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Autor: Jorge Zafrilla

Un artículo acerca del tan manido y tan poco conocido tema del déficit tarifario.

Llevamos unos meses asistiendo con perplejidad, al menos en mi caso, a un giro en las explicaciones de las principales causas del déficit tarifario que el sector eléctrico presenta en la actualidad. Groso modo, el déficit tarifario es la diferencia entre la recaudación derivada del cobro de las tarifas de acceso a la red de los consumidores y los costes reales asociados a dichas tarifas. El diferencial, históricamente negativo, conforma esta bola de nieve mil millonaria que ronda nuestras cabezas, facturas y bolsillos desde hace ya casi quince años. Desde la puesta en marcha de la Ley del Sector Eléctrico de 1997 (sin renovables ni a la vista y casi en el horizonte), dicho sea de paso…

Tras conocer un poco mejor una definición acerca del tema, preguntémosle al común de los mortales, a la opinión pública, por cuáles creen que son las causas de dicho déficit. He aquí mi actual asombro. Históricamente, la razón de la existencia de dicho déficit, como cualquier otro mal la tiene Za… ¡a no!, las renovables, sus primas (no de riesgo, esas son otras), sus negocios millonarios, y una sin fin de pegas más que no han hecho más que ensuciar el nombre, irónicamente, de las únicas energías limpias que tenemos. Al menos esta es la percepción que por definición se tiene del déficit tarifario.

En los últimos meses estamos asistiendo a un giro “editorial” acerca de la explicación de las principales causas del déficit tarifario. Quizás la cercanía de la nueva reforma eléctrica en España, con la cual supongo se espera acertar hace que podemos concluir, no sin sorpresa, que puede que hayamos enfocado mal los focos del interrogatorio de los culpables generadores del déficit tarifario. Algunos ejemplos de estas publicaciones son:

Tras leer estos y otros artículos, y conocer un poco las peculiaridades regulatorias del sector eléctrico español, podemos darnos cuenta del poder que tienen ciertos lobbies energéticos sobre la opinión pública. La campaña de descrédito a las energías renovables y convencionales no hidráulicas o nucleares por parte de estas dos últimas, ha sido manifiesta y, sin duda, exitosa. Tras el paraguas de las bajas emisiones y los amortizados y bajos costes de explotación, se ha escondido la verdadera realidad de las tecnologías nucleares e hidráulicas de este país. Es decir, se ha tapado una gallina de huevos de oro que ha hecho que las cuentas de beneficios de las empresas que ostentan dichas tecnologías ( y , principalmente) se hayan disparado hasta los confines casi, del universo. Bueno, puede que no tan lejos, pero sabemos que sí han llegado a los confines del Amazonas, de Chile, de Escocia, etc… Dadas las inversiones de las que en los últimos años vienen haciendo gala.

Como corolario entendible, y utilizando el símil que Natalia Fabra usa en la entrevista antes referenciada, si trasladamos la problemática a nuestro simple día a día, ¿Por qué si hoy queremos comer pescado hemos de pagar el mismo precio por una palometa que por una merluza en el mercado?

¿Acaso no vivimos en una economía capitalista?

¿Acaso no está liberalizado el sector eléctrico?

¿Acaso ciertos lobbies usan como arma el hecho de que este sector plantee una regulación compleja de explicar e imposible de entender?

Un momento…

¿Acaso nos están robando?