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Autora: Sandra Esteve Gualda

El G-20 y los bancos centrales de las principales economías europeas habían contemplando diferentes paquetes de medidas para estabilizar los mercados financieros y prevenir la restricción del crédito que podría haber sucedido si Grecia hubiera ratificado su abandono de la unión monetaria en las elecciones del pasado domingo 17 de Junio. Este tema, dado que sus consecuencias van más allá de las fronteras del país heleno, ha provocado el interés incluso de representantes de Estados Unidos, aunque llaman a la calma afirmando recientemente que el resultado de las elecciones de este domingo es “una señal definitiva” sobre el futuro de la eurozona.

Desde las autoridades monetarias europeas y subrayado por el G-20, se afirmaba que “Los bancos centrales se están preparando para una acción coordinada que garantice la liquidez”, lo que en principio parece una llamada a la unanimidad que también apoya Obama, que ha contactado con los principales líderes europeos en las últimas semanas, para animar a los socios de la moneda única a adoptar soluciones conjuntas ante una crisis.

Los griegos han tomado una decisión democrática acerca de qué camino tomar para conseguir volver a las tasas de crecimiento positivo. En este sentido, sus dirigentes han valorado los puntos positivos de permanecer o no en el Euro pero, obviamente, desde el punto de vista griego. El punto a recalcar en este sentido es que Grecia no puede salir del euro sin salir también de , según establece el Tratado de Lisboa. En palabras de la portavoz de , Karolina Kottova. “El Tratado no prevé una salida de la zona del euro sin una salida de la Unión Europea, ésa es la situación actual”

Sin embargo, no se puede obviar que la decisión de uno de los países miembros de abandonar la Unión Europea tiene consecuencias para el resto de países que forman el euro grupo. Muchos de estos países, entre ellos, el nuestro con una situación todavía no tan dramática como la griega, podrían haber visto un ejemplo a seguir en el comportamiento griego lo que, a la larga, podría desembocar en el fin de la moneda única europea y todas las pretensiones tanto económicas como políticas que ello acarrea.

En este sentido, el pacto de la eurozona para solucionar la crisis de deuda griega (una quita del 50% de la deuda helena y la ampliación del fondo de rescate a un billón de euros) tenía una única misión: frenar de raíz el contagio a países como España e Italia. Ante el peor escenario, esto implicaría que el BCE se vería obligado a asumir la responsabilidad de la supervivencia de los bancos de estas economías afectadas inyectando mayor liquidez en el sistema y obligando a las entidades a buscar más capital, cuya consecuencia más grave se está materializando en la paralización de la concesión del crédito en los países de la zona euro.

Si el resultado de las elecciones griegas hubiera sido el contrario, también parece previsible que la reacción de los mercados no sería favorable. Una de las muchas opiniones en este sentido es la de los analistas de Saxo Bank, que sostienen que “Esto no sería un problema si Grecia fuese un problema aislado, pero si otros países en apuros como Portugal, Italia o España acompañasen a Grecia a la puerta de salida, la situación sería inasumible para el BCE”.

Por tanto, aunque no estamos salvados, si que la victoria de , líder de Nueva Democracia, ha supuesto un cierto respiro en el horizonte más inmeiato. Ahora bien, en el medio plazo si Grecia no cumple con sus compromisos, pude que lleguemos al fatídico resultado y, de hecho, hay voces que ya apuntan en esa dirección: desde el punto de vista de países como Alemania quitarse el lastre griego supondrá beneficios, al menos a medio o largo plazo. Mitch Goldberg, presidente de ClientFirst Strategy mantiene que “A largo plazo, una salida de Grecia sería alcista para todos”, y que “Alemania apoyaría a Grecia en la transición para que fuera lo menos traumática posible y sería la mejor manera de fortalecer la cadena: retirar el engranaje más débil”. Para el resto de grupo de los PIIGS, la repercusión en los mercados y el efecto contagio podría hacer que la cadena europea se quedara con tan pocos engranajes sólidos que dejara de funcionar.