sidearea-img-1
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet dolore magna aliquam erat volutpat.
sidearea-img-2 sidearea-img-3 sidearea-img-4 sidearea-img-5

Recent News

Newsletter

[contact-form-7 404 "Not Found"]

Autora: Mª Ángeles Tobarra (Área de Teoría Económica)

Tan centrados como estamos en los problemas económicos de España (o de Castilla-La Mancha, o de Albacete, por no hablar de los de cada cual), escuchamos muchas menos noticias económicas sobre la situación económica de otros países (excluyendo a los países europeos rescatados). Todos tenemos una idea más o menos general: los países desarrollados (ricos) están sufriendo más la crisis, sobre todo en términos de tasas de crecimiento y empleo, mientras que los países en desarrollo (al menos aquellos que ya habían alcanzado un nivel económico antes de la crisis) la estaban capeando mucho mejor.

De hecho, hasta hace sólo unos meses, muchos economistas hablaban de cómo los países emergentes y en desarrollo iban a aumentar su influencia en la economía mundial, puesto que se preveía para ellos al menos una década de fuerte y sostenido crecimiento, frente al estancamiento de las economías desarrolladas. Se les consideraba el relevo natural como motor económico mundial de forma que serían esos países los que sostendrían el crecimiento económico a nivel global.

Sin embargo, los últimos datos muestran cómo incluso los países asiáticos (China, India, por ejemplo) y países americanos como Brasil, están viendo reducidas sus tasas de crecimiento. China, por ejemplo, intenta mantener un objetivo de crecimiento para este año del 7,5%. Cifras estratosféricas comparadas con las de los países desarrollados, pero que suponen una caída frente a crecimientos del 10,4 en 2010 y el 9,2% en 2011. Peor aún, datos recientes muestran que sus exportaciones se han ralentizado drásticamente, y sus importaciones están incluso cayendo. Brasil ya pasó de un 7,5% de crecimiento en 2010 a un 2,7 en 2011 (con una previsión del 2,5 para este año, según el FMI). Tendencia similar para la India, que de un 10,8% en 2010 pasó a un 7,1 en 2011, y a un 6,1 para este año según las expectativas de las agencias internacionales.

Todos sabemos que los países desarrollados lo están pasando mal. Según la , Japón, que había crecido un 5,5% en el primer trimestre, ve reducirse esa tasa a un 1,4 para el segundo. Alemania pasó de un 2 a un 1,1, EEUU de un 2 a un 1,7 y el Reino Unido aumentó su caída de un -1,3 a un -1,8. Y las perspectivas son aún peores: Japón tendrá un importante crecimiento negativo -2,3 en el tercer trimestre, -0,5 para Alemania, -0,7 en el Reino Unido (esperando el impacto de los Juegos Olímpicos), mientras que EEUU podría recuperar hasta crecer otra vez un 2%. Resumiendo, el futuro cercano no tiene buena pinta para los países desarrollados.

Relacionado con lo anterior, ese frenazo en la demanda de los países ricos está teniendo consecuencias en el resto del mundo. El comercio internacional ha dejado de crecer. Tras un año horrible en 2009, con una caída del 30%, el comercio internacional se había recuperado rápidamente, con tasas de más del 8% de crecimiento hasta el año pasado. Este año, sin embargo, la tasa es casi cero. Para el caso chino, que es paradigmático cuando se trata de comercio, las exportaciones crecieron alrededor de un 30% durante 2010 y un 20% en 2011. Este año las exportaciones chinas a América del Norte y Asia están creciendo a un 10%, mientras que las que tienen como destino la zona Euro están disminuyendo más de un 10%.

Y aquí surge la pregunta relevante: ¿se trata de una fluctuación cíclica de corto plazo o es un fenómeno de largo plazo? Mientras que en el caso de los países desarrollados la recesión o estancamiento parece una realidad con la que tendremos que lidiar durante años, los países emergentes parecían haber quedado bastante al margen. Y eso, como continuación de una década de fortísimo crecimiento de esos países, con tasas por encima del 10% año a año (o del 4,5% per cápita, para ponerlas algo más en relación con lo que podemos ver en nuestro entorno y el bienestar). “Ésta es una crisis de países ricos”, se llegó a decir. Pero, ¿y si no lo es? ¿O termina no siéndolo? Al fin y al cabo, ésta también era una crisis financiera. Hasta que los problemas del sector financiero se trasladaron en falta de crédito a la economía real y en el aumento de la deuda del sector público que acudió en su ayuda. ¿Qué países tendrán tasas importantes de crecimiento en los próximos años?

