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Autora: Mª Ángeles Cadarso. Departamento de Análisis Económico y Finanzas

A finales de abril conocimos que la tasa de paro de la economía española en el primer trimestre de 2012 había alcanzado el 24,44% y que la cifra total de parados supera ya los 5,6 millones. Esa tasa de paro se acerca al máximo de la economía española de 1994 y en términos de desempleados supone un nuevo máximo histórico.

¿Hacia dónde va a corto plazo? El Gobierno es optimista y supone que no superará el 25%, aunque nada justifica esa afirmación. ¿Hacia dónde va a medio y largo plazo? Los economistas trabajamos con equilibrios, que son centros de gravedad a los que tienden las economías a medio y largo plazo. En el caso de mercado de trabajo los nuevos economistas keynesianos, como  economista jefe del FMI (aunque también otras corrientes de pensamiento como nuevos economistas clásicos, con premios Nobel entre sus filas como Robert Lucas, Thomas Prescott y Fynn Kydland y monetaristas) consideran que hay una tasa de equilibrio para el mercado de trabajo que denominan la tasa de paro natural. El nombre no es muy afortunado, porque, como el propio Blanchard afirma, esa tasa de paro no tiene nada de natural, no viene dada por la naturaleza, y sería mejor denominarla tasa de paro estructural. Esta tasa de paro de equilibrio no es directamente observable, no la dan las estadísticas del INE.

Las políticas de demanda no son capaces de afectarla, pero sí las políticas de oferta, como la reforma del mercado de trabajo que ha llevado a cabo el Gobierno. Algunas de estas medidas como el abaratamiento del despido con la generalización del contrato con indemnización por despido de 33 días y un máximo de 24 mensualidades, la flexibilización de las causas de despido improcedente, la eliminación de la necesidad de autorización administrativa en los EREs, la inclusión de la “cuantía salarial” por primera vez entre las condiciones de trabajo que la dirección de la empresa puede modificar “por razones económicas, técnicas, organizativas o de producción” van en la dirección disminuir la capacidad de los trabajadores de solicitar mayores salarios y de disminuir la dualidad del mercado de trabajo y la protección de los contratados indefinidos frente al resto. Su resultado será, previsiblemente, disminuir la tasa de paro de equilibrio de la economía española, como es deseable. El problema de estas medidas, y del resto de medidas, es doble. Primero, hace recaer el esfuerzo mayoritariamente sobre el trabajador. Hay pocas o ninguna medida que actúe sobre la productividad o el margen empresarial que podrían tener el mismo efecto de reducir la tasa de paro de equilibrio. La excepción es el derecho a 20 horas de formación al año pagadas por la empresa. El segundo problema es que estas medidas, como ha reconocido el propio presidente del Gobierno, solo van a tener efecto a largo plazo e incluso su impacto a corto plazo puede ser negativo.

El inconveniente no es solo que el largo plazo puede ser muy lejano (y a largo plazo todos calvos) y que mientras tanto el desempleo sigue aumentando. El principal handicap es que si ese desempleo alto y creciente se prolonga en el tiempo se puede producir histéresis. Y si se produce histéresis la tasa de paro de equilibrio de la economía española aumentará, no porque haya crisis y desconfianza y poca demanda y poca inversión y poco consumo, sino por el mero hecho de que el desempleo ha sido alto durante mucho tiempo. Es lo que significa histéresis, que la historia importa y la tasa de equilibrio se ve arrastrada por la alta tasa de paro existente. Y el riesgo existe y es muy alto. Tanto como el número de desempleados de larga duración de la economía española, los cuales ya superan los 1,2 millones de personas.

Esto significa que hay que hacer algo ahora, en el corto plazo, para evitar que se produzca este fenómeno, la histéresis y cuando salgamos de la crisis no nos demos cuenta de que nos cuesta reducir mucho el desempleo y que, si lo conseguimos, aumenta la inflación y al final la tasa de paro vuelve aumentar. Hay que hacer algo que tenga efectos sobre la tasa de paro ahora y no solo en el futuro. Algo como políticas expansivas de demanda. Al menos eso es parte de lo que aprenden mis alumnos en la asignatura de macroeconomía en segundo curso de grado.