Creo que no es casualidad que el grupo que puso en boca del mundo esta frase, como estrofa de su maravillosa “London calling”, se llame “The Clash”. Sin duda, cuando tocamos el tema nuclear, no podemos evitar encontrarnos ante un “Conflicto”, en este caso de dimensiones atómicas, y no precisamente por pequeñas.

Se recomienda leer el artículo disfrutando de esta maravillosa canción: London calling –The Clash-.

En la actualidad es habitual, más si cabe con la sombra de la crisis sobre nosotros, oír argumentos a favor del resurgimiento a nivel nacional de la energía nuclear. Las estrategias son varias, por un lado inundar la opinión pública con dudas sobre otras alternativas energéticas es casi una costumbre, la crítica y el desprestigio al sistema de primas de las renovables es buen un ejemplo de ello. Por otro lado enarbolar, curiosamente, la bandera de la energía verde y limpia es otra estrategia, a mi juicio la más llamativa.

En este punto, situémonos. Hablamos del desarrollo de la energía nuclear para la producción de energía eléctrica, dejamos para otro artículo la problemática militar. El problema geopolítico de quién puede desarrollar programas nucleares en función de su bandera o régimen es harina de otro costal. Es una discusión eludible, sobre todo si formas parte del “bando de los buenos”, Naciones Unidas mediante.

Comencemos tratando de arrojar algo de luz sobre uno de los principales mitos de la energía nuclear, el de las emisiones de CO2 cero, ¿es cierto? No. Cuando hablamos del impacto medioambiental de cualquier tipo de bien, industria o tecnología (como es el caso de la energía nuclear) debemos saber diferenciar entre los conceptos de emisiones directas e indirectas. Las centrales nucleares, directamente, es decir, en el proceso de producción de energía eléctrica, no emiten a penas CO2. No podemos decir lo mismo en términos indirectos. En la actualidad son muchos los estudios que, a través de análisis del ciclo de vida, cifran las emisiones de las centrales nucleares muy por encima de las del resto de energías renovables (ni si quiera estas presentan emisiones cero por kWh producido). Los resultados dependen, en la mayor parte de los casos, del país en cuestión que analicemos. Los peores resultados se obtienen, como casi siempre en materia energética, para el caso de las economías emergentes (China e India). Las emisiones de dichas centrales se sitúan por encima de los 250 gramos de CO2/kWh, lo que las acerca a las emisiones derivadas de tecnologías convencionales (estos resultados incluyen el proceso completo de ciclo de vida, incluyendo para el caso nuclear las emisiones de los procesos de desmantelación). Sin embargo, las emisiones medias de las centrales nucleares para los países desarrollados ascienden a 66 gramos de CO2/kWh. A pesar de esta importante diferencia, se encuentran muy por encima de la media de tecnologías como la energía eólica, con un rango de emisiones de entre 5 a 10 gramos de CO2/kWh1. Y es que no debemos olvidar que en el proceso de construcción, explotación y desmantelación de una central nuclear intervienen miles de toneladas de hormigón, acero y otros materiales (cada vez más con las nuevas pautas de seguridad), es decir energía y emisiones (ee de ahora en adelante), a lo que debemos sumar ingentes cantidades de energía necesarias para convertir el Uranio (Ruso, Australiano, Kazajo o Nigerino, porque no tenemos, y dependemos de su importación), extraído (ee), procesado (ee) y transportado (ee), en ese isótopo U-235, enriquecido (ee) en Francia, que sabemos científica y físicamente obtener, pero que ni humana ni divinamente, en caso de problemas, sabemos controlar (pregunten si no cómo sigue el caso Fukushima Daiichi).

