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Autor: José Javier Sánchez Fernández – Asesor Financiero en BBVA, Albacete

Corre en las escuelas de negocio una anécdota relativa a un joven economista recién incorporado a una gran empresa que un día coincidió en un ascensor con el director de la compañía a las diez de la mañana. El diálogo se produjo más o menos de la siguiente manera. El director le soltó a bocajarro: “usted debe ser nuevo en esta empresa, quizá por eso no sepa que el horario de entrada en nuestra compañía es a las ocho de la mañana”.

El joven economista quedó un poco sorprendido y abochornado pero no se amilanó y contestó con lo que le pareció una frase llena de audacia: “Director, permítame una pregunta, ¿usted a mí por qué me paga, por mis horas de cabeza o por mis horas de trasero?”

En dos horas el joven economista tuvo su respuesta. El director no se dignó a contestarle, la respuesta le llegó de la mano de su secretaria: “me indica el director de que en esta empresa a usted ya no se le pagan horas ni por su cabeza ni por su trasero. Que pase usted por administración y retire el finiquito. Eso es todo.”

Sobre la base de esta sencilla anécdota, deseo que las personas que tienen la intención de incorporarse al mercado de trabajo en breve, o los que lo han hecho en los últimos años y leen esta revista, no deben olvidar que el salario que van a recibir o está recibiendo en estos momentos, responde a habilidades que van más allá de los meros conocimientos técnicos adquiridos.

Una cabeza bien amueblada, brillantes calificaciones académicas, con un elevado coeficiente intelectual y con una capacidad evidente en tal o cual materia es siempre una condición necesaria para desenvolverse y destacar en una empresa sea del tamaño que sea. Pero no es ni mucho menos, aunque algunos crean lo contrario, condición suficiente para sobrevivir en ella, ni por supuesto para alcanzar puestos de gran responsabilidad.

La pregunta es ¿qué le ocurrió realmente al joven economista? Quizá nadie tuvo la consideración de explicarle que en su salario estaban también incluidos otros detalles que van mucho más allá de la cabeza, inteligencia y del trabajo específico a desarrollar.

Quizá nadie le explicó que, en su retribución se incluyen muchas horas de otro tipo de habilidades que tienen que ver con lo coloquialmente se denomina “TENER CINTURA”, esto es, la capacidad de GESTIONAR LAS EMOCIONES, GESTIONAR LOS TIEMPOS, GESTIONAR LO POLÍTICO, GESTIONAR LAS PERSONALIDADES Y LOS EGOS de todos aquéllos que componen nuestro entorno laboral más cercano.

A partir de ahí conviene analizar con un poco más de detalle cuáles son esos factores que van más allá de la mera inteligencia; aunque los profesionales con experiencia pueden aportar algunas más, pero me atrevería a destacar los siguientes:

  1. DISPONIBILIDAD: la jornada de trabajo real en cualquier empresa privada de este país va más allá de las ocho horas que legalmente están estipuladas. Los directores de cualquier empresa sea de ámbito local o nacional desean escuchar: “Estoy para lo que necesites”, otras veces el empleado se harta de escuchar “no estás cuando te necesito “. Las personas que se incorporen al mercado deben saber que en nuestro país, sobre todo en empresas medianas y pequeñas, todavía no se presta habitualmente mucha atención al concepto de productividad y sí al concepto de tiempo de trabajo.
  2. SINTONÍA: en determinados puestos no puedes permitirte el lujo de no estar en sintonía con los órganos de dirección. Esta sintonía puede ser más o menos directa, fácil, aprendida, estudiada o querida. Pero lo cierto es que es más difícil cuando no existe. Sin ella las relaciones profesionales son muy complicadas.
  3. EQUILIBRIO: Hay cosas que no le puedes decir a tu jefe inmediato, pero también hay otras que no le puedes ocultar. Decidir qué decir y qué no, cuando y como hacerlo, dónde plantearlo y dónde no, no suele ser tarea fácil. Además en ocasiones los papeles se perfilan de manera peligrosa: existen quienes siempre dicen lo que el otro quiere oír, quienes siempre dicen algo diferente. Mantener ese equilibrio exige tablas y sobre todo mucho juego de cintura.
  4. CONFIANZA: Gente de confianza, mi equipo de confianza, un puesto de confianza y no goza de mi confianza, son expresiones muy habituales. La confianza es consecuencia de todo lo anterior. Es evidente, pero nadie puede ocupar un puesto de responsabilidad si no goza de la confianza de sus superiores. Ganarse la confianza de tu jefe es crucial para aspirar a progresar en el seno de cualquier organización. La confianza entre jefe y subordinado tiene que ver con cosas concretas y tangibles más allá que con extrañas y e injustas relaciones de amistad, y coleguismo. La confianza se ancla en el trabajo bien hecho y en la consecución de resultados, en la capacidad de adquirir y cumplir compromisos, en la capacidad de hacerle la vida fácil a tu jefe, y también en la capacidad de explicarle de manera razonada las consecuencias de determinadas decisiones.

Pues bien, en todas estas claves hay algo más que horas de cabeza o de inteligencia como diamante en bruto, hay mucha cintura. Esta es una realidad incontestable en cualquier tipo de organización empresarial. Determinar qué porcentaje de ingresos procede de la cabeza o de la cintura es algo que sólo uno mismo puede medir y cuantificar. Lo que sí se puede afirmar es que hay que tener muy buena cabeza para tener después un buen juego de cintura.

Quiero decir que el espíritu de este artículo procede de otro que tuve la suerte de leer hace ahora once años y que escribió Alberto Andreu Pinillos en el diario económico , actualmente ocupa el cargo de Director de Responsabilidad Social  del Grupo Telefónica y es profesor en la Escuela de Negocios del Instituto de Empresa de Madrid. Deseo sea de gran utilidad, como lo ha sido para mí, a las personas que cursan sus estudios en los campus de la UCLM y que en los próximos meses, (años) tengan la intención y la oportunidad de incorporarse al mercado de trabajo.