sidearea-img-1
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet dolore magna aliquam erat volutpat.
sidearea-img-2 sidearea-img-3 sidearea-img-4 sidearea-img-5

Recent News

Newsletter

[contact-form-7 404 "Not Found"]

Autor: Nuria Gómez Sanz

La especulación era un fenómeno ajeno a los mercados agrícolas hasta los movimientos desreguladores que tuvieron lugar a finales de los 90. Antes de esta tan solo los productores tenían esta opción, que les permitía cubrirse de posibles riesgos por fluctuaciones inesperadas en producción y precios, lo que estabilizaba el mercado. Las cosas han cambiado a partir de la desregulación del 2000, cuando los precios de los productos agrícolas dejaron de estar determinados por la oferta y la demanda. Si las únicas fuerzas que participaran en estos mercados fueran la oferta y la demanda se habría podido esperar un incremento en los precios resultado del incremento de la población mundial, la mayor escasez de agua y tierras, los fenómenos meteorológicos extremos, como sequías o inundaciones, cada vez más habituales, y el crecimiento de la clase media, con una dieta más rica carne, leche y huevos. El precio de los productos alimenticios también se ve vería afectado por el incremento de los precios de los carburantes y la mayor concienciación sobre la contaminación debida al transporte, que hacen más caro y menos deseable el transporte internacional de productos alimenticios. Y otro elemento importante es la producción de biomasa para energía, que hace uso de tierras de otra forma utilizables para la producción de alimentos y que actualmente es un factor fundamental en el incremento de los precios agrícolas. Todos estos elementos habrían producido un incremento en los precios, pero este habría sido paulatino y predecible, por lo que hubiera ido acompañado por un incremento en la producción que lo hubiera suavizado. Sin embargo la entrada de los inversores especulativos, además de agudizar el incremento de los precios hasta límites prohibitivos, ha llevado a una gran volatilidad de los mercados, y ello ha desincentivado la inversión.

La volatilidad del mercado ha animado a ingenieros financieros y a economistas a construir complejos modelos para hacer previsiones y poder aprovechar mejor las posibilidades del mercado de futuros, generando movimientos imprevisibles y picos de precios, sin responsabilizarse de las consecuencias de esta estrategia, ganadora para unos pocos pero devastadora para muchos. Cada nueva subida de precios provoca una reacción de acumulación de stocks reales o ficticios (entiéndase futuros), al mismo tiempo que ahoga a los países más pobres, o desencadena revueltas o crisis políticas. Entre 2007 y la actualidad ha habido dos incrementos súbitos de precios, en ambas ocasiones los precios crecieron en más de un 50% en menos de un año (tan solo 5 meses en el incremento del 2011).

El efecto del incremento del precio de los alimentos es siempre perverso, en países de mayor PIB per capita supone un impuesto regresivo que afecta más a las familias con menor renta, que gastan un mayor porcentaje de esta en consumo alimenticio. Esto para las familias sin riesgo de pobreza que se sitúan en países ricos, el efecto en los países más pobres puede ser devastador. El incremento de los precios de los alimentos tiene unos costes terribles en términos de salud, puesto que lleva a millones de personas a la inanición, la enfermedad o incluso la muerte.

En el escenario actual, crisis y sequías en zonas con gran parte de la población en riesgo de extrema pobreza, el enriquecimiento de los agentes financieros gracias a las apuestas sobre precios de productos alimenticios debería escandalizar a la sociedad, sin embargo la mayoría de nosotros no somos conscientes de lo que nuestro banco está haciendo con el dinero de nuestros planes de pensiones o nuestras inversiones. Los agentes con mayor presencia en los mercados de futuros, el escenario especulativo por excelencia, son los fondos de inversión y los fondos de pensiones, de forma directa o a través de bancos. Entre los principales jugadores de este casino de productos básicos encontramos a , siempre ganador,  y . La situación ha sido denunciada por entidades como el  , la Naciones Unidas, la FAO, la Unicef o el Relator Especial para el Derecho a la Alimentación de la Naciones Unidas.

Los gobiernos están haciendo tímidos movimientos para contener estos movimientos especulativos, y controlar la volatilidad de los mercados, pero la oposición de los mercados es grande y, como hemos aprendido dolorosamente durante estos últimos años, nadie quiere inquietar a los mercados, mucho menos oponerse a sus abusivos deseos. Estados Unidos ha lanzado la Dodd-Frank Act, de julio de 2010, a la que por supuesto los mercados financieros se oponen. Esta ley regula los “límites” de las posiciones especulativas o máximos en el número de contractos de un especulador, sin embargo el espíritu original de la ley se ha ido debilitando y en su última versión se sitúa el máximo en el 25% del total del mercado, lo que no controla la especulación, tan solo el poder de los especuladores individuales, un control muy tímido que no resolverá el problema.

 también ha movido ficha en este juego, proponiendo la MiFID (Markets in Financial Instruments Directive). La Directiva europea es muy amplia y abarca gran cantidad de temas. El control del mercado de futuros de alimentos se legisla junto a las estructuras de distribución y asesoramiento las instituciones financieros. Esta amalgama de temas y la presión de los grupos de poder afectados auguran un lento desarrollo de la directiva. Su discusión comenzó en marzo del presente año, unos cinco meses después de su publicación, y no se llevará al pleno del  hasta septiembre de este año. Puesto que es una ley compleja se espera una larga discusión, por lo que su aprobación definitiva, y tal vez “suavizada”, no tendría lugar hasta bien entrado en 2013. En términos legales aprobación no implica aplicación de forma inmediata, esta podría retrasarse otros dos años, tiempo en el que ha de desarrollarse el cuerpo normativo necesario.

No se esperan grandes avances como consecuencia de la aplicación de estas leyes, más aún si falta el compromiso de potencias económicas en Asia o incluso dentro de Europa (el Reino Unido ya se ha declarado abiertamente en contra de la MiFID). Otras medidas han sido propuestas, como la generación de una reserva de grano internacional, una especia de banco central para algunos cereales que son fundamentales en la dieta de los países pobres, propuesta del agroeconomista Joachim von Braun, la transparencia absoluta en los mercados y controles del número de de posiciones especulativas, propuesta del físico y experto en dinámica de sistemas complejos Yaneer Bar-Yam, o la ilegalización de las “apuestas” sobre la oferta de alimentos, propuesta del experto Frederick Kaufman.