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Autor: Francisco Jareño. Profesor Titular de Universidad – Dpto. de Análisis Económico y Finanzas.

Estos últimos meses España está viendo un bombardeo de información económico-financiera. Cada día nos despertamos con un empujón más que mina cualquier confianza que se tenga en la economía española: movimientos espectaculares de la prima de riesgo española en los últimos días cual atracción de feria, rebaja de la calificación crediticia concedida a España por parte de alguna de las agencias de rating, posible rescate de la banca española, etc.

Cualquiera de esos proyectiles que está recibiendo la economía de nuestro país bien podría servir de argumento para escribir decenas de artículos de opinión.

En mi caso, esta situación global que está atravesando España me recuerda al título de la película (Margin Call) que comenté hace unos meses en la VIII Edición del Ciclo de cine “La Economía en el cine”, organizado por la  y la Filmoteca de Albacete, contando con el patrocinio de “” (http://www.youtube.com/watch?v=1GGkNgF4zi0).

La inspiración para crear este artículo, como os decía, ha sido el nombre de la película Margin Call. Se trata de la ópera prima de un prometedor director -J.C. Chandor- en la que destacan, fundamentalmente, el reparto y el guión. Entre los actores, se encuentran los fantásticos Kevin Spacey (Sam Rogers), Jeremy Irons (John Tuld), Zachary Quinto (Peter Sullivan) y Demi Moore (Sarah). En relación al guión, la película ha estado nominada a los Oscars en la sección “al mejor guión original”.

La película Margin Call (2011) se centra en las 24h agónicas de un banco de inversión previas a su caída, sucumbiendo finalmente a la “tan temida” crisis financiera de 2008.

Si analizamos la situación que España está viviendo estas últimas semanas (o incluso meses), ésta parece ser un déjà vu de lo que pudimos presenciar en la película Margin Call.

El eje del film (así como el eje sobre el que giran nuestras vidas) se enmarca en un tema que podría parecer demasiado especializado – como son las finanzas y la economía en general-, pero que, sin embargo, se ha convertido en cotidiano. Nos afecta tanto a todos, que por mínimos que sean los conocimientos que tengamos sobre el tema, nos atrevemos a dar una opinión más o menos formada sobre ello.

En relación al título de la película, así como al título de este artículo que recoge el símil que se hace respecto a la situación que está viviendo España, ambos hacen referencia a la llamada de atención (margin call) que realizan los brokers (intermediarios financieros) a aquellos clientes que sobrepasan los límites de riesgos o pérdidas que están asumiendo en las inversiones respecto a los límites marcados como tope, previos a la “llamada de emergencia”.

Nuestros estudiantes de finanzas aprenden que en los mercados se pueden tomar dos tipos de posiciones, largas (invertir) y cortas (tomar prestado y vender). Por tanto, uno puede abrir una cuenta e invertir en el mercado, no sólo con la cuantía de dinero líquido que posee, sino también pidiendo prestado, endeudándose, apalancándose… De esa forma se puede especular, invertir multiplicando el riesgo, con la contrapartida de poder obtener enormes beneficios, pero también cuantiosas pérdidas (de esa forma, los efectos positivos y negativos se multiplican, dándose un efecto multiplicador).

Pues bien, el término margin call determina hasta qué punto puedes invertir con una determinada cantidad de dinero líquido (concretamente, hasta qué punto te permite invertir tu broker o intermediario financiero, con la cantidad de dinero que posees en tu cuenta y que garantiza tus operaciones). Si llegas a ese límite, el intermediario financiero te avisa de la situación y al superar dicho límite, se suspenden las operaciones del inversor en cuestión. De esa forma se evita que el individuo asuma riesgos desproporcionados.

En esta película, así como en la realidad que estamos viviendo en España, podemos comprobar los efectos tan perversos que pueden tener el egoísmo, la vanidad, el relativismo moral… de un grupo de personas, cuyo afán ha sido exprimir al máximo la posibilidad de obtención de beneficios (sin ningún planteamiento moral o ético) y cómo esta situación creada, finalmente afecta de forma dramática a la economía real, con la consiguiente pérdida de actividad económica y de empleo, afectando, por tanto, a toda la población, sin distinción entre los posibles culpables y los, sin lugar a dudas, inocentes.

Varias críticas de la película coinciden en algo que yo también me atrevería a destacar: la sensación que se transmite en ella de que si tan sólo uno de los actores principales de la crisis “hubiese levantado la voz” a tiempo y hubiese gritado, denunciando la situación tan injusta que se había creado, entonces hoy habría esperanza y los culpables “rendirían cuentas”. Sin embargo, todos nuestros protagonistas (como ha ocurrido en la vida real) se encuentran hipnotizados por otros “valores”, otros “dioses”, como son el dinero, el éxito y el miedo al fracaso, que, finalmente acaban devorando a todos los personajes.

De la película y de la situación que estamos viviendo se desprende la necesidad de incorporar cambios en la Banca: junto con un análisis de la cualificación profesional de los candidatos (que en algunos casos dejaba mucho que desear), los bancos deberían atender a la formación y actitud moral de sus empleados, si quieren restablecer la maltrecha reputación del sector financiero, y prevenir que las conductas tan peligrosas como las que se han vivido se vuelvan a repetir. Exactamente la misma receta se podría aplicar a la clase política.

España lleva tiempo recibiendo su llamada de emergencia, su margin call, pero no sabemos si habrá alguien que salga a nuestro “rescate” o quizá, directamente, no queramos ser rescatados.

Otra pregunta que ronda nuestras cabezas es: ¿habrá un rescate “a la carta” para España? Justo antes de enviar este trabajo, todo nos indica que así será…

Pues, amén.