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Autor: Fabio Monsalve Serrano

Cocinar requiere algo de ciencia, bastante de técnica pero, sobre todo, mucho, pero que mucho arte. Ya he escrito en otro lugar sobre Economía y Cocina. Allí comentaba la poca ciencia, mejor técnica y mucho arte de mi madre en la cocina. Cocinar por instinto tiene la gran ventaja de que las comidas siempre están en su punto y el pequeño inconveniente de que no hay manera de conseguir una receta exacta, pues las cantidades y tiempos no son constantes sino probables en función de lo que “el guiso te vaya pidiendo”. Y así, claro, no hay manera. Esta metáfora es un buen punto de partida para analizar la crisis monetaria en Europa pues bien sabemos, a nuestro pesar, que al guiso del Euro nuestros ínclitos cocineros europeos no acaban de darle el punto y estamos a un paso de que se nos atragante. Veamos porqué.

En primer lugar, cocinar requiere algo de ciencia, básicamente cantidades y tiempos. La receta original la escribió el premio Nobel Robert Mundell al analizar las condiciones de existencia de una zona monetaria óptima, es decir, de aquella región geográfica en la que tener una sola moneda es mejor que tener muchas. El elemento clave para que un área geográfica sea una zona monetaria óptima y, consecuentemente, para que la moneda común no fracase, es que las perturbaciones económicas sean “simétricas” dentro de la región. Es decir, que ante dicha perturbación (crisis internacional, subida precios petróleo…) todas las economías evolucionen en el mismo sentido, prosperando o decreciendo. Ya vemos cómo en Europa la cosa no es del todo así. Durante la crisis actual alguna economías han sido intervenidas, otras tienen el susto en el cuerpo, otras actúan como si la cosa no fuera con ellas y, finalmente, otras han seguido creciendo a costa de un Euro fuerte y un férreo control de la inflación. ¿Quiere esto decir que, puesto que las perturbaciones son asimétricas, es del todo imposible el Euro? Pues no; y aquí es dónde entra la técnica.

Cuando una región geográfica quiere una moneda común pero no es una zona monetaria óptima, es posible crear las condiciones favorables para que de facto sí lo sea, a saber: perfecta movilidad laboral y de capitales, flexibilidad de precios y salarios; y, sistema fiscal centralizado. Aquí es donde la técnica de los cocineros está fallando, fundamentalmente en la política fiscal común. Pongamos un ejemplo. Estados Unidos dispone de una moneda común sin ser una zona monetaria óptima. ¿Cuál es la diferencia? Pues que allí, si existe: a) una verdadera y real movilidad de factores (a un americano no le duelen prendas en empaquetar su casa y su vida y desplazarse miles de kilómetros para empezar de nuevo); b) flexibilidad en precios y salarios; c) pero, sobre todo, un presupuesto centralizado.

Y dejamos el arte para el final. Dice mi madre que el secreto está en ir probando el guiso y él mismo te va pidiendo lo que necesita. Pues con el Euro, el guiso está pidiendo a gritos ciertas cosas y los cocineros se empeñan en no escucharlas. Está pidiendo menos austeridad y una senda más amplia de consolidación fiscal; está pidiendo que el BCE abandone el corsé del Artículo 123 del Tratado UE (imposibilidad de monetizar o financiar deuda pública) y abra barra de liquidez para los gobiernos; está pidiendo un poco de inflación que alivie la tensión de la deuda; está pidiendo, en definitiva, aflojar un poco para que la población deje de estar atemorizada… Pero como el manual de cocina ortodoxo no recoge estos ingredientes y a nuestros preclaros cocineros les gusta seguir la receta al pie de la letra, el caldo se nos va estropeando poco a poco. Eso sí, mientras tanto nos lo tenemos que ir comiendo y si nos sienta mal, un poco de aceite de ricino, en forma de austeridad, es mano de santo.

PS. Parece que las últimas noticias abren la puerta a la esperanza y se habla de relajar la senda de ajuste fiscal y poner en marcha una agenda del crecimiento. Veremos.