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Autor: Josías Paulino Cuevas

En estos últimos años en los que hemos sufrido violentas convulsiones económicas que nos han hecho cuestionar el funcionamiento de nuestro actual sistema productivo, de nuestro sistema financiero e incluso de nuestro sistema de valores morales. A los ciudadanos, en especial a los jóvenes, se nos ha bombardeado desde las esferas políticas con constantes ideas o propuestas de cambio de restructuración e incluso de una manera infamemente de renovación, lo que algunos llaman regeneración generacional. Pues bien tras 4 años de crisis, unas elecciones municipales otras generales e innumerables decretos-ley, pactos y otras argucias políticas. La sensación que tengo como joven; el resultado de mis conclusiones de mis deducciones y suposiciones, es de que todo sigue igual, solo cambian los nombres y las ideologías. En los partidos políticos, los personajes que ya esta aspiran a no irse nunca y los que nuevos que llegan aspiran a ser como los que están, con lo cual el sistema no cambia, solo se retroalimenta.

Este juego político en el que esta envuelto esta joven democracia, se ha convertido en los últimos 16 años (desde que se abrió la veda urbanística) en un “Quítate tú para ponerme yo.”La ineficiencia de las actuaciones políticas de ésta pongamos; lustrosa última década. Ha sido en algunos casos de un sub-realismo que dejaría atónito al mismísimo Dalí. en algunos casos se han tomado decisiones basadas ó que al menos se excusaban, en que vivimos una época de abundancia económica. Esto se podría entender así o al menos serviría de excusa, sino fuera porque con la misma estupidez que se tomaron algunas decisiones entonces, se siguen tomando ahora. Esto te hace plantearte una pregunta ya antológica: ¿Que fue primero la gallina o el huevo?; ¿Las decisiones políticas son consecuencia de la situación económica? (que es culpa de “Los otros,” como no) ó ¿La situación económica es consecuencia de las decisiones políticas?

Es evidente que España no está atravesando su mejor momento económico, también es evidente que el sector financiero tiene mucha culpa de ello, pero esto es como el cuento de Frankenstein, en el que los aldeanos persiguen, ya sea por miedo o por odio, al monstro con antorchas, azadas y demás utensilios de labranza. Pero ningún aldeano se para a pensar que en realidad tan responsable de los actos que acomete el monstro, es él como su creador. En nuestro caso, tan culpable es el sistema financiero como “su creador,” el sector publico se supone que tiene que ser el gran el hermano que todo lo ve y todo lo oye. Pero claro si los principales dirigentes del sector público son políticos que tienen una visión de futuro un tanto: En primer lugar egoísta; egotista porque solo pensaban en lo mejor para sus carreras, para sus votantes y su región. En segundo lugar faraónica; porque disponemos de más aeropuertos comerciales, que la misma Alemania (38-19, ganamos); kilómetros y kilómetros de autopistas, autovías y vía férreas inutilizadas o infrautilizadas, hospitales que pretendían ser de los más grandes de Europa (El de Toledo por ejemplo) y otras tantas obras de tal proyección y de tal magnicida que harían empequeñecer al mismísimo Ramsés II. Y en tercer lugar como no, la visión electoral; electoral porque todo se traduce o se cuantifica en número de votos, digamos que sus ciclos de vida se manejan en periodos de 4 años. Y es esta última forma de ver el futuro que tienen nuestros políticos, uno de los más grandes problemas que puede tener nuestro sistema económico: el corto plazo.

