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Autor: Raimundo González Giménez

La actual situación de crisis económica afecta a la actividad de todos los países del mundo de manera más o menos intensa, ya que la dependencia entre unas áreas geográficas y otras es inevitable en los tiempos que vivimos. Tal evidencia debe ser un factor favorecedor en la búsqueda de soluciones encaminadas a reducir las tensiones que los mercados generan al descontar las expectativas existentes.

A partir de aquí, y en un modelo de expansión crediticia prácticamente ilimitada como el actual, el papel de los bancos centrales en los momentos más negativos de los ciclos económicos resulta determinante. Si en el camino hacia momentos de gran actividad, ofrecen altas dosis de liquidez al sistema hasta llegar a fases de auge, su protagonismo también es necesario en etapas de recesión, dotando de crédito y liquidez a los diversos agentes económicos con el fin de evitar traumáticas recesiones.

Desde el comienzo de la crisis, el dinero es prácticamente gratuito en la mayor parte de las potencias mundiales. Estados Unidos, Reino Unido o Japón han manejado tipos de interés muy bajos con el fin de inyectar liquidez al sistema. Seguramente será cuestión de esperar a que los mercados redirijan sus mecanismos naturales hacia aquellos sectores preparados para absorber los diversos medios de producción actualmente ociosos.

Europa debería seguir la tendencia marcada por las potencias comentadas. De ello deben estar convencidos los máximos responsables del timón económico, los cuales tomarán a corto plazo esta política al irse concretando la posibilidad de verdaderos problemas tanto para España como para Italia y, por ende, para la Europa que conocemos y para las grandes potencias aludidas (elecciones presidenciales por medio). Precisamente esa actuación en el corto plazo podría desencadenar, en el largo, algunas modificaciones en las normas europeas relativas a actuaciones en materia de política fiscal y de control sobre las entidades financieras.

La situación a día de hoy, donde los tipos de interés pagados por nuestro país están cercanos al 7%, y por Italia al 6,5%, es característica del camino hacía el proceso descrito en el párrafo anterior. Incluso los dirigentes alemanes tienen que acabar cediendo y adaptando sus posturas ya que hay que considerar, además, que los índices de inflación se encuentran, en general, contenidos.

Las entidades financieras españolas tendrán, sin duda, un control necesario y homogeneizador que evite las tensiones y sobresaltos que los mercados financieros están provocando actualmente. Los políticos europeos, por su parte, deberán avanzar hacía la sintonía entre la unión monetaria, fiscal y política.