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Autora: Nohemí Gómez

En los últimos tiempos se ha hablado mucho acerca de la situación laboral de los españoles. El trabajo es cada vez más escaso, en peores condiciones y por supuesto menos retribuido, mientras que los trabajadores cada vez están más cualificados y dispuestos a aceptar trabajos en los que las condiciones técnicas, de horario y salariales son en mi opinión, abusivas e injustas.

Dentro de la gran cantidad de parados podemos observar diferentes situaciones que obligan a los desempleados a buscar diferentes alternativas: aumentar el nivel de formación, emigrar, aceptar trabajos en condiciones nefastas o las más dura de todas ellas esperar un trabajo que nunca llega.

En cuanto al colectivo que está aumentando el nivel de formación, el mayor porcentaje lo ocupan los que acaban de finalizar alguna titulación y puesto que la inclusión en el mundo laboral es prácticamente nula, deciden realizar másteres, cursos, idiomas, etc. que les facilite la consecución de un puesto de trabajo. Pero no pensemos solo en jóvenes recién salidos de sus titulaciones ya que si nos paseamos por los centros universitarios podemos observar un colectivo de personas entre 35-45 años, que vuelven a la universidad para completar su formación, ya que han perdido sus puestos de trabajos. Por supuesto además de la formación universitaria, cada vez hay mayor demanda de cursos de formación por parte de personas de cualquier en edad en situación de desempleo.

En el colectivo de emigrantes, podemos analizar diferentes situaciones aquellos que están dispuestos a emigrar de una ciudad a otra, y los cuales son una gran mayoría de parados, pero siempre y cuando los gastos del cambio permitan mantener a sus familias en caso de tenerla o simplemente cubrir sus gastos. Y los que están dispuestos a marcharse al extranjero, para conseguir puestos que se adecuan más a su formación y por supuesto mucho mejor remunerados. En su mayoría, los trabajos que se obtienen no son los más adecuados a su formación pero permiten adquirir conocimientos y una remuneración inexistente en nuestro país.

Otra situación que se presenta, la encontramos en aquellas personas que se ven obligadas a aceptar trabajos que como anteriormente comentaba, en mi opinión son abusivas. Muchas personas aceptan estos empleos debido a la necesidad de mantener sus familias y sus casas, puesto que sin estos puestos, sus casas serían embargadas por los bancos y sus familias dependerían de la ayuda de otros familiares, vecinos e incluso asociaciones como Cáritas, que hoy en día se ven desbordados por la cantidad de familias que piden ayuda para poder comer. Otros simplemente aceptan estos trabajos con la esperanza de poder acceder en el futuro a un mejor empleo o que la situación mejore en la empresa y puedan mejorar sus condiciones.

El último colectivo está formado por los ciudadanos que buscan empelo activamente y a los que por su edad o condiciones personales les es más difícil entrar en el mercado laboral y lo único que les queda es esperar que alguien les llame mientras sus familias y expectativas se ven cada vez más ahogadas.

Finalmente, hemos de tener en cuenta que numerosos trabajadores que todavía conservan sus empleos, han sufrido una reducción salarial, en retraso a la hora de cobrar sus salarios e incluso la falta de percepción de sus salarios. Y ante esta situación se ven indefensos, puesto que muchas empresas se niegan a despedirlos, e intentan que estos trabajadores pidan el despido voluntario, con el cual, los empresarios se ahorran el pago correspondiente al despido. De manera que el trabajador no tiene más remedio que aguantar, ya que si se marchan ellos mismos además de no percibir el despido correspondiente renunciarían a sus contribuciones.

Por suerte aún quedan empresas que mantienen los salarios y las condiciones de sus empleados. Y muchos empresarios se han visto obligados a realizar cambios en sus plantillas no por capricho sino por necesidad, y que esperan poder remontar la crisis para bien de sus trabajadores y por supuesto de ellos mismos.

Por ello, creo que sería útil una política que favorezca el aumento de empleo, y no la actual política de reducción de gastos, la cual creo necesaria pero realizando recortes de forma eficiente y no a costa de los trabajadores.

Ya que los sueldos de los políticos se mantienen y no son sueldos precisamente moderados, ni creo que se adecuen a los cargos que desempeñan. Puesto que estos han sido quiénes han permitido el desastre bancario que existe actualmente en nuestro país, han arruinado ayuntamientos y “se pagan” caprichos en forma de retribuciones, que jamás podríamos pagar el resto de empleados de este país.