. Y hace tiempo que nos la giró, porque el excesivo endeudamiento público y privado, concentrado en un solo sector, la asustó, y la incapacidad para crecer la mantiene fría. El “credit crunch” y las trampas de la liquidez, son a día de hoy uno de los grandes problemas, en gran medida, porque el tejido empresarial no puede financiarse, y son las empresas, y nadie más, la semilla de la cual se genera todo lo demás.

Vayamos ahora con las exportaciones e importaciones. Alemania es ya el único país de la Eurozona con superávit comercial, lo cual dice mucho del interés final de ésta por salvar el euro. Sin embargo, países como España tienen ahora un déficit comercial de 100.000 millones de euros, explicado por la dependencia energética y la balanza de rentas. Debemos mucho al exterior. Este ha sido el talón de Aquiles de la economía española desde siempre, pero a día de hoy es más grave por tres factores: no crecemos, no podemos devaluar nuestra moneda para abaratar las exportaciones, y el dinero que recibíamos de la UE ahora va para los países del este, y nosotros lo debemos.

Si metemos todo esto en un cóctel, y seguimos buscando herramientas a las que aferrarnos, llegamos a la Política Monetaria, y es importante recordar que hace tiempo que perdimos la autonomía de ésta. Y el poder que ha adquirido la palabra de los bancos centrales, principalmente de  y Ben Bernanke es desmesurado, capaces de dar la vuelta a las bolsas mundiales, oro, petróleo, divisas de norte a sur, este y oeste, y sobre todo influir sobre ese termómetro que nos somete a duras exigencias un día tras otro, la prima de riesgo, solamente con sus palabras.

Por último, podríamos apelar a la Política fiscal, pero ahora que desde Europa nos apretan las tuercas fiscalmente, da igual que se llame objetivo déficit, “memorandum of understanding” o petición de ayuda al BCE. El caso es que los ajustes ahogan más nuestras posibilidades de crecimiento, no porque no sean necesarios, sino por una urgencia más que cuestionable. Por cierto, en cuanto a la subida del IVA, está por ver sus efectos, ya que las peticiones de subsidio por desempleo siguen aumentando y las pensiones están en el punto de mira.

En resumen, todos estos pilares sustentan la macroeconomía, y por tanto a la demanda agregada le queda poca mecha. Está deprimida, parece que habría que examinar la oferta, para buscar luz ante la sombra de los mercados. A la deriva, confiando nuestra suerte a la palabra de superhéroes con corbata, la mejor de las soluciones que se me ocurre es buscar cada día un rating AAA+: Acción, Ánimo, Alegría.