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Autor: José Pajares Linares. Alumno de 4º de ADE

Desde que empezó la crisis en aquel ya lejano 2008, se han puesto de manifiesto los problemas estructurales con los que cuenta España desde hace mucho tiempo, que sabíamos que teníamos, pero para los que mirábamos a otro lado.

Estoy hablando de problemas en el modelo de crecimiento español, tales como el bajo progreso técnico, la baja productividad, el bajo nivel educativo (constatado por los informes PISA que nos sitúan a la cola de Europa), el crecimiento basado en el empleo y no en la productividad, el crecimiento concentrado en sectores muy vulnerables, etc.

Todos estos problemas hacen que nuestro modelo económico se asiente sobre una base muy frágil que hace que, en épocas de crisis, nuestro país se convierta en una macabra máquina de crear parados. Nuestro error ha sido refugiarnos siempre en nuestro fuerte crecimiento en las épocas de auge y no pararnos a pensar en cómo se está produciendo ese crecimiento. Y es que hay algo que no funciona en nuestro país, no aprendemos de los errores, de nada servirán las políticas para reducir el déficit ni servirá tampoco salir de esta crisis algún día, si no nos paramos a pensar por qué hemos sufrido esta desmesurada crisis.

Hace unas semanas llegó a la calle el debate de si es sostenible el estado de las autonomías tal y como hoy lo conocemos. En mi opinión, no deberíamos renunciar a las autonomías por completo, pero en este debate me surge una duda: si cedemos competencias a Europa en materia de política monetaria, y a su vez descentralizamos el Estado cediendo parte de la fiscalidad, la sanidad y la educación, ¿qué margen de maniobra le queda al Estado Español, para afrontar un entorno económico cada vez más complejo, dinámico y globalizado?

En el pasado 2011, el gobierno anterior daba por supuesto que el Estado cumpliría con el objetivo del 6% del déficit, hasta que llegó el temido dato de las autonomías. Ese dato puso de manifiesto que el conjunto del Estado gastó 25.000 millones de euros más de lo que tenía previsto, y todo debido al gasto de las autonomías, ¿es esto normal?

¿Puede un país conseguir ser competitivo con 17 modelos de educación? ¿Puede un país dar confianza con 17 mini-estados, con sus propios intereses y dispuestos a luchar entre sí?

A todo esto se suma la actitud de “nuevos ricos” y me atrevería a decir, que de cierta prepotencia mostrada en los años de auge por España, pues el Estado ha malgastado una enorme cantidad de fondos públicos en proyectos faraónicos con el único objetivo de aparentar, y por la única razón de unos aires de grandeza que no correspondían con la realidad. Porque la realidad nos ha mostrado que no eran necesarios aeropuertos como los de Castellón o Ciudad Real; porque la realidad nos muestra que no son necesarios edificios majestuosos para educación o sanidad si no son necesarios de verdad y si no van a tener demanda; porque la realidad nos muestra que no necesitamos tantos kilómetros de Ave; porque la realidad nos muestra que no tiene sentido endeudarnos para conseguir unas Olimpiadas, para conseguir celebrar un gran premio de Fórmula 1, o simplemente para decir “qué bonita es esa fuente”…

España ha querido aparentar una cosa que no era y hasta que no cambie nuestra actitud, hasta que no aprovechemos de alguna manera esta crisis para afrontar nuestros problemas y nuestro modelo, no llegaremos a ningún sitio.