sidearea-img-1
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet dolore magna aliquam erat volutpat.
sidearea-img-2 sidearea-img-3 sidearea-img-4 sidearea-img-5

Recent News

Newsletter

[contact-form-7 404 "Not Found"]

Autor: Dimas Sánchez de la Morena de la Torre

Yo no tengo la receta para encontrar el oasis entre tanto desierto. Pero puede que el desierto fuera creado para que el hombre, insaciable, lo encontrara. El concepto de crisis ha entrado en un espiral donde en palabras de buenos pensadores: “ni se crea, ni se destruye, simplemente se transforma”. Y es que la “crisis” como tal, primero se apellidó financiera, más tarde económica con tintes político-comerciales, y después de deuda, seguido de soberana.

Entretanto, parece ser que el termómetro del sentimiento, ya no es la lógica, es la prima de riesgo. En mi modesta opinión, la prima de riesgo no debería medir el diferencial de lo que nuestro país tiene que pagar para que “el Mercado” (que empieza a sonar a dios griego que desata su furia contra la humanidad por su mal comportamiento), nos otorgue su confianza, con respecto al perfecto plan germano. Una conspiración monetaria más que una unión, que comenzó con un pacto fiscal no ajustado a las características económicas, motores de crecimiento, modelos laborales y sistemas financieros de cada país, mezclado con una litrona de liquidez y alegría por todo el viejo continente, perfectamente enmascarado hasta que las burbujas pincharon, y el efecto dominó, por sintetizar, es que la foto final es una unión divorciada donde ya el único país con superávit, misteriosamente, es Alemania.

Y es que tiempo atrás escuchábamos que si la prima de riesgo española superaba los 300 punto básicos (que de básicos no tienen nada) seríamos rescatados. A continuación, un buen día superamos los 400 pb y continuamos levantándonos cada mañana. Las preocupaciones se comen las unas a las otras, y después de diez años uno se da cuenta de que sigue vivo. Con esto quiero decir, que hace muy poco superamos los 500 pb, pero no ha pasado nada, porque en Grecia no son capaces de formar Gobierno, porque Francia encuentra a su superhéroe del crecimiento, porque China desacelera mínimamente su espectacular ascenso, porque EEUU mejora sus datos de desempleo, porque Guardiola deja el FC Barcelona o porque a Nadal le gusta más la tierra naranja.

Lo cual indica que la prima de riesgo no es más que el termómetro que se ha elegido para que, ante la escasez de oportunidades, en un mercado que se encuentra como un mimo temblando en su camerino, halcones y osos sean capaces de inventarse motivos para generar nuevas horquillas con un binomio rentabilidad-riesgo que resulte cuanto menos, atractivo.

Nos hemos acostumbrado a vivir en la sociedad del pánico. Nos venden a diario que hemos empezado a pensar, y en realidad estamos dejando de sentir. De sentir que se está desperdiciando quizá la generación de jóvenes mejor formada de los últimos cien años. Una generación que ya es envidiada por el mismísimo IronMan, consciente de que debe saber varios idiomas, tener cultura general, dos carreras y varios master, conocimientos de programación, diseño, estadística y física y estar en buena forma, entre un sinfín de condiciones para optar remotamente a un puesto que nunca corresponde a un contrato digno, a un salario que les permita, ya no digo ahorrar, sino subsistir, trabajando más que soñando, y con fecha de caducidad en su “oportunidad laboral” en el 90% de los “elegidos”. Y es que, desde que las grandes compañias (las pymes, 90% del tejido empresarial de este país, con generar EBITDA positvo ya están haciendo milagros), han encontrado este sistema rotatorio de utilización y aprovechamiento de los jóvenes para hacer el trabajo sucio, indignantemente remunerado, sin aspiración a formarse y crecer con la empresa, el “becarismo” indefinido con cien caras diferentes en un año, es una ganga para éstas y una vergüenza en general. La clase política, en este sentido, no sé la conciencia, pero las manos si las tienen bien lavadas. La prima de riesgo pues, debería medir esta fuga de talento, y no puntos básicos que básicamente obedecen al oportunismo de las grandes finanzas.

Es un tópico decir que los jóvenes son el futuro, pero también una realidad, y más en un país con mucho cementerio de elefantes. Si yo pudiera, que no puedo, acudir con un power-point a las cumbres del G-20, destacaría que por mucho que se empeñen, no somos una generación perdida, que sabemos que el mejor profesor es el error, que ningún experto nació así, y alguna vez fue aprendiz. Que nos atrevemos a fracasar en grande para triunfar en grande, que hay dos formas de sufrimiento: el trabajo duro o el arrepentimiento, que el azar es cuidar los detalles, que no podemos resolver los problemas que creamos pensando de la misma forma que lo hicimos cuando los creamos. Que toda la clase política y altas esferas empresariales están observando como cae la manzana, y nosotros, apelando al espíritu de Newton, no observamos su caída, nos preguntamos por qué.

Tarde o temprano la Ley de los Promedios dará la razón a esta generación que no se rinde, porque cuanto más escuchamos el sonido de un “No”, más cerca estamos del sonido de un “Sí”. Los nuevos rumores son que Alemania puede haber encargado secretamente imprimir marcos para ella y los países nórdicos. Que los griegos ya han impreso nuevos dracmas, y que el armaggedon del euro toma forma. Tiempos difíciles quieren robar la primavera, de una generación que aprendió que a “imposible” le sobran dos letras. No importa cómo midamos el riesgo, si se infravalora el talento.