La economía española necesita grandes reformas y todas ella son reformas a largo plazo o que al menos (Para que se observen resultados positivos) deberían serlo. Son reformas que puede que a algún político le cueste votos; por ejemplo se necesita: Una reforma fiscal en condiciones, no podemos poner parches y hacer pequeños apaños a uno de los problemas más importantes del sistema económico español, la encomia sumergida se calcula que podría estar entorno al 26% de PIB, directamente esto es inaceptable. Reformar el sistema funcionarial; no es que haya muchos es que están mal distribuidos, necesitamos una hacienda pública más “temible” en cuanto la recaudación de impuesto y en el fraude fiscal y para eso hace falta medios y sobre todo capital humano. Se necesita desvincular de cualquier control político, los principales órganos de control del sistema económico como es: el  o el  (que es un chiste). Los concursos de obras públicas deberían ser ajenos a cualquier influencia política. Las tan famosas Cajas de Horros, así como los grandes órganos judiciales, como el Fiscal del estado (que es quien debería actual de oficio para exigir responsabilidades), Tribunal constitucional, El consejo del poder judicial, entre otros. Y como no la última reforma que se debería hacer, es mi reforma favorita: el actual sistema autonómico y todo su entramado de cargos políticos. Hay ciertos sectores que deben volver a ser competencia única y exclusiva del gobierno central ya que la gestión de esta por parte de las autonomías ha sido un desastre. la educación post-obligatoria, sanidad y la gestión urbanística se han convertido en meras armas políticas para captar votos. Si tras esta reforma hay tiempo, habría que reducir el número de cargos políticos en las autonomías, esa famosa frase de que dos cabezas piensan mejor que una, en este caso no procede; ¿alguien sabe que utilidad a día de hoy tienen las diputaciones? En su día lo tuvieron sirviendo de apoyo a los municipios. Pero hoy día solo son un ejemplo de duplicidad de cargos, que gestionan más de 20 mil millones de euros. Estas grandes reformas son todas de un alto calado y que necesitan de un alto grado de implicación además exige de una gran responsabilidad democrática, y así debemos exigir que sea.

No podría dar por ni tan siquiera terminado este artículo, sin mencionar el papel que ha tenido la gran masa social de este país, que solo participa en el sistema político una vez cada cuatro años y hasta la próxima. Utilizando el símil de Frankenstein de líneas anteriores, el creador es tan culpable de los efectos que realiza su creación, como el monstro que produce tales efectos. Pero no por ser su creador sino por no haberle marcado el camino a seguir y sobre todo por no haber controlado sus actos. Cierto que algunos han sido unos irresponsables, pero el estado de pasotismo, de “esto no va conmigo” ese estado emocionar tan nihilista, nos hace tan culpables como ellos. La responsabilidad de un demócrata no acaba cuando éste introduce el voto. Hay una comparación que en este tipo de casos es un ejemplo muy clarificador de un comportamiento político responsable: Estados Unidos es un país en el que existe una doble moral muy marcada, algo muy fácil de ver, por ejemplo: predican con pulcritud y honestidad religiosa y son el país que más pornografía produce del mundo, tienen un presidente afroamericano y un , un tea Party y un movimiento ocupa Walt street, en fin que es un país con una coherencia ética un tanto curiosa, algo de lo que hasta ahora podríamos pensar que estamos más desarrollados que ellos. Pues bien en Estado Unidos cuando un dirigente político comete un acto que ya sea directa o indirecta influya de manera negativa en el funcionamiento de la entidad que representa, éste siente la obligación moral de dimitir, además existen comisiones en el congreso y el  encargados de investigar actos de este tipo, ¡pero si incluso habido un presidente que ha dimitido! Y aquí es donde quería llegar; los ciudadanos debemos exigir que los cargos políticos tengan éste tipo de responsabilidad para con su actuaciones, no podemos ver impasibles como algunos se mantienen eternamente en sus cargos sin asumir su responsabilidad. No debemos olvidar que trabajan para nosotros tenemos la obligación de exigirles el 100% de su entrega y de su rendimiento, y el que no crea que pueda estar a la altura de las exigencias, que se haga a un lado y que deje libre el camino para alguien más capacitado.

Las nuevas generaciones tenemos que también estar a la altura de las circunstancias. No solo basta con decir lo que pensamos en las calles, tenemos la obligación de tomar las riendas de nuestro futuro. Hay que quitar, repito: quitar, a los que hoy nos dirigen, porque ellos no se van a ir, aun a pesar de lo mal que lo hagan. La solución a nuestros problemas pasa por hacer política, y debemos demostrar que se pude hacer bien. El fin de este articulo, no es atacar a la clase política, ni a la política (aunque tenga ese aura) es más bien una llamada de atención para quienes se mantienen al margen de ella, como he dicho antes la democracia no acaba al introducir el voto en la urna, tenemos una responsabilidad como ciudadanos y ya es hora de asumirlas.