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Autora: María Sáez López

“El Ruido” parece ser que despierta a la gente, y si se trata de descalificar a alguien aún parece gustar más. Durante estos últimos meses España está en el punto de mira, bien por temas económicos o bien porque políticos europeos como  o  se dedican más a criticar a España que a ocuparse de sus propias tareas. De todo lo que se dice, ¿qué hay de cierto en ello?

El artículo “La marca España cotiza a la baja en ”, redactado por Amanda Mars en el periódico  a fecha 2 de Mayo de 2012, es un claro ejemplo del linchamiento que está sufriendo España. Y digo linchamiento porque, aunque sí que es cierto que España está atravesando una etapa dura en su historia económica, el resto de países no están pasando por sus mejores momentos, y sin embargo, en lugar de ponerse manos a la obra para salir de esa situación por sus propios medios, están desviando la atención hacia un país vecino para salir más airosos y a poder ser beneficiados.

Se ha hablado cientos de veces durante estos años de recesión sobre el gran peso que ha tenido la falta de confianza. Ejemplo de ello son los bancos quienes dejaron de prestarse unos a otros por falta de confianza provocando escasez de liquidez. Por otro lado, también estaba y sigue estando la desconfianza de los hogares ante la incertidumbre de este panorama, lo que ha provocado una mayor propensión al ahorro. Todo ello ha afectado negativamente a las empresas quienes han visto reducidas sus ventas y sus inversiones. Como consecuencia, los ingresos del Estado se han reducido notablemente mientras que el gasto público se ha incrementado. En definitiva, la confianza ha sido un factor primordial en esta crisis y por tanto debería ser fortalecida. Pero no olvidemos que esta crisis de confianza no ha ocurrido sólo en nuestro país, sino que ha ocurrido en todos los países afectados. La cuestión ahora es cómo garantizar esa confianza a las empresas y a las familias teniendo en cuenta que el resto de países no nos lo van a poner fácil.

El citado artículo de Amanda Mars parece hablar de España como si antes de la crisis fuese el país con mejor marca-país y actualmente estuviese experimentando todo lo contrario. Sin embargo, la realidad es totalmente otra. Como añade Javier Noya, “ni éramos tan buenos ni ahora somos tan malos”. Sí que es cierto que la prima de riesgo, las noticias de medios globales y las declaraciones de políticos internacionales han provocado un empeoramiento de nuestra marca, pero habría que analizar profundamente todos estos aspectos para ver si es oro todo lo que reluce en el resto de países.

España es un país que nunca ha sabido aprovecharse de sus cualidades para marcar su estrategia de marketing, principalmente porque nunca ha sabido reconocerse a sí mismo todo el potencial que tiene. Ese en nuestro problema, que tenemos tributos muy buenos pero no las valoramos como se merecen. Si a ello además le sumamos la reticencia que tienen los países del norte de Europa hacia los del Sur es obvio que en época de crisis esa reticencia florecerá todavía más por dos motivos: primero porque ellos sí que elogian sus tributos y segundo porque cuanto mejores parezcan ser respecto a los países del sur más seguridad dan al público y más posibilidades tienen de salir de la crisis.

A España se le pone en duda, entre otras cosas, por la evolución de la Bolsa y de los bonos del Estado. Estos mercados de valores, como ya sabemos, se sustentan por las especulaciones de los inversores. Quiero decir, Francia e Italia, entre otros países, están descalificando la situación española. Esas manifestaciones dan lugar a una menor confianza hacia nuestro país, siendo más difícil encontrar inversores que financien esas necesidades de liquidez. Por otro lado, sabemos que el precio resultante en una operación de compraventa será aquel que iguale la oferta y la demanda. En el caso de España, si hay pocos inversores y mucha es la necesidad de financiación, tendrá que subir el rendimiento de los bonos del Estado para poder colocarlos. En el caso de Francia o Italia, cuanto peor sea la confianza hacia nuestro país mayores posibilidades tendrán para contar con más inversores, y por tanto el interés que tengan que pagar tanto el Estado francés como el italiano por los bonos emitidos será menor. De esta manera, a España le resultará más costoso salir de la crisis dadas las especulaciones creadas por los propios vecinos europeos.

Pero ese razonamiento también es válido para los mercados no financieros, en el sentido de que cuanto peor sea la fama de un país menores serán las inversiones de una empresa extranjera en dicho país y mayor será la probabilidad de que se vayan al país vecino, quien obtendrá mayores beneficios y menores dificultades para salir de la crisis.

Sí que es cierto que España está atravesando momentos duros pero tampoco podemos creer todo lo que se dice ya que en esas declaraciones suelen existir otros intereses de por medio.