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Autor: Jorge Zafrilla

Una España en crisis afronta las vacaciones de la primera quincena de julio. De camino a la playa, el informativo de la tarde deja algunos “highlights” que merece la pena recordar. La selección de fútbol se encuentra a las puertas de hacer historia; en dos días se pone en marcha el copago farmacéutico; Del Bosque se debate entre falsos y ciertos nueves; la factura de la luz sube el 1 de julio un 3,95%; si tuviera que hacerlo, Ramos tiraría otro penalti en la final del domingo; la subida del gas natural es sólo del 2,26%; a  le hubiera gustado tener más presencia en la Euro; la bombona de butano sube un 5,92% (ya son 15,53 Euros por bombona, más las recetas, más la factura de la “hidroeléctrica”… qué complicado… volvamos al “fúrbol”); a Cristiano le gustaría que España ganara la Euro, allí tiene muchos amigos; incendio forestal descontrolado en Valencia; Rajoy estará en Kiev, pero en un segundo plano; incendio forestal en Hellín, dificultades para controlarlo; de ganar la Euro Rajoy no recibiría a la selección en Moncloa debido, literalmente, “a sus líos europeos”…

Sin duda se antojaba un fin de semana completo. Casi una semana después tenemos casi todo lo que esperábamos: una selección de leyenda, la roja, la nuestra, unas facturas energéticas disparadas en lo que va de año y todo un señor copago farmacéutico ya instaurado. Lo que no imaginábamos es que ambos incendios, sobre todo el de Valencia por la extensión quemada, no fueran a ser controlados más airosamente. A día de hoy tenemos 58.000 hectáreas menos de pulmones para las grandes urbes y un héroe, no futbolístico, sino piloto de helicóptero, menos entre nosotros.

Conforme pasan los días se van oyendo más y más voces que alertan de los posibles “por qués” de esta situación. Muchas veces las cosas no pasan por casualidad, y puede que este sea un ejemplo más del “éxito” de las políticas de recortes que estamos viviendo. Centrándonos en el caso de Valencia, en 2011, Tragsa, la principal empresa pública dedicada a la lucha contra incendios, ve reducida su plantilla en 270 trabajadores, quedándose en 530 efectivos. El presupuesto de dicha empresa se reduce 5 millones de Euros, hasta los 22 millones de euros en 2012. Como nota, decir, que el gran premio de Fórmula 1 celebrado en Valencia el fin de semana anterior costó más de 20 millones de euros a la Generalitat.

Otras voces en contra de la política de recortes han partido de los ayuntamientos cercanos a las zonas más afectadas. Estos no han dejado de advertir, ya no solo a raíz del incendio si no desde hace tiempo, que la escasa limpieza de los montes en los últimos años, estaba generando un caldo de cultivo más que peligroso. Para muestra, un botón. Y es que siguiendo con la política de recortes, en los últimos dos años, la empresa pública valenciana, Vaersa, la cual se encarga de las funciones de prevención de incendios, ha visto recortado drásticamente el presupuesto dedicado a limpieza de montes y bosques. Si los organismos autonómicos aglutinan competencias con el fin de mejorar la gestión de las mismas, han de ser responsables del cumplimiento de sus obligaciones. Una vez extinguido el incendio, podemos poner en duda la responsabilidad de los “responsables”, valga la redundancia.

Es evidente que en lo que a los incendios forestales se refiere, la política de recortes de casi todas las comunidades autónomas de España, Castilla-La Mancha incluida, ¡Cómo no!, ha jugado y está jugando un papel casi temerario. Esos presumibles ahorros que se buscaban con los tijeretazos se están convirtiendo en gastos irrecuperables. Y es más, a las pérdidas humanas y forestales no hay que dejar de sumar dispendios económicos de última hora dedicados a paliar las carencias existentes, los cuales suelen ser a veces aún más caros que los servicios recortados. Un ejemplo, en lo que al incendio de Valencia se refiere la  del ejército español ha puesto en marcha el mayor despliegue de medios humanos (más de 1.100 efectivos) y físicos de su historia. A pesar de ser una unidad creada para tal efecto, el coste de la movilización de dichos efectivos es elevado. Y crucemos los dedos, las organizaciones ecologistas vienen advirtiendo que 2012 será un año considerado de alto riesgo de incendios forestales dadas las condiciones meteorológicas que estamos viviendo. Ante la simultaneidad de varios grandes incendios, ¿tenemos alguna certeza de poder afrontarlos?

Medioambientalmente hablando, esta catástrofe también arroja unos datos relevantes. El total de hectáreas que han ardido entre los incendios de Hellín y Valencia (en menos de cuatro días) asciende a 58.000. ¡Más de 58.000 Olímpicos de Kiev! ¡Con lo ancho que se veía! El dato es abrumador pues solo dos incendios representan el 68% de todo lo que ardió en España en 2011, y más del 30% de todo lo que ardió en el peor año en términos forestales (2005) de los últimos doce analizados. En términos de emisiones podemos decir que, aproximadamente, España, en tres días de combustión desenfrenada, ha emitido 2,3 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, es decir, el 0,7% de todo lo que emite el país por la combustión de energías fósiles en un año. Las mismas que todas las emisiones directas de la Industria de Bienes de Capital en España. Señores, en tres días, ¡más del 8% de las emisiones derivadas de la combustión de Carbón en toda España y para toda industria! Sin duda son datos relevantes.

Afortunadamente Kioto no incluye estas emisiones en los límites que tenemos pre acordados para 2012, si no el precio a pagar por estos recortes podría dispararse hasta límites insospechados. Pero quizás ya, lo de menos, sea hablar de dinero, pues sabemos que este existe, como las meigas (a ver el balance forestal gallego a final de verano…) aunque éste sólo sea para algunos “banquios” o “grandes banquiajos premios”. Una España arrasada por las llamas, una España que pierde al año miles de hectáreas de bosques y montes, es una España aún más insostenible que en la que ya estamos viviendo.

Pero bueno, la roja es tricampeona, a muchos les vale. Y para que luego digan, el fútbol esta semana nos ha hecho aprender cosas. Se ha demostrado una máxima que parece que se cumple asiduamente, y es que en la vida: no hay dos sin tres… Mala marcha entonces.