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Autora: Guadalupe Arce González

La censura encubierta o no tan encubierta, de hecho a veces descarada y desvergonzada, de muchos medios de comunicación es ampliamente conocida por todos. Además, los medios parecen determinar nuestro día a día de una forma cada vez menos sutil: qué tenemos y qué no tenemos que hacer, qué nos tenemos que poner, cómo debemos ser, que debemos pensar, hasta qué debemos comer. Pero, ¿te comerías una sopa de basura?

En un principio no parece muy apetecible, pero nos la estamos comiendo todos y cada uno de nosotros sin (apenas) ser conscientes de ello.

Y es que seguramente, al igual que yo, poco habrás oído hablar de la existencia de una enorme superficie localizada en el norte del  repleta de desperdicios, principalmente plástico, formando lo que ya parece una isla de basura y que crece a una velocidad alarmante, alimentada por los 6 millones de toneladas de residuos que se vierten al mar cada año y que, según , dentro de 20 años será del tamaño de Europa.

Esta mancha de basura se localiza en el giro oceánico del Pacífico Norte, donde confluyen distintas corrientes que forman un sistema de corrientes marinas rotatorias generadas por los movimientos del viento, creando una masa de agua estable donde quedan alojadas la gran cantidad de desperdicios, de los que se estiman que aproximadamente el 80% proviene de zonas terrestres y el resto se atribuye a residuos generados por barcos.

El impacto ambiental de este fenómeno es claro, generando efectos como las oleadas de basura que llegan frecuentemente a las costas de Hawaii, California, etc., o la muerte de aves y peces. Pero lo más alarmante según los expertos es que el propio proceso de degradación del plástico genera pequeños trozos de gran toxicidad, que pueden llegar a medir 2 milímetros y que son ingeridos por los animales marinos, que en última instancia podríamos estar comiéndonos nosotros…

Estas consecuencias evidentes no son las únicas, existe otra amenaza que puede pasar mucho más desapercibida pero no es menos importante. Al contrario, puede tener efectos impredecibles en la variedad de especies existentes o incluso alterar la cadena alimentaria de las mismas e incrementar enfermedades en los animales marinos debido a este aumento de plataformas rígidas en zonas oceánicas abiertas, ya que eliminan las algas flotantes de las que se alimentan muchas especies, proliferando muchas otras que viven en superficies firmes y eliminando a las que flotan en el agua.

Pero al parecer esto no es exclusivo del giro oceánico del Pacífico Norte, existen otras concentraciones de desperdicios, aunque menores, en otras zonas del Atlántico cercanas a la costa Haitiana.

Se trata de un problema de todos, como el resto de problemas medioambientales, con necesidad de soluciones que impliquen a todos los agentes, de todos los países. Pero sobre todo lo que es necesario es la concienciación de la sociedad en general. No obstante, para que exista concienciación ha de existir previamente información y puedo decir que me aterra el silencio de los medios ante las consecuencias patentes y dañinas de las acciones del ser humano sobre el medioambiente, pero sin embargo no puedo decir que me sorprenda.