, profesor de Harvard especializado en comercio y desarrollo, escribió en julio y agosto dos artículos en los que comentaba estos fenómenos (http://www.project-syndicate.org/commentary/the-new-global-economy-s—relative—winners y http://www.project-syndicate.org/commentary/no-more-growth-miracles-by-dani-rodrik). Resumiendo, según este economista, en los próximos años (puede que décadas) veremos una ralentización del crecimiento mundial. Los países desarrollados tardarán en volver a crecer, debido a las políticas fiscales para reducir el déficit, la conflictividad social por el incremento de las desigualdades y la falta de inversión (pública y privada). Respecto a los países en desarrollo, la receta hasta ahora era clara: la industrialización permitía generar largos periodos de fuerte crecimiento y convergencia con los países ricos. Según Rodrik, esto va a ser más difícil en el futuro: 1) La industrialización tiene límites. Antes o después hay que empezar a proveer servicios especializados, que requieren una mayor formación e instituciones más desarrolladas. 2) La industria hoy en día, al depender más de la tecnología, requiere cada vez más capital y formación, no basta con mano de obra barata. 3) China es ya un competidor a nivel mundial. Cualquier país en desarrollo que quiera entrar en el mercado se va a encontrar con un gran muro (o muralla). Además, es de esperar que vuelvan ciertas posiciones proteccionistas por parte de los países desarrollados, al pasar éstos por dificultades. ¿Esperanzas para algún país? Bueno, según Rodrik hay tres características que distinguirán a los países con fuerte crecimiento del futuro reciente: 1) Baja deuda pública; 2) no ser demasiado dependientes de la demanda ni del crédito exterior; y 3) tener democracias consolidadas. Buenas noticias para Brasil, India y Corea del Sur. Malas para China, Turquía y Rusia.

Dada la controversia que estos razonamientos y conclusiones podían presentar, The economist decidió plantear el debate sobre si los argumentos y previsiones de Rodrik eran o no aceptados por otros economistas y ha recibido diferentes respuestas (http://www.economist.com/economics/by-invitation/questions/age-emerging-market-growth-miracles-end). En primer lugar, hay que constatar que un importante número de economistas empiezan su contestación con “Rodrik está en lo correcto sobre qué va a pasar con el crecimiento mundial, pero las razones para ello no son las que él apunta”. Para Pritchett, el problema fundamental es la falta de demanda, al frenarse las exportaciones que iban a países desarrollados. Y aunque éstas volvieran a incrementarse, la tendencia es que el valor añadido de lo que compran esos países se centra cada vez más en cosas inmateriales, que tienen que ver con el diseño, la tecnología y las modas, y menos con los costes de fabricación.

Pettis sigue también por esa línea, con alguna variación. Para crecer hay que industrializarse y eso requiere mucha inversión. Eso hace que los países emergentes puedan usar dos vías: 1) endeudarse, y el peso de esa deuda termina ralentizando a medio plazo un crecimiento que al principio es muy rápido; o 2) reducir su consumo para aumentar su tasa de ahorro para poder financiar esa inversión, pero eso requiere que alguien incremente su consumo para que haya demanda para esos nuevos productos, por lo que es imprescindible que otros países aumenten sus importaciones de ese país emergente.

Heise señala otro factor (presente en cualquier modelo neoclásico básico de crecimiento como el de Solow) que contribuye a esa ralentización de los países en desarrollo: los rendimientos decrecientes. Conforme acumulan capital y se acercan al nivel de los países ricos, los países en desarrollo obtendrán menores aumentos de la producción, frenándose poco a poco su crecimiento. Seguirán creciendo más que los países en desarrollo y acercándose a ellos, pero más lentamente.

Desde un punto de vista algo distinto, Baldwin señala por qué piensa que el “milagro” del crecimiento en los países en desarrollo no se debió a los motivos tradicionales. El elemento más importante para este autor es que los últimos casos de crecimiento fuerte y sostenido (China) se deben al fenómeno de las cadenas globales de valor. Las actividades de producción que antes se realizaban en una sola fábrica, se fragmentan en diferentes fases que, gracias a la reducción en los costes de transporte y, sobre todo, a la facilidad de transmisión de información, pueden localizarse allí donde resulten más baratas. Esto permite “quemar etapas” en esos procesos de crecimiento, puesto que la inversión y la tecnología vienen de la mano de esas empresas multinacionales. Siendo así, las posibilidades de seguir creciendo en el futuro dependerán de cómo evolucionen las tecnologías de la información, qué ocurra con los salarios en los países en desarrollo (al aumentar hay más demanda interna pero en contrapartida pierden competitividad para atraer a esas empresas), y del precio del petróleo (que encarece el movimiento internacional de mercancías).

Únicamente Varian se atreve a calificar la situación económica de los países emergentes como “una pausa” en el crecimiento, que relativamente pronto (¿?) volverá a acelerarse. En cuanto los países desarrollados vuelvan a crecer, claro. En lo que sí puede que Varian esté más acertado, y coincide con otros autores como Seabright, es en su observación de que países como China están formando rápidamente a su población (al menos, una parte) y que ésa debe ser una fuente de crecimiento futuro.

Resumiendo. Parece que los países en desarrollo seguirán creciendo en la próxima década a tasas razonables, aunque inferiores a las de la década anterior. Por lo menos, mientras los países desarrollados no empiecen a crecer de forma más o menos estable, cosa que no parece que vaya a empezar mañana (¿2015, 2016, alguien se atreve?). La razón fundamental es que el comercio internacional es más importante que nunca para entender la evolución de los países en desarrollo. En el futuro, una buena formación de la mano de obra y capacidad para innovar y/o aplicar mejoras, infraestructuras (también de TIC, no sólo carreteras) e instituciones serán claves. Y si eso vale para los países en desarrollo, quizás los países desarrollados no podamos perder tampoco competitividad en esas cosas. Porque no todos los problemas se van a resolver bajando salarios.