Por otro lado eximir de toda responsabilidad medioambiental a la energía nuclear, resulta, cuanto menos, curioso. Si partimos de la base de que es difícil encontrar una organización ecologista que defienda su uso, podemos cuestionar esta idea. La problemática ecológica nuclear se puede abordar desde muchos aspectos. La seguridad y opinión ciudadana, la problemática militar y terrorista, el aumento de la radiación, la sobreexplotación minera, o la gestión de residuos pueden ser algunos ejemplos. Si nos centramos en este último, el mundo ni está preparado, ni sabe, ni puede asumir ni gestionar los residuos nucleares. Cuando hablamos de energía nuclear, nos encontramos ante una tecnología relativamente nueva (en la década de 1950 se ponen en marcha los primeros reactores) que genera unos residuos nucleares que ni el hombre ni la naturaleza son capaces de gestionar, aun habiendo pasado ya sesenta años desde su nacimiento. La problemática de los residuos y su tratamiento eleva hasta infinito el problema de la energía nuclear, pues estos residuos no dejan de ser altamente peligrosos y radiactivos hasta pasados miles de años. Las soluciones que en la actualidad se proponen pasan, hablando coloquialmente, por colocar el problema donde la sociedad menos se queje o donde más apoyos políticos se puedan obtener. En los últimos años en España hemos asistido a la apertura de un concurso público de construcción de un almacén temporal centralizado (ATC) de residuos (si, ha leído bien, temporal, 50 años, no lo olvidemos, soluciones definitivas como los AGP2 son a día de hoy una quimera) que ha dividido a poblaciones y comarcas debido al alto rechazo que la sociedad, en general, muestra. En este punto debemos reflexionar, si colocar un ATC necesario, económicamente justificado (lo estamos alquilando en Francia) y de responsabilidad nacional, ha removido el debate nuclear en España hasta sus límites, siendo sólo 5 o 6 ayuntamientos de tamaño ínfimo, los que concursaran, no me querría imaginar qué y cuántos ayuntamientos pujarían por la instalación de nuevas centrales nucleares en España. Las dificultades sociales que se presentarían hacen que pensar un futuro energético nuclear sea una empresa casi imposible de imaginar.

Y, ¿es que acaso el mundo mira con optimismo el futuro de la energía nuclear? No, los datos lo confirman. En la actualidad son muy pocos los nuevos reactores proyectados. Otra de las principales causas de este freno son económicas, en la actualidad no hay empresa privada que por motu propio pueda acometer una inversión tan mastodóntica, lenta y tan poco segura como lo es la construcción de una central nuclear. Y es que hoy en día algunos de los últimos y principales proyectos presumen de haber visto incrementados sus costes de construcción exponencialmente, así como de haberse vistos ralentizados los plazos de entrega debido a la alta incertidumbre ingenieril, social y legislativa que se presenta en muchos casos (véase el caso de la central finlandesa Olkiluoto33). Si analizamos la fotografía mundial de la energía nuclear, podemos observar algunas características de los estados que están apostando, a futuro, con nuevos proyectos, por esta tecnología. Partiendo de que los tiempos electorales de la mayor parte de economías desarrolladas y democráticas se enmarcan en cuatro años, estos proyectos público/privados quedan reservados para países con regímenes no democráticos donde los tiempos políticos otorguen al político/presidente el tiempo suficiente para inaugurar estas inversiones4, las cuales suelen extenderse a lo largo de no menos de seis años.

