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Autor: Carlos Marín Gallardo

Según el FMI, en 1980 el PIB per cápita (en PPA) de Argentina era de 4855$, el 66% del PIB español (7.284$). En 2002 el PIB per cápita argentino había crecido tan sólo hasta los 7982$, un 32% del español (24.317$). ¿Por qué paso Argentina de se un país de ingresos medio –altos a ser un país pobre? Más allá del cambio en el precio de las materias primas o de la adversidad del ciclo económico, la respuesta se encuentra en una concatenación de malas actuaciones de política económica.

Después de años de inestabilidad política, medidas económicas irresponsables e hiperinflación durante los 80 (en 1989 la tasa de inflación superó el 5000%), el nuevo ministro de economía Domingo Cavallo en 1991 estableció un tipo de cambio fijo de la moneda nacional (el austral y luego el peso) con el dólar. Ésta medida fue efectiva en el control de la inflación. Además generó un marco estable que atrajo capitales al país y a los 3 años siguientes, la tasa de pobreza se había reducido casi la mitad (del 28,9% al 16,1%de la población). Sin embargo con la convertibilidad fija del peso, obliga al banco central a establecer un nivel de reservas de divisas necesario para mantener el tipo de cambio con lo que no podía seguir llevando la política monetaria acomodaticia que había ayudado a financiar la deuda pública de los gobiernos anteriores. Por otro lado, se eliminaba la posibilidad de devaluar la moneda para mejorar el precio de las exportaciones de que Argentina era tan dependiente.

Así en los primeros años, mediante privatizaciones de empresas públicas y la atracción de nuevas inversiones, el país tuvo un nivel de divisas necesario para mantener el tipo de cambio. Sin embargo, debido a la caída las exportaciones y a la frugalidad en la contención del déficit público, la deuda externa (tanto pública como privada) creció espectacularmente en los siguientes años.

En España tras la adopción del euro también se consiguió un mantenimiento relativamente bajo de la inflación y la atracción de ingentes flujos de capital, pero al igual que en Argentina, el déficit por cuenta corriente y la deuda externa (en nuestro caso, principalmente privada) no dejó de crecer durante el periodo 2000-2008.

Pero tanto en un caso como en otro, el crecimiento basado en endeudamiento externo no es sostenible en el largo plazo. En el caso argentino en 1999 ya había llegado la crisis con caídas del PIB del 4%. La respuesta del gobierno argentino, en concordancia con el FMI, fue políticas de austeridad y el rescate financiero con préstamos directos del FMI. Sin embargo, era sólo una huida hacia delante. La deuda era tan grande que, a pesar de la austeridad, no se podía pagar y la convertibilidad del peso era evidente que no se podía mantener.

Hasta aquí la analogía con los PIIGS es sorprendente. En el caso de Grecia tras la acumulación de déficits públicos y externos se optó por la austeridad y el rescate financiero de la UE, el BCE y el FMI como solución.

El siguiente paso lógico en las crisis de deuda es su transmisión al sistema financiero. De este modo, en Argentina durante 2001, dada la pérdida de confianza en la convertibilidad del peso y en la economía en general, comenzó la fuga de capitales, miles de millones salieron del país lo que provocó el pánico bancario entre la población que se apresuró a sacar los ahorros de las entidades financieras, primero para convertirlos a dólares ante una eventual pérdida de la convertibilidad y después por el propio miedo a la quiebra del sistema bancario. El caos estaba servido y el gobierno del presidente De la Rua estableció en 2001 el llamado “corralito” o la restricción a los ciudadanos a poder sacar su dinero de las cuentas corrientes y depósitos. La medida generó disturbios y desabastecimientos generalizados hasta el punto que el gobierno declaró el estado de sitio y murieron decenas de personas en los altercados. Argentina había colapsado.

En el caso de la Eurozona ya se están viendo los primeros episodios de fuga de capitales, pánico bancario (los ahorradores griegos retiraron miles de millones de los bancos durante el primer semestre de 2012).  y otros economistas ya avecinan un posible corralito para España e Italia, y de hecho con el actual nivel de liquidez y solvencia de los bancos, la retirada masiva de los depósitos conduciría a situaciones muy precarias en algunas entidades financieras que podría obligar a los gobiernos al establecimiento de controles de capital o restricciones de retirada de efectivo.

El final de la crisis en Argentina llegó con el fin de la convertibilidad del peso con el dólar y el default masivo de la abultada deuda externa.

En Europa quizá nos acerquemos al mismo fin. En el caso de Grecia, se ha visto que el rescate financiero (en realidad dos, uno de 100.000 millones de € y otro de 130.000 millones de €) no solucionó los problemas de Grecia. No olvidemos que los rescates financieros son préstamos, es decir, deuda, y es cuestionable arreglar una crisis de deuda con más deuda. De hecho, al final Grecia entró en default y ya ha dejado de pagar su deuda pública. La duda es si, como hizo Argentina abandonando la convertibilidad con el dólar, los PIIGS finalmente abandonarán el euro como medio volver a la estabilidad externa vía devaluaciones.