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Autora: Ana María Alarcón López

En septiembre de 2010 se firmó el III Acuerdo de Basilea. Dicho acuerdo se concreta en un paquete de medidas, adoptadas por el órgano de gobierno del comité de Basilea (compuesto por gobernadores de bancos centrales y jefes de supervisión), para reforzar la solvencia y la liquidez de las entidades de crédito. Con esta nueva normativa se quiere intentar evitar nuevas crisis financieras como la que estamos viviendo en la actualidad. Las nuevas medidas impuestas se centran, básicamente, en los requisitos de capital que deben cumplir los bancos. Estos requisitos comenzarán a hacerse efectivos, en mayor parte, a partir de 2013. Bajo mi punto de vista, todas estas medidas llegan tarde, ya que, teniendo en cuenta la profunda crisis que estamos viviendo, se deberían haber previsto las consecuencias y haber actuado antes. En general, los bancos tendrán que aumentar hasta un 7% su capital de calidad para, ante situaciones de crisis, evitar la ayuda de los estados.

Las medidas que se han tomado en el Acuerdo de Basilea III son, básicamente:

  • Incremento del ratio de capital total estructural de nivel 1 hasta el 6%.
  • Introduce un colchón de conservación de capital del 2,5%.
  • Incremento hasta el 4,5% del capital ordinario mínimo.
  • Mantener hasta un 7% de capital ordinario como mínimo.
  • Coeficiente de apalancamiento mínimo del 3% para el capital de nivel 1.

Junto con todas estas medidas, también se introduce un “colchón anticíclico”, que impone nuevos requerimientos de capital (los mencionados anteriormente). El ratio del “colchón anticíclico” deberá variar entre el 0 y el 2,5%, y estará compuesto de capital ordinario y de otro tipo de capital con plena capacidad para absorber pérdidas. Este colchón deberá guardarse cuando el crecimiento del crédito sea mayor, es decir, en épocas de auge de la economía. Su objetivo es suavizar la prociclicidad del coeficiente de garantía de forma que, ante situaciones de crisis, las entidades financieras estén mejor preparadas para soportar dicha crisis. Además, esta medida también contribuye a que el crecimiento del crédito en épocas de auge no sea tan excesivo.

Pero en realidad, ¿la imposición de este “colchón anticíclico” será eficaz? Antes de que el Acuerdo de Basilea III pusiera esta medida, en España se ha venido reservando este colchón con el único objetivo de prevenir. Como ya hemos observado en los últimos años y, sobretodo, en las últimas semanas, las entidades financieras españolas se encuentran en una situación caótica y el Estado español ha tenido que intervenir a algunas de estas entidades. Entonces, ¿de qué ha servido este colchón? Bajo mi punto de vista, de nada. En la actualidad, las entidades financieras no tienen capital suficiente para hacer frente a los créditos, y si lo tienen, prefieren invertir en deuda pública. Esta inversión ofrece más rentabilidad a dichas entidades, ya que el Banco Central está inyectando liquidez a los bancos comerciales al 1% y éstos compran la deuda, obteniendo así un beneficio por la rentabilidad. También podemos sospechar que uno de los fallos de los mercados españoles es que tenían carteras mal estructuradas y han asumido excesivo riesgo de crédito.

En mi opinión, los bancos comerciales deberían estar más y mejor regulados. Como hemos visto, la introducción de un “colchón anticíclico” apenas hace notar mejoría en el sistema financiero, por lo menos, en el español. Las medidas que se proponen en el Acuerdo de Basilea no son obligatorias. Como ya sabemos, en España, existía el “colchón anticíclico” antes de que éste se tomase como medida en Basilea III. La eficacia de este colchón, bajo mi punto de vista, ha sido nula. Aunque las entidades financieras estuviesen mejor preparadas para soportar las desviaciones en una recesión económicas, el “colchón anticíclico” no sería eficaz, sobretodo en recesiones económicas como la actual.