En conclusión, ¿pasa el futuro energético nacional o mundial por el uso de tecnologías nucleares? Claramente no. Si los motivos que han llevado al mundo a renegar de las energías fósiles han estado relacionados con problemas medioambientales, con precios, con lobbys con poder, con la dependencia exterior o con problemas geopolíticos, no podemos volver a caer en el error de hacer al mundo girar alrededor de una fuente energética que presenta, de una u otra manera, los mismos problemas. ¿Pasa la solución por producir ya hoy en día todo con renovables? Claramente tampoco. Principalmente porque necesitan más tiempo para desarrollarse. Si contamos con que en menos de 10 años las renovables se han hecho con casi 1/3 de la producción de energía eléctrica en el mundo desarrollado, el tiempo necesario para su total desarrollo (mayor rentabilidad) no debería ser muy elevado, siempre que se mantuvieran las inversiones actuales. Con otras tecnologías se ha sido más paciente en su desarrollo. Y, ¿mientras tanto? Estamos ante la obligación de buscar las soluciones más eficientes dados los recursos con los que contamos. Busquemos mix eléctricos compensados donde, por ejemplo, se puedan mantener abiertas las nucleares que estén en funcionamiento hasta que dejen de ser más que peligrosas (sometidas, eso sí, a los más estrictos controles de seguridad) o busquemos la eficiencia de las tecnologías fósiles a base de innovación e introducción de nuevas técnicas. Ejemplo de ello pueden ser la expansión de los ciclos combinados de gas natural (eficiencia medioambiental, bajo coste y tiempo de construcción y producción flexible), o el desarrollo de tecnologías punteras a nivel europeo de combustión convencional, como la central de Gasificación Integrada en Ciclo Combinado (GICC) Elcogas. Situada en Puertollano, en esta central se gasifica carbón local (sostenible y medioambientalmente más eficiente) y se introduce en un proceso de generación de electricidad de ciclo combinado. El CO2 generado se captura y almacena en una de las primeras plantas piloto de captura de CO2 en España. Si seguimos invirtiendo en el desarrollo renovable, España, con los años, podrá reducir, que no cancelar, pues la inexistencia de recursos naturales propios lo impide, su dependencia exterior en materia de producción de energía eléctrica en particular y de energía primaria en general. Quién sabe si algún día España podrá decir al mundo que produce su electricidad, en gran medida con su viento, con su sol (sus recursos más abundantes) y con su tecnología, cosas que este país jamás ha podido decir acerca de casi cualquiera de sus industrias. Se nos ha presentado y se nos presenta una oportunidad de oro en materia reconversión industrial en nuestro país, más si cabe en tiempos de crisis. La energía renovable puede ser para España una seña de identidad y de progreso industrial, ¿Acaso no es lo que durante años hemos estado buscando? Respondan ustedes…


  1. Los datos sobre las emisiones medias por kWh de cada tipo de central nuclear se obtienen del artículo de Benjamin K. Sovacool (2008), Valuing the greenhouse gas emissions from nuclear power: A critical survey, Energy Policy, 36, páginas 2940 – 2953. 
  2. Almacenamientos Geológicos Profundos (AGP), sólo existe uno a nivel mundial, WIPP en Nuevo México de uso exclusivo militar (Naciones unidas mediante). La tecnología actual no ha dado solución a dicha problemática, y los AGP no son una realidad. 
  3. Central construída por Teollisuuden Voima (TVO) junto al consorcio franco – alemán Aerva – , iniciada en 2003, con fecha de inauguración prevista en 2009, retrasada en el mejor de los escenarios hasta 2014. En este tiempo se dobla el tiempo de entrega, hasta los 11 años, y casi se dobla el coste de la misma, de los 3.000 millones de Euros iniciales, a más de 5.000 millones de Euros previstos para 2014 (casi el doble del presupuesto de educación de España en 2012, que asciende a 2.220 millones de Euros). 
  4. Los 65 reactores nucleares en construcción en 2011, se encuentran en, ASIA: China (27 – MW 27230); Corea del Sur (5 – MW 5560); India (5 – MW 3564); Irán (1 – MW 915); Japón (2 – MW 2650);; Pakistán (1 – MW 300); EUROPA: Bulgaria (2 – MW 1906);; Finlandia (1 – MW 1600); (Francia 1 – MW 1600);; Rusia (11 – MW 9153); Eslovaquia (2 – MW 762); Ucrania (2 – MW 1900); AMÉRICA: Argentina (1 – MW 692); Brasil (1 – MW 1245); EE UU (1 – MW 1165). Fuente: El mapa nuclear en el mundo, Diario El País, 14 de marzo de 2011.