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Autor: Gastón Balderas

“El milagro de al lado”, le llama la prensa alemana; “Han entrado en las grandes ligas de la economía mundial”, así se refiere la prensa inglesa; “Un ejemplo a seguir”, dicen las revistas especializadas en economía. Nadie escatima adjetivos a la hora de describir el buen momento polaco. Efectivamente, entre los ex miembros de la dictadura Socialista Soviética de la URSS, Polonia es el país que mayores éxitos está cosechando tanto en el terreno político y por el momento en lo económico.

Políticamente Polonia es percibida como un país sólido y de una ferviente voluntad democrática. Una de las pruebas recientes más difíciles para la democracia polaca constituyó la tragedia aérea de Smolensk de abril de 2011. Donde perdieron la vida casi un centenar de componentes del gobierno polaco, entre ellos el presidente del país, . Polonia sobrellevó este trauma de vacío de poder repentino de una manera serena y ordenadamente espontánea, continuando así con el cauce democrático que retomaron en 1989.

Contrariamente a otros países europeos donde el totalitarismo ha vuelto a los parlamentos de la mano de partidos comunistas o su tándem histórico: los nazis (Nacional Socialistas), ahora neonazis, Polonia ha tomado otra dirección. Su parlamento ahora se observa variopinto y con el poder cada vez más descentralizado y repartido entre partidos que propugnan la democracia o en su defecto ideas liberales. Un hecho que llamó por demás la atención de la prensa internacional y que además fue tomado como una señal de cambio profundo de la sociedad polaca, fue que un partido de ideología libertaria pudo instalarse en el parlamento. Algo muy avanzado sobre todo si se lo compara con otros países europeos.

En cuanto a lo económico, Polonia está viviendo su boom particular, aunque no muy particular en cuanto a sus causas. La economía polaca reluce ante los ojos de los macroeconomistas, estos están en su nirvana: crecimiento del Producto Interno Bruto estable y con tendencia positiva; el Zloty va bien en los mercados de divisas; los bonos a diez años, magníficamente; los niveles de déficit público y de deuda, superlativos; el poder adquisitivo, mejor nos olvidamos de esto mientras se puedan manipular los tipos de interés. Es imposible soslayar la importancia del “efecto Eurocopa”. La organización conjunta con Ucrania de la Eurocopa 2012 está financiada en un 90% con fondos públicos. Es aquí donde uno se puede detener y decir: ¡Ojo! Esta película ya la he visto antes.

La organización de un evento deportivo de magnitudes gigantescas llámese Mundial de fútbol, Olimpiadas o Eurocopa genera una expansión crediticia de grandes proporciones y que al ser financiada mediante deuda e inflación propicia el crecimiento descomunal del Estado dentro del mercado. Es importante notar que la organización de un evento como este no solo implica construir estadios, sino la modernización total de un país, y lo que es más relevante, en un período de tiempo muy corto y, lo peor, sin respaldo de ahorro real de la sociedad.

Esto deriva normalmente en un ciclo que se puede sintetizar con el siguiente círculo vicioso: gasto público desbocado (expansión crediticia) -> auge artificial -> decisiones de inversión erróneas -> recesión.

Los efectos negativos de este auge artificial serán advertidos en el futuro cuando el mercado descubra los errores de inversión de los empresarios que invirtieron basándose en una situación de auge artificial, y sobre todo cuando la administración pública deba hacer frente a sus obligaciones; además dándose cuenta que el nivel de actividad económica ya ni siquiera se parecerá al que se gozaba en tiempos de fútbol.

Ni tanto esperar, es ahora cuando ya se empieza hablar de las consecuencias que tendrá la decisión conjunta de Polonia y  de no incluir aún a este país dentro el circuito de la eurozona en enero de 2012. Los acreedores de deuda polaca decidieron invertir en esta deuda teniendo en cuenta que Polonia debía haber ingresado a la eurozona a principios de 2012, esto no fue así y como es de conocimiento general, su ingreso ha sido pospuesto sin fecha concreta a día de hoy. Esto traslada a deudores y acreedores a un escenario diametralmente opuesto al que esperaban y que tal cual están evolucionando los hechos dentro y fuera la eurozona, las dificultades venideras estarán cargadas de incertidumbre.

La oportunidad polaca todavía está ahí. Quedan pendientes muchas reformas que faciliten las actividades del sector privado, sobre todo el emprendimiento y que disminuyan el peso del sector público y su consecuente distorsión dentro del mercado. Aún se han quedado en la carpeta reformas como la del Sistema Nacional de Seguros Agrícolas o la privatización de varias empresas estatales (recordando que ninguna privatización es saludable si no conlleva una liberalización total del sector en cuestión).

Polonia, sobre todo en lo político optó por el camino de la libertad dándole la espala al comunismo 23 años atrás; sin embargo en lo económico está siendo seducida por ese europeísmo estatista, anti-liberal, despilfarrador y paternalista. Debe evitar a toda costa pensar que esta política de pan (expansión crediticia) y circo (fútbol) durará para siempre.

Como símbolo de que la sociedad polaca tiene claro el horizonte de a dónde quiere llegar no es difícil encontrarse por las principales calles de Varsovia, Wroclaw o Cracovia con antiguas edificaciones de la época comunista que ahora han sido reconvertidas en centros comerciales. Un mensaje claro, el capitalismo está llegado para quedarse trayendo libertad: prosperidad.