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Autora: Sandra Esteve Gualda

Tras el anuncio público de la comunidad valenciana el pasado fin de semana de la necesidad de un rescate financiero al no poder hacer frente a los vencimientos por las duras condiciones que exigen los mercados, muchas han sido las comunidades que han empezado a especular con la posibilidad de tomar también esta alternativa. Entre ellas, Murcia, Cataluña y Castilla-La Mancha.

Ante el actual orden de cosas, no puedo evitar una reflexión personal que compara la confusión de la realidad y un estado imaginario pero improbable que protagonizaba . La comparación con la realidad actual nace del hecho de que más allá de discusiones políticas y medias verdades que no son sino los gigantes con los que el hidalgo creía enfrentarse, la realidad de la región, que ya ha sido amonestada por el  está marcada por datos catastróficos como el volumen de deuda de 10.800 millones de euros (que representa el 18% de su PIB y solo superada por Cataluña y Valencia y que solo este año, asciende a 1.300 millones de euros en deuda y sus correspondientes intereses). y un déficit del 7,5%, el mayor de los gobiernos autonómicos. Estos datos construyen hoy los molinos que se alzan en la Mancha y que, aun con el espíritu de , es inviable que puedan ser superados.

Como comienza a ser usual, la posibilidad de un rescate para Castilla- La Mancha ya fue anticipada, en este caso por The Wall Street Journal, , Financial Times y FEDEA, en diciembre de 2011, aunque no se tomaron medidas preventivas. Estas prestigiosas instituciones no dudaron en afirmar que la intervención financiera de Castilla-La Mancha era y sigue siendo el único camino para cumplir con el elevadísimo déficit del 7,5%. Este análisis es hoy todavía más certero por las condiciones que se desarrollan en los mercados y que protagonizan la prima de riesgo que se ha situado durante esta semana por encima de los 600 puntos básicos y la consideración de bonos-basura de las emisiones castellano-manchegas.

La situación que vivimos es particularmente negativa en nuestra región por lo que la información, la toma de medidas adecuadas en fondo y tiempo y la anticipación para poder evitar un agravamiento de las condiciones (si es que todavía es posible un escenario peor) son imprescindibles. Por ello, las palabras del consejero de Economía, , limitándose a confesar su “preocupación por la tesorería de la comunidad”, parecen propias de un mero espectador, no de un dirigente elegido para tomar decisiones. Tal parece que la clase política, al igual que Don Quijote, confunde los molinos pero desde luego no con gigantes a los que enfrentarse estoicamente.

Aunque sean muchas las similitudes que pueden hacerse de nuestra región con su obra literaria más importante, quizá estemos cometiendo un error. ¿Es a Don quijote de la Mancha a quien necesitamos? Es decir, ¿todavía podemos permitirnos un modelo de comunidades autónomas imposible de sobrevivir?. ¿Cómo estaría Castilla- La Mancha sin autonomía? Probablemente sin los más de 8.000 millones de deuda más otros 2.000 en facturas impagadas. Pero de nuevo volvemos a chocar con un orden superior de cosas que parece inamovible, aún en situaciones como esta.

El rescate a Castilla-La Mancha supone pedir ayuda al Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) , es decir, que España se rescate a si misma mientras esperamos el momento del rescate a España, que los analistas datan para el próximo mes de agosto.

Cuando la gestión transparente y eficaz, el comportamiento honesto de los agentes económicos, la austeridad y la confianza desaparecen de una región y el pesimismo se instaura a todos los niveles de la realidad económica, política y social, tal vez signifique que la luz al final del túnel, está apagada (porque Castilla- La Mancha no puede seguir pagando la factura eléctrica).